ALFONSO RAFFIN DEL RIEGO

La nueva ley del medicamento puede acabar con los veterinarios de campo

La nueva ley del medicamento puede acabar con los veterinarios de campo

Hoy no curo enfermedades de animales. No uso medicamentos. Pero fui veterinario rural. He escrito una novela (Leche de vaca, 2024) donde queda reflejada la dura vida tanto del ganadero como del veterinario rural. Donde se ve el compromiso social de ambos. Donde se constata su pasión y amor por los animales. Más en Vaca Pinta 53.

No quedan ganaderos. Los hijos de los ganaderos no quieren serlo. Y no quedan veterinarios rurales de vacas, ovejas, cabras y cerdos, que auxilien a los pocos ganaderos que sobreviven y luchan a diario por sacar su negocio adelante. Y van a quedar menos de la cuarta parte. ¿Qué está pasando?

Antes, los veterinarios, mayoritariamente curábamos vacas, cerdos, burros y lo que nos pidieran. Día y noche, fines de semana, llenos de mierda, contrayendo enfermedades como la brucelosis. ¿Qué atractivo podía tener eso para nadie? Llevábamos medicamentos en el coche y solucionábamos al día 20 casos, jodiendo la espalda, pero sin ordenadores ni burocracias. Algunos ganaron mucho dinero, algunos se mataron en una curva. ¿A quién interesaba eso?

El ganadero siempre dijo que cobrábamos mucho. Pero había dónde elegir. Y nunca quedaron desatendidos.

Antes apenas había mascotas y a los perros y gatos no se les operaba ni se les daba pienso. Pero, la cada vez más triste vida en las ciudades, fuera de todo contacto con la naturaleza, ha hecho que todo el mundo tenga mascota. Hay muchas más que niños. ¡Y eso es un negocio impresionante!


Si el ganadero no apoya al veterinario en una nueva legislación que le permita usar y dotar al ganadero de lo necesario en cada vaca enferma, solo habrá vacas sanas y vacas en el matadero. Solo habrá farmacias y comerciales, pero no veterinarios de campo

Las poderosísimas empresas farmacéuticas se han puesto a trabajar y orientar sus recursos a las mascotas.

Y los farmacéuticos han dicho: “Aquí ahora hay mucho dinero”.

Han convencido al Gobierno para que todo tenga que pasar por ellos. Y han dicho: “Veterinario, tú corre, mira, piensa, aguanta la mordedura del perro, esquiva la patada de la vaca, la bronca del ganadero, las extravagancias de la señora del gato, los papeleos… vuelve si no se cura. Yo esperaré aquí con mi bata limpia a que vengan a comprarme el medicamento”.

Argumentan, que, si no están ellos ahí, vendiendo y cobrando, el veterinario va a tratar con lo más caro para lucrarse. Dios mío… siempre hemos vivido mirando por la economía del dueño del animal, arriesgando a veces con tratamientos más conservadores.

También han convencido a los gobernantes de que pasar por la comercial o por la farmacia garantiza que no se usen antibióticos a lo loco y luego no haya con qué tratar a los humanos. Cuando yo procuraba no poner nada a la vaca que pasara a la leche y multara al ganadero, ibas a una farmacia y la madre de la farmacéutica te daba amoxicilina para el catarro o cualquier caja que tuviera por allí y fuera parecida.

Si el ganadero no apoya al veterinario en una nueva legislación que le permita usar y dotar al ganadero de lo necesario en cada vaca enferma, solo habrá vacas sanas y vacas en el matadero. Solo habrá farmacias y comerciales, pero no veterinarios de campo. Las recetas vendrán de Francia o de no sé dónde. Y los ganaderos ya no tendrán a un profesional, que, al menos, los escuche.