Sin entrar en disquisiciones políticas, semeja lógico pensar que las medidas de prevención de incendios no son suficientes para hacer frente a una mayor incidencia de estos, en parte debido al cambio climático y otras causas que no vamos a analizar. En Galicia se gasta cinco veces más en contención y lucha contra el fuego que en prevención, lo cual indica que esto no funciona. Habrá que modificar las partidas presupuestarias para estos fines, o incluso ampliarlas para evitar, o, al menos, minimizar, estos desastres en la naturaleza, pero esto lo dejo en manos de nuestros ingenieros de Montes e ingenieros técnicos forestales que tenemos en la Administración, los cuales considero que son los más capacitados para tomar las medidas necesarias.
Yo realmente quiero hablar de sanidad animal, no de incendios, pero observo una cierta similitud entre lo que sucede con estos últimos y lo que puede suceder en nuestra cabaña ganadera con las enfermedades emergentes y reemergentes.
El cambio climático, con veranos más calurosos e inviernos más suaves, los intercambios de mercancías, la movilidad de personas y animales a nivel global traen como consecuencia la reemergencia de enfermedades que considerábamos erradicas y, en otros casos, la introducción de nuevas enfermedades que en nuestras latitudes no existían, como es el caso de la enfermedad hemorrágica epizoótica del ganado vacuno.
Mi pregunta es la siguiente: “¿Estamos tomando las medidas preventivas necesarias y suficientes para evitar un desastre en nuestras ganaderías?”
Lo que tenemos hasta ahora ha sido una problemática legislativa: reales decretos que se aprobaron y después se derogaron ante la presión de determinados sectores, en algunos casos con motivaciones políticas sin rigor científico-técnico. En este punto cabe recordar aquel RD que establecía la obligatoriedad del veterinario de explotación y el Plan Sanitario Integral como pilares para mantener nuestras ganaderías controladas en el aspecto sanitario que terminó derogándose pocos meses antes de su entrada en vigor.
Actualmente, tenemos el RD 346/2025, donde se establecen una serie de visitas zoosanitarias y el cumplimiento de unos requisitos sanitarios mínimos de nuestras ganaderías, el cual, a mi entender, está entre bambalinas y no parece que haya mucho interés en desarrollarlo y aplicarlo de forma decidida.
En Galicia contamos también con la propuesta política del partido gobernante para elaborar una nueva normativa en relación a las agrupaciones de defensa sanitaria ganaderas con el objetivo de asegurar su extensión a todo el territorio, así como de incrementar las ayudas a estas entidades, pero hasta la fecha sigue siendo una propuesta.
En definitiva, lo que quiero reseñar es que las medidas preventivas no se están implementando debidamente. No sé la causa, la sabrán nuestros dirigentes políticos, pero puedo afirmar que no es porque no tengamos buenos profesionales veterinarios —que los hay, tanto en nuestra Administración como en el ámbito privado—. Otra cosa es que se tengan en cuenta sus consejos desde el poder político.
Ahora empezamos a tener la espada de Damocles de la dermatosis nodular contagiosa, una enfermedad que afecta al vacuno transmitida por diversos tipos de insectos. Ya la tenemos en España y, si no se extreman las precauciones, más pronto que tarde va a llegar a Galicia. También hay que tener en cuenta la posible llegada a nuestro país de la gripe aviar que afecta al vacuno y a la especie humana, lo cual constituye un problema de Salud Pública. En ambos casos urge tomar medidas claras y firmes, incluyendo las medidas legislativas que seas precisas. Otro problema es la propagación de la lengua azul con los serotipos 3 y 8 por nuestras tierras; quizás el no establecer una pauta de vacunación obligatoria contra esos serotipos no ha sido la mejor decisión.
Para terminar, quiero recalcar que las medidas preventivas, todas las posibles, sin escatimar gastos, siempre van a ser más eficaces y menos costosas que proceder a subsanar e indemnizar desastres. No entiendo por qué los dirigentes políticos son tan reacios a gastar en prevención, pues la experiencia nos indica que tarde o temprano tenemos un problema y, como siempre, nos pilla desprevenidos.
Por desgracia, los incendios tendrían que hacer pensar mejor la gestión que tienen encomendada nuestros políticos y, si no tienen conocimientos para llevarla a cabo, lo cual parece ser bastante frecuente, deberían apartarse y dejar intervenir a profesionales cualificados para que tomen todas las decisiones y las medidas técnicas necesarias sin interés electoral.