MALILLOS SC. ANDAVÍAS (ZAMORA)

Vivir de las vacas, no para las vacas

En Andavías, a solo doce kilómetros de Zamora, Raúl Malillos ha construido una ganadería a su medida: una explotación familiar, de tamaño medio, muy pegada a la tierra y apoyada en la automatización para ganar calidad de vida. Su objetivo no ha sido crecer por crecer, sino trabajar mejor, con buenos animales, forrajes propios y una granja más cómoda y eficiente. Más en Vaca Pinta 60.

MALILLOS SC

Localización: Andavías (Zamora)

Propietarios: Raúl Malillos y sus padres, Anastasio Malillos y María Ángeles Domínguez

N.º total de animales: 110

Vacas en ordeño: 54

Media de producción: 37,5 l/vaca/día

Porcentaje de grasa: 4 %

Porcentaje de proteína: 3,50 %

Venta de la leche: Pascual

Precio de la leche: 0,52 €/litro + primas

Quedarse en la ganadería familiar fue, para Raúl Malillos, una decisión meditada, pero también profundamente fácil. Siempre le gustó la ganadería y, aunque en algún momento trabajó fuera para ganar algo de dinero, pronto tuvo claro que su sitio estaba en casa, en el negocio que habían levantado sus padres y al que él quiso dar continuidad, pero también su propia forma.

Malillos Sociedad Cooperativa está situada en Andavías, a unos doce kilómetros de Zamora, y, a día de hoy, la sociedad está integrada por Raúl y por sus padres, Anastasio y María Ángeles, de 77 y 76 años, respectivamente. Ellos siguen formando parte de la cooperativa, aunque el trabajo diario recae ya por completo sobre su hijo. Es él quien lleva el peso de la explotación y quien ha ido definiendo el modelo actual de la granja, una explotación familiar, con base territorial, muy orientada a la eficiencia y con una idea clara de fondo: tener una buena ganadería sin renunciar a vivir bien y cada día mejor.

Ese enfoque explica muchas de las decisiones que ha tomado en los últimos años. La historia de la granja actual arranca en 2002, cuando la familia dejó atrás las instalaciones que tenían dentro del casco urbano del pueblo, con unas 30 vacas, para construir unas nuevas en las afueras. Aquel cambio fue mucho más que una mudanza, fue el inicio de una nueva etapa. “Decidí quedarme y crear una granja nueva mejor pensada y con mayores comodidades”, resume Raúl. Desde entonces, el crecimiento ha sido progresivo, pero sin grandes saltos. Nunca ha querido crecer demasiado. Su apuesta ha ido por otro camino.


“Persigo tener buena calidad de vida; por eso, decidí no crecer más y robotizar todos los procesos posibles”

“Yo persigo tener buena calidad de vida. Por eso, decidí no crecer más y robotizar todos los procesos posibles”, explica. En esa frase se condensa buena parte de la filosofía de esta casa. Frente a modelos que buscan aumentar vacas, producir más litros o ampliar instalaciones de forma continuada, en Malillos SC el objetivo ha sido optimizar lo que ya había, mejorar los procesos y hacer una granja más manejable para una sola persona.

Actualmente cuentan con 110 animales en total, de los cuales mantienen en la granja alrededor de unos 70: 54 vacas productoras, 12 secas y media docena de terneras recién nacidas. El resto de la recría se encuentra externalizada en un centro especializado. En el momento de nuestra visita, la producción media se movía entre 37 y 38 litros por vaca y día, con 4-4,10 % de grasa, 3,50-3,60 % de proteína y un recuento de células somáticas de entre 180.000 y 200.000 por mililitro. Son cifras que Raúl considera penalizadas este año por una campaña de forrajes peor de la deseada, algo que en una granja tan apoyada en la producción propia se nota enseguida.

Con todo y, más allá de la tecnología, el ganadero zamorano nos resumió así los pilares de su día a día: “Buenos animales, comida hecha en casa con forrajes propios y la idea constante de optimizar todos los procesos”.     


“En Afriza compartimos información, seguimos aprendiendo con formaciones, salimos a ver otras granjas y así tratamos de mejorar cada día”

premios familia Malillos SC

Compromiso con Afriza

Malillos SC no es una granja aislada ni un proyecto que viva de espaldas al sector. Raúl lleva muchos años implicado en Afriza, la Asociación Frisona de Zamora, de cuya junta forma parte desde hace aproximadamente entre 16 y 20 años. Esa vinculación habla de una manera de entender la profesión que va más allá de su propio negocio. “Compartimos información, seguimos aprendiendo con formaciones, salimos a ver otras granjas y así tratamos de mejorar cada día”, reconoce Raúl.

En este sentido, desde Afriza organizan cursos y también viajes técnicos para visitar explotaciones de otras zonas y conocer distintos manejos. Ese intercambio de ideas le ha servido a Raúl para mantener una visión abierta y para situar su propia granja dentro del contexto zamorano. Según explica, “el sector en esta zona está formado mayoritariamente por explotaciones familiares, muchas de ellas de tamaño medio, con censos que suelen moverse entre 80 y 100 animales, aunque también existan algunas granjas grandes de 300, 400 o incluso cerca de 1.000 vacas”. Malillos SC es un ejemplo bastante representativo de las ganaderías de vacuno de leche de Zamora, con terreno propio y una dimensión contenida.

La Asociación reconoce cada año a las mejores ganaderías y animales por el trabajo realizado. Así, Malillos SC ha logrado distintos premios dentro del ámbito provincial. En 2021 obtuvo el tercer premio por calificación morfológica; en 2022, el quinto; en 2023, el cuarto; y en 2024 volvió a ser quinta posición por calificación morfológica y, además, séptima por producción. En su última media por calificación morfológica logró llegar a los 81,16 puntos.

Todos ellos no son reconocimientos casuales, detrás hay una línea de trabajo sostenida en el tiempo y una idea bastante clara del tipo de vaca que busca. Pero, antes de llegar a la genética, vamos a repasar cómo está organizada su granja y en qué tipo de instalaciones se apoya para su manejo.

Lotes y confort

La nave principal de Malillos está dividida en tres partes, con una destinada al preparto, otra a las secas y otra al lote de producción con el robot. A mayores, cuentan con un área de almacén, una zona para maquinaria y forrajes, tres silos —uno de maíz y dos de forraje— y varios boxes individuales y colectivos para los terneros.

Las vacas en lactación trabajan con tráfico guiado mediante puerta inteligente. El esquema es sencillo y funcional: la alimentación está en una zona, los bebederos en otra y el paso entre ambas obliga a las vacas a atravesar el sistema de selección que decide si el animal puede o no entrar al robot. Si le corresponde ordeño, la puerta la desvía hacia la zona de espera; si no, sigue recto, bebe agua y vuelve a descansar. Raúl eligió este sistema precisamente porque le facilita mucho el trabajo y reduce la necesidad de ir a buscar animales. Salvo casos concretos, las vacas entran solas.

En el lote de producción hay 68 cubículos con cama de arena, porque “es una materia inerte, la más cómoda para las vacas y la que menos problemas nos da”, apunta Raúl. Reconoce que para el ganadero resulta más incómoda, porque castiga más las arrobaderas, provoca más desgaste y complica la gestión del purín, pero lo prioritario para él es el bienestar y la comodidad de los animales. Arregla las camas todos los días y la renovación de arena se hace aproximadamente cada 15 o 20.

En la zona de preparto el manejo cambia. Allí trabaja con cama caliente de paja, una solución que le resulta más cómoda para este tipo de animales y que ofrece más espacio y más libertad de movimiento. El mantenimiento es relativamente sencillo porque el lote está poco cargado. Limpia y vuelve a encamar aproximadamente una vez por semana.

Los bebederos son abatibles y los higieniza a diario, normalmente por la mañana, aprovechando el paso de las arrobaderas. Tiene tres bebederos de tres metros, con una disponibilidad que calcula en torno a 16 centímetros por animal.

La limpieza de pasillos se realiza con arrobaderas hidráulicas que pasan dos o tres veces al día y todo el estiércol va a una fosa situada al fondo de la explotación, con una capacidad aproximada de 1,5 millones de litros. “La tenemos abierta, algo que en años lluviosos nos complica la gestión. Aunque Zamora no sea una provincia especialmente húmeda, los últimos años nos han obligado a estar más pendientes del agua acumulada y a adelantar o ajustar la extracción del purín a nuestras fincas”, afirma.

La nave cuenta también con ventilación artificial y sistema de aspersores de agua, una inversión que llegó hace tres años, tras detectar problemas de acidosis a finales del verano. “Zamora es extrema, hace mucho frío en invierno o mucho calor en verano, y el cambio de alimentación asociado al ordeño robotizado hizo que algunas vacas comieran más pienso en el robot y menos en el pesebre. Todo eso, unido al calor, nos pasó factura”, resume Raúl. Desde que instalaron ventilación y agua, dice que la mejora ha sido evidente tanto en producción como en fertilidad. Antes podían perder tres o cuatro litros por vaca en verano; ahora el impacto es mucho menor.

El bienestar se completa con un cepillo rascador instalado hace años y que las vacas usan con frecuencia. “Al principio incluso hacían cola para utilizarlo. Hoy —añade— ya lo tienen integrado en su rutina, pero sigue siendo uno de esos pequeños elementos que contribuyen a que los animales estén más tranquilos”.

A todo ello se suma una inversión en energía que también ayuda a la estabilidad de la granja: 32 kW de placas solares y 62 kW de baterías. Instaló las placas hace unos cinco años y las baterías llegaron hace un par. “En el cómputo anual rondamos un 60 % de autoconsumo, aunque desde primavera hasta septiembre podemos acercarnos al 100 %”, calcula. En una granja con robot, esa autonomía energética tiene cada vez más sentido.     


“Zamora es extrema, hace mucho frío en invierno o mucho calor en verano, y el cambio de alimentación asociado al ordeño robotizado nos pasó factura”

foto aérea Malillos SC

Años de ordeño robotizado

Raúl venía de ordeñar toda su vida en una sala de ordeño que empezó siendo 2x4 y luego amplió a 2x6. Llegó a ordeñar allí a unas 50 vacas, siempre con dos ordeños al día, porque hacer tres no era una opción realista para una sola persona. Y, sin embargo, el nivel productivo del rebaño empezaba a pedir más frecuencia.

Hace unos cinco años comenzó a plantearse el cambio y poco después lo materializó. “El nivel productivo del rebaño era bastante para dos ordeños, pero yo solo tres ordeños no podía hacer”, explica. A eso se sumaba el problema de la mano de obra y, sobre todo, el deseo de ganar flexibilidad. El robot le ofrecía las tres mejoras: más ordeños, más información y una vida algo más llevadera.

Hoy mantiene una media en torno a tres ordeños por vaca y día, porque, aunque lograba una cifra superior, ha tenido que limitar un poco más los permisos de entrada al detectar problemas en los esfínteres de algunas vacas por ordeñarse demasiado.

En su opinión, los beneficios han sido todos muy positivos. “Las vacas están más tranquilas, la alimentación se puede ajustar mejor a cada producción y en el trabajo diario gané en flexibilidad”, enumera.

El robot no llegó solo. Al mismo tiempo, incorporó un arrimador de comida, para evitar tener que volver continuamente a acercar el alimento al pesebre. Si el objetivo era liberarse de tareas repetitivas y ganar margen de maniobra, no tenía sentido no automatizar también ese punto.

La automatización y la mejora de los procesos en Malillos siempre ha sido una constante, una estrategia para hacer compatible una ganadería de leche con una vida personal más llevadera. Incluso antes de la robotización del ordeño, Raúl ya introdujo los collares de monitorización en su rebaño para llevar a cabo un control más exhaustivo de la rumia y de la actividad de sus animales. “Me han ayudado mucho en la detección de celos y en la identificación de problemas de salud, pero este sistema ahora ya se me está quedando obsoleto y tengo previsto cambiarlos por pendientes, para poder consultar más datos y poder hacerlo también desde el móvil, sin depender de una pantalla fija en la granja”.


  “Con el robot, las vacas están más tranquilas y en el trabajo diario gané en flexibilidad”

Ganadero y agricultor

Si la ganadería funciona con una sola persona es, en parte, por la llegada de las nuevas tecnologías, pero también porque la alimentación descansa sobre una base territorial muy importante. Raúl maneja unas 220 hectáreas en total, entre las suyas propias y las de alquiler, y dedica el 80 % a forrajes. Lo que no consume en la granja, lo vende, normalmente a otros ganaderos de la zona.

Todas las tierras están más o menos cerca, pues la parcela más alejada queda a unos cinco kilómetros, lo que simplifica mucho el trabajo agrícola y permite mantener un control directo sobre la mayoría de las labores. Él mismo hace casi todo, salvo algunos apoyos en sementera, ensilado, empacado de forrajes destinados a venta o, en ocasiones, la aplicación de purín.

Hablamos de una zona de secano, en la que no cultiva maíz porque no disponen de regadío. “Lo compro todo a un ganadero que está a unos siete kilómetros”, apunta. El resto de los forrajes sí salen de su propio trabajo. Este año, por ejemplo, tiene sembradas unas 40 hectáreas de cebada híbrida, 25 de veza con raigrás, unas 60 de trigo con vezas y otras 25 de trigo, además de barbechos.

La siembra se concentra entre octubre y noviembre, y a finales del mes de marzo comienza a pensar en los ensilados. “Mi idea en esta campaña es reservar la cebada para silo y destinar las vezas con raigrás a heno”, describe.

Además de silos de trinchera, también hacen de vez en cuando “salchichas”, que en la zona llaman “chorizos”: “Hacemos un año sí, un año no, uno de maíz y otro de silos de primavera, para tener un forraje comodín cuando haga falta”, prevé.

En cuanto a las raciones, prepara una para vacas de leche, con 8 kilos de núcleo, 18 kilos de silo de maíz, 12 kilos de silo de raigrás con vezas y 6 kilos de heno seco, y otra para las secas mezclando heno con paja y unos 3,5 kilos por vaca y día de pienso específico. “Mi objetivo —dice— es conseguir los máximos litros posibles con el mejor coste”. El precio medio de la ración por vaca y día es de 11,39 euros.

Las terneras reciben calostro nada más nacer: “Intento suministrarles al menos 6 litros al día durante tres días y, a partir de los cuatro o cinco días, ya les empiezo a dar agua y pienso de iniciación”, comenta. Las mantiene en casetas individuales con cama de paja los primeros ocho días y luego pasan a un box colectivo hasta que salen hacia el centro de recría, normalmente entre los 20 y los 30 días, según cuadre la recogida.

Tomó la decisión de externalizar la recría hace tres años por dos razones fundamentales: falta de capacidad y necesidad de simplificar el trabajo. “La zona que antes dedicaba a la recría estaba saturada y me resultaba difícil hacer lotes bien equilibrados. En el centro, creo que las novillas se crían mejor”, destaca. Allí viven hasta que las inseminan y se las devuelven preñadas un par de meses antes del parto.


“Mi objetivo es conseguir los máximos litros posibles con el mejor coste”

Vacas funcionales

De la reproducción de las vacas se encarga el veterinario Manuel Vicente Morales, de Oceva. Acude a la granja cada 15 días para revisar el rebaño, hacer controles y realizar inseminaciones o diagnósticos.

La edad al primer parto se sitúa en los 23,2 meses, lo que implica una media en la primera inseminación alrededor de los 13 meses. En vacas, el intervalo entre partos está en 387 días y la tasa de gestación a primera inseminación ronda el 50 %. Utilizan sincronizaciones a partir de los 60 días en leche, combinadas con detección natural de celos apoyada en la monitorización.

También aplican secado selectivo desde hace tres o cuatro años. Solo usan antibiótico en los animales que realmente lo necesitan y en el resto trabajan con sellador. Para Raúl, “generalizar el tratamiento ya no tiene sentido ni desde el punto de vista sanitario ni desde el económico”.

Para la mejora genética, Raúl Malillos apuesta exclusivamente por la raza holstein. Utiliza mucho toro genómico, pero procura introducir cada año en los acoplamientos a alguno probado. Su criterio de selección está ahora más condicionado por el robot. “Busco vacas longevas, productivas, funcionales, no demasiado grandes y, sobre todo, con ubres y pezones bien adaptados al ordeño automático”, acepta. Así, la colocación y longitud de pezones, especialmente los traseros, tienen hoy mucho más peso en la selección que cuando ordeñaba en sala y continúa teniendo muy en cuenta también la salud de ubre y la producción.

Usa semen sexado en la primera inseminación de los animales que selecciona por interés genético y productivo, a veces también en la segunda, y reserva el semen convencional para repeticiones. En el resto emplea semen de carne, principalmente angus, porque le resulta más rentable y da pocos problemas al parto. Los cruces salen de la explotación con 15 o 20 días, con destino a un cebadero cercano.

Por ahora no está genotipando a su rebaño, porque se queda con todas las novillas y no necesita tanta presión de selección, pero es una puerta que quiere abrir en el futuro.

Manuel Vicente Morales
Manuel Vicente Morales, asesor de reproducción en Malillos SC
“La idea no es crecer demasiado ni en número de animales ni en producción, sino intentar tener más calidad de vida”

¿Cuántos años lleva trabajando en esta ganadería y cuáles son sus áreas de asesoramiento?

En esta ganadería llevamos trabajando aproximadamente unos 30 años, desde que empezó en el año 1995. Comencé con el padre de Raúl, Anastasio, y con su padre, que tenían una ganadería tradicional de entonces, con una base de unas 25 vacas integrada en el pueblo, dentro del casco urbano. Allí tenían camas calientes, patios y un ordeño directo.

Anastasio siempre fue un poco inquieto y, a raíz de unos viajes que hicimos a Asturias, fue una de las primeras personas que implantó el sistema de cubículos. Al principio no estaba muy convencido, sobre todo su padre, que pensaba que las vacas no se iban a acostar allí; pero, al final, funcionó muy bien y en eso fue pionero en la zona.

¿Cómo es su rutina de visitas?

Nosotros trabajamos con un sistema de cuota por darles un servicio completo. Asesoramos en todo lo que es manejo, alimentación y calidad de leche, y colaboramos con especialistas en cada materia.

Específicamente realizamos el control reproductivo, el manejo de los test y asesoramiento general. La rutina es venir cada 15 días y aprovechar esa visita para hacer la clínica que puede esperar y el trabajo de reproducción.

Además, cuando surge algún caso extraordinario a la visita periódica, nos llaman y venimos. También acudimos con asiduidad para terminar operaciones.

En cuanto a reproducción, ¿en qué aspectos está centrado?

Raúl instaló collares receptores de celos, con los que estamos satisfechos. Sincronizamos algunas vacas y cada 15 días hacemos diagnóstico de gestación con ecografía a partir de los 15 días, además de confirmaciones antes del secado.

También incluimos en el programa aquellas vacas que han tenido problemas, como anestro o quistes ováricos.

Es una granja correcta. No es una explotación en la que el aspecto reproductivo sea lo más destacado, pero los datos son bastante buenos. Además, el objetivo de la granja no es crecer demasiado, por lo que tampoco se fuerza en exceso la reproducción.

En relación con la alimentación y el cambio al robot, ¿ha hecho algún tipo de recomendación?

Sí. Revisamos los datos a los que tenemos acceso para intentar que la granja obtenga los mejores resultados posibles.

¿Qué destacaría de esta ganadería? ¿Está intentado mejorar algún aspecto?

Es una explotación típica de la zona, cuyo objetivo no es crecer demasiado ni en número de animales ni en producción, sino intentar tener más calidad de vida, vivir de las vacas y no vivir para las vacas. Eso ha condicionado todas las mejoras que han ido introduciendo, como el robot, el arrimador o los collares de detección de celos.

También quiero destacar que estamos en una zona donde la base territorial es muy importante. Ellos son tanto agricultores como ganaderos y, en algunos casos, se sienten más agricultores que ganaderos.

Creo que aquí esa combinación es ideal para conseguir buenas producciones y que las ganaderías sean rentables.


“Busco vacas longevas, productivas, funcionales, no demasiado grandes y, sobre todo, con ubres y pezones bien adaptados al ordeño automático”

Vivir mejor y trabajar menos

Raúl Malillos vende toda su producción a Pascual desde hace cuatro años y valora positivamente sus exigencias en bienestar animal, en calidades y en mejora continua: “Te obligan a progresar y eso es bueno”.

Está cobrando unos 52 céntimos por litro más las diferentes primas, en un contexto de incertidumbre por la renovación de contratos y por la presión bajista del mercado. Como tantos otros ganaderos, Raúl observa con preocupación los movimientos de la leche spot y las rebajas que algunas industrias han intentado trasladar al productor sin que, a su juicio, exista una base sólida para ello.

Aun así, su visión de futuro en la granja no pasa por grandes revoluciones. Su plan inmediato es mantenerse estable. “Quizás pueda crecer un poco hasta las 65 vacas en ordeño, pero no mucho más. No quiero una explotación que me esclavice, quiero una granja manejable, rentable y compatible con vivir mejor y trabajar menos. Si alguno de mis hijos decide seguir algún día, ya me plantearé nuevos pasos”, concluye.

Su mirada sobre el sector zamorano es prudente. Cree que hay futuro y gente joven, pero también muchas granjas envejecidas y un margen de crecimiento limitado. En su opinión, “creo que la producción no aumentará mucho en los próximos años”.

En este contexto, Malillos SC representa una vía muy concreta para continuar en el vacuno de leche: una granja familiar, con tecnología aplicada, y un ganadero que ha apostado por no producir a cualquier precio, sino por un proyecto sensato que haga que merezca la pena quedarse.