XABIER IRAOLA AGIRREZABALA

El sonotone

El sonotone
En los últimos tiempos nos llegan un par de noticias que nos dejan el cuerpo dolido; por una parte, la dermatosis nodular contagiosa (DNC) salta hasta Aragón y, por otra, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anuncia que la Comisión Europea aplicará, aunque provisionalmente, el acuerdo UE-Mercosur. Más en Vaca Pinta 58.

Comienzo por la primera, dado que la aparición de la DNC en una explotación, como bien saben mis lectores (agradezco a aquellos que, creo, han pasado de ser lectores a seguidores e, incluso, amigos), supone el sacrificio de toda la cabaña, es decir, en el caso en cuestión, una explotación de vacuno de carne de la pedanía de Borrastre, en el municipio de Fiscal (Huesca), que cuenta con 130 cabezas.

Fiscal, municipio donde no se había completado la vacunación de toda la cabaña, es un pequeño municipio del pirineo oscense, unos 350 habitantes, de la comarca de Sobrarbe e imagino que la ganadería, junto con el turismo de montaña, será uno de los puntales de su economía, por lo que la aparición de este caso habrá sido un fuerte mazazo para su población.

Por otra parte, imagino igualmente que, siendo una zona de montaña de los Pirineos, será bastante frecuente que los ganaderos recurran gran parte del año, pero muy especialmente en primavera-verano, a los montes comunales, por lo que, si el ganado hubiese estado ya en ellos, el mazazo hubiese sido aún más terrible, puesto que se hubiese tenido que sacrificar a todos los animales de todas las explotaciones que hubiesen subido su rebaño a un mismo monte comunal. No es el caso, por lo que leo en la prensa aragonesa, por lo que el mal —horrible, inhumano e insoportable— queda acotado a esa única explotación.
 


Von der Leyen, al igual que Planas con la dermatosis, necesita de un potente sonotone con el que oír y escuchar lo que piensa y precisa su población objetivo, para salirse de la burbuja en la que viven, ausentes de la realidad

Llevando el agua a nuestro molino, la noticia ha sido acogida con un doble sentimiento entre los ganaderos vascos; por una parte, están los ganaderos gipuzcoanos, más tranquilos, dado que el pasado 25 de febrero estaban vacunadas el 75,3 % de las explotaciones y el 82,4 % de los animales, pero, por otra parte, tenemos a vizcaínos y alaveses que tiemblan cada vez que oyen hablar de la dermatosis y escuchan la palabra “vacío sanitario”.

No obstante, siento ser tan pesado con los montes comunales, pero, conociendo un poquito el percal, creo que la cosa se puede complicar en estos meses venideros cuando las vacas saldrán más a los prados, muchos de ellos en municipios colindantes de territorios vacunados o no, o subirán a montes comunales donde convivirán, igualmente, gipuzkoanos y navarros en Aralar, y gipuzkoanos y alaveses en la parzonería de Aizkorri-Aratz. Por todo ello, no se alcanza a comprender la sordera del ministro Planas y su negativa a vacunar todos los territorios del Estado, más allá de cuestiones político-administrativas, comparten tanto en el día a día de la ganadería.

En segundo lugar, la sordera de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, la ha llevado a anunciar que arrancarán la maquinaria político-administrativa europea para aplicar, aunque provisionalmente, el acuerdo comercial entre la UE y los países de Mercosur. Y digo provisionalmente, porque, aunque damos por seguro que los países de Mercosur ratificarán, sin problema, el acuerdo en sus respectivos parlamentos nacionales (ya lo han hecho Uruguay y Argentina), no es menos cierto que, para una plena aplicación del acuerdo, faltaría la ratificación del Parlamento Europeo, que no podrá llevarlo a votación hasta que se pronuncie el Tribunal Superior de Justicia europeo sobre un elemento sustancial: dilucidar si el acuerdo y su tramitación son compatibles con los tratados europeos.

Von der Leyen, al igual que Planas con la dermatosis, necesita de un potente sonotone con el que oír y escuchar lo que piensa y precisa su población objetivo, para salirse de la burbuja en la que viven, ausentes de la realidad.

Si Ursula se “calzase” el sonotone estoy seguro de que sería capaz de percibir la sensación mayoritaria de que la UE está perdiendo, pasito a pasito, su capacidad productiva y, con ello, su soberanía alimentaria, cuestión harto importante antes de que sea demasiado tarde y que tanto captó la población europea durante el aciago periodo del COVID.

Igualmente, si Luis se pusiese el sonotone, escucharía los lamentos y gritos de los ganaderos que se ven obligados a sacrificar toda su cabaña. Solo con ello, estimo que actuaría con otro talante en la cuestión de la vacunación, especialmente en nuestro caso, el vasco.

Es una pena que sus respectivas familias no les hayan regalado en la pasada Navidad un sonotone a Luis y a Ursula. Quizás lo tendremos que comprar a escote.