DANIEL MARTÍNEZ BELLO, NUEVO PRESIDENTE DE ANEMBE

“Anembe tiene una razón de ser y un cometido, que es la formación”

Daniel Martínez Bello acaba de asumir la presidencia de la Asociación Nacional de Especialistas en Medicina Bovina de España (Anembe) tras varios años formando parte de su junta directiva y una relación mucho más larga con la entidad a través de sus congresos y actividades formativas. Veterinario especializado en reproducción bovina y tecnologías embrionarias desde el inicio de su carrera, llega al cargo con varios objetivos sobre la mesa: mantener el nivel alcanzado por el Congreso Internacional de Anembe, impulsar la nueva Academia y estrechar la relación de la asociación con las nuevas generaciones de veterinarios. Con él repasamos también los principales cambios y desafíos que afronta actualmente la profesión. Más en Vaca Pinta 61.

Acabas de asumir la presidencia de Anembe. ¿Cómo afrontas esta nueva etapa?

Para mí es un honor, pero también una responsabilidad grandísima. Mi trabajo implica dar servicio en toda la península ibérica y el concepto de tiempo libre prácticamente no existe, así que el tiempo que requiere Anembe hay que sacarlo de las actividades que ya tenemos.

Una de las primeras decisiones es intentar que la Junta sea mucho más horizontal. Los presidentes anteriores han dedicado muchísimo tiempo y muchas cuestiones recaían sobre ellos. Queremos que el presidente mantenga una función representativa e institucional, pero que el trabajo esté mucho más repartido entre todos los miembros. Existe ese compromiso por parte de los compañeros y creo que así podemos afrontar todos los proyectos que tenemos planteados.


“Hay que intentar atraer a los veterinarios jóvenes y conseguir que algunos se involucren en el mundo de las vacas”

¿Qué líneas de trabajo serán prioritarias durante tu mandato?

Hay líneas que ya estaban en marcha y otras que arrancan precisamente ahora. Se haga lo que se haga, lo intocable es el Congreso. Es casi la razón de ser de Anembe y debemos conseguir que mantenga el nivel de interés, asistencia, calidad científica y rigor que ha alcanzado, junto con esa parte de networking, exposición comercial y encuentro entre veterinarios de distintas generaciones.

La siguiente prioridad es la Academia Anembe. El proyecto se aprobó hace un año y ahora se están realizando las gestiones administrativas para la construcción de las instalaciones, mientras en paralelo desarrollamos sus contenidos. Nuestra intención es comenzar a impartir algunos cursos durante 2027, incluso con independencia de que el edificio esté completamente terminado.

También queremos potenciar las comunicaciones orales del Congreso, porque, además de traer a los mejores ponentes internacionales, debemos dar cabida a los veterinarios que están haciendo trabajos interesantes en España. Y hay otra línea muy importante, que es la captación de talento joven. Tenemos un problema de relevo generacional en la veterinaria de campo de vacas y creemos que Anembe tiene que acercarse a los estudiantes y ayudarlos a dar sus primeros pasos dentro de la profesión.

Para ello, dentro de la Junta se está trabajando también en un grupo específico orientado a captar talento joven y buscar fórmulas para llegar a los alumnos de los últimos cursos de las facultades. La intención es que conozcan Anembe antes incluso de incorporarse al mercado laboral y puedan encontrar en la asociación un nexo con los distintos equipos veterinarios y con la profesión de campo.

Una vida profesional ligada a la reproducción bovina

Daniel Martínez Bello tenía clara su vocación veterinaria mucho antes de llegar a la universidad. “No tenía un plan B, era veterinario o veterinario”, recuerda. Durante sus estudios en la Facultad de Veterinaria de Lugo, que terminó en 1993, una charla sobre transferencia embrionaria despertó su interés por la reproducción. Se incorporó como alumno interno al departamento de esta especialidad y comenzó a orientar hacia ella su carrera.

Su primera oportunidad profesional llegó ese mismo año en la Unidad de Transferencia Embrionaria de Bos, una de las piezas del programa de mejora genética impulsado en Galicia. Martínez Bello permaneció allí durante 19 años, una etapa en la que compaginó el trabajo en tecnologías reproductivas con responsabilidades en el programa biosanitario, la clínica de los animales y la dirección de equipos técnicos y de granja.

Fueron también años de introducción y desarrollo de unas técnicas embrionarias que todavía tenían una presencia limitada en España. En su formación tuvo especial importancia el veterinario canadiense Denis-Pierre Ménard, con quien trabajó durante años. “Nos tocó bastante hacer de punta de lanza”, señala sobre una época en la que la transferencia embrionaria fue extendiéndose progresivamente desde los centros especializados hasta las propias ganaderías.

Aquella etapa le permitió además participar en viajes de selección genética y mantener contacto con profesionales y empresas de distintos países, una dimensión internacional que continuaría desarrollando posteriormente en Estados Unidos, Canadá, Europa y Sudamérica.

El cierre de la Unidad de Bos en 2011 abrió una nueva etapa profesional. Junto con otros socios, puso en marcha Embriovet y Embriomarket y amplió su ámbito de actuación a toda España y Portugal. En los años posteriores profundizó especialmente en la fecundación in vitro, con experiencias profesionales y formativas en distintos países. En 2016 completó además su doctorado, antes de dar un nuevo paso en el desarrollo de estas tecnologías.

Asimismo, participó en un proyecto de fecundación in vitro en La Seu d’Urgell, que le permitió seguir profundizando en esta técnica antes de trasladar esa experiencia a Galicia.

En 2018 puso en marcha su propio laboratorio de fecundación in vitro en Galicia. Actualmente, el equipo está formado por ocho personas y cuenta con dos laboratorios móviles y un laboratorio de FIV vinculado a la red de Boviteq, de Canadá. El proyecto más reciente se trata de una unidad específica de donantes en Mesía, concebida como un “hotel de donantes” en el que los animales puedan permanecer varios meses para desarrollar programas reproductivos de forma intensiva.

A esta actividad suma una amplia trayectoria docente en cursos y programas de posgrado y su vinculación con Anembe, donde ha participado en actividades formativas, en el Congreso Mundial de Buiatría de Madrid de 2022 y, durante los últimos años, como miembro de su junta directiva hasta asumir ahora la presidencia.

Precisamente, en el Congreso Mundial de Buiatría de 2022 formó parte del comité científico y moderó las ponencias relacionadas con reproducción y tecnologías embrionarias, una experiencia que reforzó todavía más su relación con la asociación antes de incorporarse a sus órganos de dirección.

¿La Academia nace precisamente para responder a las carencias prácticas que detectáis entre los veterinarios jóvenes?

Sí. Hoy existe muchísima oferta formativa. El problema aparece cuando analizas qué aporta realmente. La teoría es relativamente fácil de ofrecer; lo difícil es la práctica.

Lo hemos comprobado en el curso de especialización en reproducción de Anembe. Cada vez era más complicado mantener acuerdos con ganaderías para desarrollar prácticas porque requieren tiempo, disponibilidad de profesionales y suficientes animales para que los alumnos puedan trabajar de verdad.

Ese es el germen de la Academia. La idea es desarrollar cursos cortos, muy prácticos, para que un veterinario pueda ejercitar una técnica antes de encontrarse solo en el campo frente a su primer cliente. En veterinaria no basta con probar una cosa una vez. Hay que repetirla y adquirir confianza. Queremos ayudar a crear esa base sobre la que después cada profesional pueda seguir creciendo.

Además, la formación tiene otra vertiente que para mí es muy importante: obliga también al que enseña a revisar y ordenar sus propios conocimientos. No dominas realmente una materia hasta que tienes que explicársela a otros de una manera clara y rigurosa. Preparar una formación te obliga a leer, repensar cosas y detectar tus propias carencias, por lo que muchas veces aprende tanto quien imparte el curso como quien lo recibe.


“El congreso tiene que seguir siendo un punto de reunión de veterinarios de todas las generaciones”

Hablas de falta de relevo. ¿Cuáles dirías que son hoy las principales preocupaciones de los veterinarios de vacuno?

Si la actividad no está resultando atractiva para las nuevas generaciones es porque hay cuestiones que también pesan sobre los profesionales que ya están trabajando. Cuando el volumen de trabajo es excesivo, el descanso es escaso y las condiciones se complican, acaba produciéndose desgaste.

Por lo que veo en mi trabajo y por lo que transmiten otros compañeros, uno de los aspectos que más pesa es la presión burocrática y el poco margen que existe a veces para desarrollar un trabajo técnico aplicando todo lo que sabemos. A esto se suman unas condiciones laborales tradicionalmente exigentes.

Se ha evolucionado mucho desde el veterinario que trabajaba solo y asumía guardias prácticamente las 24 horas hacia equipos organizados, con turnos, vacaciones y mayor posibilidad de conciliación. El problema es que, si no llega gente nueva, resulta muy difícil completar esos equipos y hacer efectivo ese relevo.

Al mismo tiempo, el trabajo del veterinario de granja es cada vez más amplio. ¿Está cambiando el propio concepto de la profesión?

Sí, porque evoluciona al mismo tiempo que el mundo ganadero. Si echamos la vista atrás 30 años, hoy los veterinarios están realizando trabajos que entonces ni siquiera existían. La digitalización, el manejo de datos y la robotización han generado nuevas formas de trabajar.

Sigue siendo veterinaria, pero aplicando conocimientos y herramientas que se han desarrollado durante las últimas décadas. Hemos pasado de una concepción muy centrada en el veterinario generalista y clínico a muchas especialidades y a profesionales que combinan diferentes áreas. Todo ello está ahora envuelto en el mundo de la digitalización y del dato. Al final hay que adaptarse a esa evolución.

¿Qué papel puede tener en ese proceso la inteligencia artificial?

Me cuesta imaginar un ámbito en el que no vaya a influir. Ya permite acceder a información, agilizar determinadas tareas o elaborar informes después de las visitas en mucho menos tiempo, de manera que podemos hacer más trabajo y aportar más valor al ganadero.

Pero no va a sustituir al veterinario. Para utilizar bien la información que ofrece la inteligencia artificial necesitas conocimiento, experiencia y criterio profesional. Yo la veo como una herramienta más. En su momento llegaron el termómetro, el fonendoscopio, el ecógrafo o las analíticas; ahora tenemos una tecnología que puede ayudarnos a integrar una enorme cantidad de información. Hay que aprender a utilizarla.


“La inteligencia artificial no va a sustituir al veterinario, pero hay que aprender a utilizarla”

Otro de los grandes debates de los últimos años ha sido la reducción del uso de antibióticos. ¿Cómo valoras la evolución realizada por el sector?

Los datos oficiales muestran que la reducción del uso de antibióticos en ganadería durante los últimos años ha sido enorme. A ello ha contribuido la normativa, pero también la mentalización de los propios veterinarios. El camino hacia un uso racional está trazado y no tiene marcha atrás.

Lo que reclamamos es que se entienda que veterinarios y Administración estamos en la misma dirección. Cuando desde Anembe y otros colectivos se cuestionan aspectos del Real Decreto 666/2023 no se está pidiendo barra libre para los antibióticos, sino una normativa coherente con la realidad del trabajo de campo y que respete el criterio profesional, que ya es el de un uso responsable.

También existe preocupación por la difusión de determinados mensajes sobre la ganadería que no siempre cuentan con respaldo científico. ¿El sector debe mejorar su comunicación?

Sí. Una parte cada vez mayor de la sociedad está alejada del medio rural y muchas veces triunfa el relato más fácil o sensacionalista. Desde las interprofesionales, asociaciones de productores y organizaciones veterinarias hacemos esfuerzos de comunicación, pero, con frecuencia, hablamos hacia dentro, a personas que ya están convencidas.

Creo que debemos encontrar una forma de trasladar mejor la información científica fuera del propio sector y llegar a esa sociedad más urbana. No es sencillo cambiar tendencias sociales, pero sí debemos trabajar para que cuestiones como el consumo de productos de origen animal, el bienestar o el impacto ambiental se puedan debatir sobre información rigurosa.

En mayo de 2027 llegará tu primer Congreso de Anembe como presidente. ¿Qué podéis adelantar?

Se celebrará del 26 al 28 de mayo en Palexco, en A Coruña. Mantendrá inicialmente la estructura habitual, con las sesiones científicas, los simposios de empresas y las diferentes áreas temáticas, aunque estamos trabajando en novedades relacionadas con el talento joven y con la Academia que podamos incorporar ya al Congreso.

Recibimos un legado muy importante de las juntas anteriores. El Congreso ha ido aumentando su participación y tenemos la responsabilidad de mantenerlo. Una de sus claves es disponer de un programa científico independiente, con un comité que propone temas y ponentes de cualquier parte del mundo que sean referentes en cada especialidad.