ALBERTO ALLEPUZ, EPIDEMIÓLOGO

“Existe un miedo a que ciertas patologías broten y, en esos casos, la bioseguridad juega un papel importante”

En España, la bioseguridad sigue siendo un tema pendiente en muchas granjas. Aún con la existencia de las Agrupaciones de Defensa Sanitaria Ganadera (ADSG) para el acompañamiento a ganaderías, la vigilancia epidemiológica permanece como un frente pendiente de perfeccionamiento. Alberto Allepuz, profesor del Departamento de Anatomía y Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), lleva veinte años ejerciendo la medicina preventiva desde el aula, involucrándose en proyectos europeos y trabajando en el terreno de la mano de productores. El epidemiólogo estará presente en las XXIII Jornadas Técnicas de Vacuno de Leche de Seragro, que se celebrarán el 12 y 13 de noviembre en Lugo, donde abordará las medidas dirigidas a reducir la entrada de enfermedades en las granjas. Más en Vaca Pinta 62.

¿Qué implica y significa realmente la bioseguridad en una granja de vacuno de leche?

Alude a prácticas de manejo y a infraestructuras utilizadas para reducir la probabilidad y el riesgo de transmisión de patógenos. La bioseguridad externa es aquella que previene la entrada de enfermedades externas al interior de la granja. Cuando el control se realiza dentro de la ganadería, hablamos de bioseguridad interna. La rama se centra en dos conceptos básicos y fáciles de explicar, aunque no tanto de aplicar: el de segregar, que hace referencia a separar las fuentes de infección de los animales susceptibles por contacto directo o indirecto, y el de reducir la presión de infección, que se refiere a aminorar las posibilidades de contagio o enfermedad.


“Los profesionales veterinarios necesitan tiempo en campo para mantener conversaciones, explicar el porqué de la bioseguridad, exponer vulnerabilidades…”

En la actualidad, ¿por qué la bioseguridad debería ser entendida como una parte más del plan sanitario en las granjas?

Porque tiene que estar integrada. De hecho, ya lo está en la práctica de lo que es la sanidad de la granja, ya que se trata del manejo de ganado y el uso de las infraestructuras para minimizar infecciones. Son procedimientos que disminuyen la posibilidad de transmisión de patógenos, que salvaguardan el bienestar animal y que rebajan el consumo de antibióticos, lo que resulta en mayor productividad y menor posibilidad de transmisión de enfermedades a las personas.

En el contexto actual, ¿qué ha cambiado para que la bioseguridad tenga todavía más peso que hace unos años?

Actualmente, existen ciertos aspectos a los que se les presta poca atención. En lo relacionado con el ordeño, con la higiene o con el control de la mastitis hay mucho desarrollo en bioseguridad. Su ausencia está en la atención a la entrada de patógenos desde el exterior al interior de la granja. Estos últimos años, el contexto sanitario general ha empeorado. Debido al deterioro de la situación sanitaria en los países próximos, se están aproximando enfermedades como son la dermatosis nodular contagiosa, la fiebre aftosa por la cuenca del Mediterráneo o la fiebre del Valle del Rift. Existe un miedo a que estas patologías broten y, en esos casos, la bioseguridad juega un papel importante. La atención activa que requiere, así como que la política europea se alinee a la prevención y no a efectos curativos, le está dando más protagonismo.

¿Cree que el ganadero percibe la bioseguridad como una inversión o todavía se ve como un coste?

El beneficio que aporta no es inmediato y las personas pueden dudar de su utilidad. Toda bioseguridad desenvuelta alrededor del ordeño se percibe en la calidad de la leche. Toda aquella relacionada con el cuidado de los terneros se ve en el porcentaje de mortalidad. Pero aquellos métodos que se aplican para la reducción de entrada de enfermedades en granjas, como puede ser localizar cerca del acceso exterior el punto de recogida de cadáveres, analizar cómo introducimos animales o disponer de botas para visitas, no tienen efecto inmediato. Tampoco se sabe lo que puede, o podría, pasar si no se hace. Su valorización la consigue el personal veterinario que, al acompañar a las personas ganaderas, realizan las tareas de explicación. La entrada de enfermedades y los casos de sacrificios en granjas han generado un relevante cambio en el contexto al aumentar la concienciación al respecto del tema.

Dice que mejorar la bioseguridad de las granjas tiene impacto en el estado sanitario de las regiones y los países. ¿Por qué es tan importante la visión colectiva?

Lo ideal sería redirigir colectivamente la gestión hacia la prevención, ya que el estado sanitario de una granja puede afectar al de toda una región. A nivel individual, una ganadería puede tener una responsabilidad y obtener resultados óptimos, pero, especialmente en enfermedades con consecuencias legales, la responsabilidad es colectiva.

En este sentido, ¿cómo podría intervenir la Administración?

Apoyando a los profesionales veterinarios para que desempeñen el rol de asesores a la hora de concienciar a los ganaderos. Hace falta tiempo para mantener conversaciones, explicar el porqué de la importancia de la bioseguridad, exponer las vulnerabilidades… y, finalmente, redirigir el manejo de la granja. Aprobar legislaciones o normas demasiado restrictivas no considero que sea el camino. Esto puede generar rechazo general, mientras que una legislación básica ayuda a tener medidas comunes. Los cambios reales se darán cuando expertos lleven los conocimientos sólidos a las granjas con el tiempo suficiente para trasladarlos a cada caso y apuntar los riesgos existentes.

En Galicia y otras autonomías de España, la producción cuenta con las ADS para su gestión. ¿Es un tipo de estructura eficaz para mejorar las técnicas de bioseguridad?

El ejemplo de Galicia es ideal en el camino hacia la prevención. Aun así, como cada granja es un mundo, tampoco considero que haga falta un protocolo idéntico. Faltaría que los veterinarios tuviesen más tiempo, ya que el quid es que cada granja conozca cuáles son los mayores factores de riesgo en sus instalaciones y tratar de trabajar con las especificidades de los diferentes entornos. Cada ganadero tendrá su idiosincrasia propia, así como toda empresa sus debilidades particulares. Aquí entra en juego el rol de acompañamiento a los ganaderos de las Agrupaciones de Defensa Sanitaria. En Galicia están mejor posicionadas que en otras comunidades autónomas que no tienen claro quién debería desenvolver este papel de asesoramiento en prevención. Solo recomendaría un protocolo más genérico para el abordaje del problema, no uno que unifique y estandarice el proceso. Cada granja cuenta con sus realidades, fallos y riesgos propios, por lo que necesita también sus propias soluciones.


“La aplicación FarmR!SK calcula la probabilidad de que un patógeno de BVD, IBR o tuberculosis acceda a una granja en base a los métodos de bioseguridad”

¿Cuál es el principal riesgo o debilidad en bioseguridad en las granjas de España?

Por las encuestas de bioseguridad que hemos realizado, principalmente en Galicia y en Cataluña, serían los relacionados con la compra de animales. Son pocos los ganaderos que atienden al estado sanitario de las vacas nuevas que introducen a sus granjas y la realización de cuarentenas es poco común. Muchas veces, al adquirir cabezas, se da fe de que no tienen ninguna enfermedad de declaración obligatoria, pero se olvida toda enfermedad endémica que pueda tener la granja. Y, en realidad, las enfermedades suelen entrar por el movimiento de animales, a lo que no se presta atención en España. Al adquirir nuevas cabezas, cada granja a nivel interno debería contar con un listado de patologías no deseadas y, en los casos de no conocer la procedencia ni el estado sanitario de origen, hay que separarlas del ganado y realizar las analíticas necesarias.

De la misma forma, no es común contar con botas para el veterinario que acude semanalmente a realizar el control reproductivo, mantener una higienización de los vehículos de transporte de animales ni realizar una carga y descarga de cabezas cuidando la desinfección. Hay mucho trabajo por hacer.

¿Cuáles son los principales factores de los que depende la entrada de enfermedades?

El tipo de contacto y su frecuencia. El mayor riesgo siempre va a darse en la interacción entre cabezas de la misma especie, mediante compra o entre granjas vecinas, pero este también puede tener lugar con animales silvestres. Por contacto indirecto, aunque no iguale el nivel de amenaza, podría darse a partir del uso de botas sucias, de la contaminación de un camión con carga patógena, del uso compartido de material entre granjas... Cuando abordemos el mínimo en amenazas, siempre hay que distinguir primeramente el tipo de contacto y, dentro del indirecto, la frecuencia con la que tiene lugar.

¿Cómo debería ser utilizado un plan de bioseguridad en granja?

No es un papel para guardar en un cajón. Es preciso que un plan de bioseguridad sea individualizado y esté diseñado para motivar a la persona hacia un cambio en la gestión. Debería partir de la evaluación de la biodiversidad de la granja y de las prácticas que se siguen. A continuación, conformar un informe de retorno para el ganadero con el que se ayude a visualizar los puntos de riesgo existentes y a ofrecer un apoyo para el proceso de ejecución de modificaciones importantes. El profesional veterinario tiene que ir a la granja y valorar los procesos: las visitas, los circuitos de los animales, las interacciones con animales silvestres... Con toda la información, el profesional debería componer un documento que iniciase la conversación con el ganadero. Puede ser un informe con fotografías o una narración, lo importante es que se abra el paso a discutir. Seguramente, hasta acabe siendo el propio ganadero quien proponga soluciones o estrategias eficaces. La cuestión está en ir haciendo pequeños cambios para entrar en la dinámica de prevenir la entrada de patologías.

En sus ponencias mencionó herramientas en desarrollo como FarmR!SK. ¿Qué puede aportar un dispositivo de análisis de riesgo al asesoramiento en bioseguridad?

En algunos proyectos de investigación estamos tratando de crear herramientas útiles para el asesoramiento en bioseguridad. FarmR!SK, desarrollada a nivel europeo, realiza un análisis de riesgo cuantitativo. En ella, puede calcularse la probabilidad de que un patógeno de BVD, IBR o tuberculosis acceda a una granja en base a los métodos de bioseguridad existentes y a las relaciones epidemiológicas de entrada y salida de animales, personas, camiones... Ya con este, pasamos al cálculo del impacto de la suma de nuevas medidas para la reducción del riesgo. Un ejemplo: si una granja no da botas a los visitantes, el efecto de proporcionarlas disminuiría el riesgo de un 20 % a un 15 %, mientras que llevar a cabo una cuarentena de los animales lo haría de un 20 % a un 10 %. Hay que contemplar los riesgos internos, como también los existentes por cada vía de entrada para poder cuantificar el impacto posible de nuevas medidas y exponer sus resultados viables. Es también indispensable, ante todos los frentes que se pueden detectar, empezar por uno y trabajarlo antes de pasar al siguiente.     


“En lo relacionado con la transmisión de enfermedades, hay una parte muy técnica para la que es indispensable el asesoramiento e interpretación de un profesional”

¿El público objetivo de la aplicación están siendo tanto veterinarios como ganaderos?

Está pensado para que un veterinario hable con el ganadero. Es una aplicación financiada con fondos públicos y que será de uso gratuito, por lo que cualquiera podrá introducir los datos de su propia granja para visualizar los riesgos. De todas formas, en lo relacionado con la transmisión de enfermedades, hay una parte muy técnica para la que es indispensable el asesoramiento e interpretación de un profesional. El porqué de que una medida disminuya más el riesgo que otra está ligado a la epidemiología de la enfermedad, por ejemplo. De todos modos, al finalizar su desarrollo le daremos publicidad para llegar al mayor número de personas posible. Queremos que sea útil y no se quede en una publicación científica.

De cara a los próximos años, ¿cree que veremos una profesionalización del asesoramiento en bioseguridad en las granjas de vacuno de leche?

Es la evolución natural. Abarcar más temas en el asesoramiento es algo que ya está teniendo lugar en muchas ganaderías. Ahora, simplemente sería necesario empezar a prestar atención a ciertos temas olvidados. Al hacerlo, tanto el contexto sanitario como el legislativo en el que está enmarcado el sector veterinario serán mejorados. Si hacemos números entre los costes en bioseguridad y el beneficio que esta puede suponer, el balance es positivo. Creo que la perspectiva hacia esta debería ser de inversión, no de coste.