Formación, prácticas y empleo: así construye el IES de Arzúa el relevo generacional en el rural

En un momento en el que las ganaderías y las empresas del sector primario están cada vez más tecnificadas y, al mismo tiempo, tienen dificultades para encontrar mano de obra, la formación especializada se ha convertido en una herramienta clave para garantizar el relevo generacional. El IES de Arzúa, en la provincia de A Coruña, lleva cuatro décadas apostando por la rama agraria y, gracias a su oferta de ciclos medios, superiores y formación profesional básica, se ha consolidado como un puente directo entre el aula y el empleo para muchos jóvenes de la comarca. Más en Vaca Pinta 59.

Actualmente, en el centro están matriculados alrededor de 300 alumnos, de los cuales unos 160 forman parte de los ciclos formativos, “es decir, más de la mitad del estudiantado”, explica Carlos Iglesias, vicedirector del IES. El número de profesores alcanza la cifra de 55.

Iglesias estudió en el año 2000 el Ciclo Superior de Gestión Forestal en Castro de Ribeiras de Lea (Castro de Rei, Lugo). En 2008 aprobó las oposiciones de Educación y, desde entonces, salvo dos años puntuales, ha trabajado en el IES de Arzúa. En el equipo directivo del centro lleva un año.

Guadalupe Amil, por su parte, es la jefa del Departamento de Agraria del centro desde hace cuatro años: “Empecé dando tecnología en la ESO como interina, pero no me gustaba demasiado, así que me cambié a la familia profesional agraria, que era lo mío realmente. Comencé como interina en el instituto de Ponteareas, después estuve en Castro y ahora en Arzúa, donde ya llevo más de veinte años y con la plaza definitiva”.

Junto a ellos, el departamento se apoya en un equipo docente con perfiles y trayectorias complementarias. Teresa Santamarina es profesora de formación profesional agraria con cerca de treinta años de experiencia, que combina su trayectoria docente con su pasado como ingeniera de campo en cooperativas gallegas. Imparte clases en la FP Básica de Agrojardinería y Composiciones Florales y también en el Ciclo Medio de Producción Agropecuaria.

A este equipo se suma Mónica Pérez, profesora de la familia agraria desde hace cinco años en el centro, tras iniciar su trayectoria en distintos institutos gallegos y trabajar durante un periodo en la Consellería del Medio Rural, en el ámbito de las industrias agroalimentarias. Actualmente, imparte módulos en varios niveles, desde FP Básica —sobre viveros y producción de planta— hasta ciclos medios, donde aborda materias como prevención de incendios forestales o producción ganadera.

El departamento cuenta también con docentes con una larga trayectoria en el centro, como Alfonso Piñeiro, que lleva más de dos décadas impartiendo clase en el IES. En su caso, se encarga de los módulos de mecánica en varios de los ciclos, un aprendizaje clave para el manejo y mantenimiento de la maquinaria.

El equipo se completa con perfiles como el de Javier Rodríguez, que imparte módulos vinculados tanto al ámbito agrario como forestal, como fundamentos agronómicos, fundamentos zootécnicos, uso público en espacios naturales o topografía agraria, lo que refuerza la visión transversal de la formación que se ofrece al alumnado.


Carlos Iglesias: “Un alto porcentaje del alumnado se suele quedar trabajando en las empresas donde ha hecho prácticas”

El Programa Impulsa

En este centro también pusieron en marcha el Programa Impulsa. Iglesias cuenta que empezó con una reunión con una profesora de Economía en el salón de actos, en la cual se iba a pedir ayuda a una ONG llamada Ayuda en Acción, destinada a la ESO. Sin embargo, ese año era para los ciclos formativos y se aventuraron a traerla al centro.

En un inicio se denominaba Proyecto Emprende, para impulsar el emprendimiento rural de los jóvenes. Ahora están con el Programa Impulsa, una consecución del anterior. Con este proyecto, se llevan a cabo tutorías individualizadas con aquellos alumnos que tienen cualquier tipo de problema, tanto personal como laboral. Además, les enseñan a hacer currículos, a trabajar las dinámicas en grupo, etc. Las actividades se incluyen dentro de las horas de clase, pero están relacionadas, en su mayoría, con el ámbito laboral. También les está siendo útil a nivel organizativo y de funcionamiento del centro: si algún alumno necesita un ordenador, se le intenta buscar, se implementaron suelos sensoriales para el patio del recreo, etc.

Evolución de los ciclos y del alumnado

Los ciclos de agraria y de administrativo se implantaron en el IES de Arzúa a la par de la creación del centro, hace unos cuarenta años, con la denominación de FP1 y FP2. En el 2000 se introdujeron ya con el nombre de ciclos formativos, a raíz de una de las últimas reformas educativas.

Los diferentes ciclos se fueron implementando poco a poco en el centro. Los dos primeros fueron el Ciclo Superior de Gestión Forestal y del Medio Natural y el Ciclo Medio de Aprovechamiento y Conservación del Medio Natural. Posteriormente, se introdujo la FP Básica de Agrojardinería y Composiciones Florales, y poco a poco han ido completando la oferta.

La puesta en marcha del Ciclo Medio de Producción Agroecológica con la nueva formación dual en 2019 surgió al considerar que, desde el departamento, faltaba un enlace con el sector agrario que sí tenían con el forestal. Además, lo demandaban tanto el alumnado como las propias empresas, que llamaban constantemente al centro para solicitar estudiantes para trabajar. Ahora, en su lugar, ofertan el Ciclo Medio de Producción Agropecuaria con el certificado de profesionalidad en ganadería ecológica, único en Galicia.

En cuanto al alumnado de este ciclo, han ido notando cambios en el perfil desde que lo pusieron en marcha hasta ahora: “En el primer curso, el perfil era, curiosamente, universitario. Ahora, más bien proceden de FP Básica o de la ESO”, comenta Amil.

Desde el propio profesorado destacan también que se trata, en muchos casos, de alumnado de la comarca que no siempre encaja en los itinerarios académicos tradicionales, pero que encuentra en estos ciclos un espacio donde desarrollar otras capacidades. “A veces llegan con una autoestima baja a nivel académico, pero tienen cualidades muy resolutivas que el sector demanda y luego se sienten muy valorados”, apunta Santamarina.

Piñeiro añade otro matiz: aunque tradicionalmente predominaban los hijos de agricultores o ganaderos, cada vez llegan más estudiantes sin vinculación directa con el sector, en especial en los ciclos forestales, mientras que en los relacionados con la ganadería sigue siendo habitual el alumnado procedente de explotaciones familiares.

Con respecto al número de estudiantes que manejan en estas formaciones, los diferentes profesores coinciden en que en el Ciclo Superior de Gestión Forestal y del Medio Natural se mantiene constante, con bastantes alumnos. Por su parte, en el Ciclo Medio de Aprovechamiento y Conservación del Medio Natural han detectado altos y bajos, mientras que en el Ciclo Medio de Producción Agropecuaria sí que cuentan con pocos alumnos. Con todo, en la FP Básica suelen disponer de bastante estudiantado. “Creemos que es importante que se sepa que existen estos ciclos, porque están muy demandados por el sector primario”, comenta Teresa Santamarina.

Desde el profesorado señalan que esta menor matrícula en los ciclos vinculados a la ganadería contrasta con la realidad del entorno: “Estamos en una zona eminentemente ganadera, pero hay años en los que incluso no se puede formar grupo”, declara Pérez, quien apunta también al papel de las familias, que en ocasiones orientan al alumnado hacia otros itinerarios formativos pese a la tradición agraria.           


Teresa Santamarina: “Lo que más piden las empresas es actitud y aptitud”

Las prácticas, claves para la incorporación y para fijar población en el rural

La manera en la que se gestionan las prácticas varía entre el sistema dual y el ordinario. En dual, cuentan con unos equipos de dinamización que les ayudan a contactar con las empresas de la zona y también se lleva a cabo esta tarea desde el propio departamento. En el ordinario, son los tutores junto con los coordinadores de Formación en Centros de Trabajo (FCT) quienes hacen una labor de sondeo y de seguimiento.

La colaboración entre los alumnos y las empresas que ofertan las prácticas empieza a gestarse a final de curso, de cara al próximo año: “Las entidades acuden al centro, convocamos a los estudiantes que están preinscritos en ese momento y les hacen una entrevista. A raíz de esto, van escogiendo por orden de preferencia a los que encajan mejor. El siguiente paso es firmar el convenio. Este año se desarrollan desde el 1 de abril hasta el 15 de agosto. Lo que intentamos es que, entre el primero y el segundo año, estén más o menos unos siete u ocho meses en las ganaderías o entidades”.

En este proceso de asignación, el equipo docente recalca que se tienen en cuenta aspectos más allá del currículo. “Lo que más nos piden las empresas es actitud y aptitud”, indican desde el departamento, por lo que se busca que el alumnado tenga motivación y predisposición para integrarse en el trabajo diario.

En el caso concreto del ciclo vinculado a la producción agropecuaria, el número reducido de estudiantes hace que, en muchas ocasiones, sean ellos mismos quienes eligen destino dentro de un abanico limitado de opciones, que se concentra principalmente en ganaderías de la zona.

“El sistema de prácticas es ahora mismo fundamental para el desarrollo de la profesionalidad en el sector agrícola”, expresa el vicedirector del centro. En este sentido, agrega que es necesario que el alumnado posea muchos conocimientos teóricos, pero todas las empresas solicitan un desarrollo práctico importante: “La mejor manera de poder formarlos es que empiecen a realizar prácticas lo antes posible, con una fundamentación teórica relevante”.

Además, se intenta que exista un buen encaje entre alumnado y empresa. “Prima que ambos estén cómodos: conocer en qué es bueno cada estudiante y buscarle el lugar adecuado dentro del abanico de entidades colaboradoras”, describe el profesorado. Asimismo, Teresa Santamarina resalta que la relación con las entidades y ganaderías con las que colaboran es positiva: “Es importante dialogar mucho y explicarles cómo es el perfil de las personas que van a acoger, además de incidir en que se están formando y no son trabajadores”. La profesora agrega que es gratificante ver la evolución de los estudiantes desde que empiezan las prácticas hasta que las finalizan: “Cuando hablas con ellos, comparten lo contentos que se sienten”.

Desde esta perspectiva, Pérez subraya que la demanda de personal en el sector es muy elevada: “Las ganaderías están pidiendo gente continuamente y muchas no encuentran”, lo que se traduce en que buena parte del alumnado que realiza prácticas tiene opciones reales de incorporación inmediata.

En cuanto a la fijación de población en el rural, el vicedirector apunta que el 80 % del alumnado que viene al centro es de la zona; por lo tanto, ya están apostando porque estudien allí y, posteriormente, en muchos de los casos, continúen con su vida laboral también en el área.

Así mismo, Carlos Iglesias asevera que estas formaciones tienen mucha salida: “Prácticamente el 90 % del alumnado que está ahora en las empresas realizando prácticas se suele quedar en ellas y, si no, en entidades similares. Tenemos un balance positivo en cuanto a colocación y formación”. La jefa del departamento añade que, a día de hoy, casi todas las corporaciones con las que colaboran ofrecen trabajo. Amil incide, en este sentido, en que la formación y la práctica son complementarias entre sí: “Es importante que lleven asimilados conocimientos desde el centro para después poder aplicarlos”.

Esta alta inserción también se confirma desde el propio profesorado, que destaca que muchos estudiantes acaban trabajando en las ganaderías donde desarrollan las prácticas o en empresas del sector, e incluso continúan en sus propias explotaciones familiares; en estos casos, las prácticas y la formación actúan como refuerzo para el relevo generacional en el sector.


Guadalupe Amil: “Este sector es duro, pero muy bonito”

Un sector muy tecnificado

El sector primario incorpora cada vez más innovaciones y tecnologías a sus negocios. Por ello, desde el centro subrayan la importancia que tiene que los alumnos lleguen al ámbito laboral con conocimientos ya asimilados: “Siempre ha sido clave contar con formación previa, pero hoy es fundamental, con la digitalización, las nuevas formas de trabajo, la robotización…”, comparte Santamarina. La profesora añade, en este aspecto, que formarse ayuda a los alumnos a adquirir la capacidad de aprender hábitos para buscar y contrastar información con el fin de solucionar problemas: “Nosotros les damos una base y herramientas. Después, es el día a día lo que consolida el aprendizaje”.

En el ámbito ganadero, esta necesidad es aún más evidente. Mónica Pérez recuerda que las explotaciones actuales están cada vez más tecnificadas, con sistemas automatizados de ordeño o alimentación y herramientas informáticas que requieren conocimientos específicos para su manejo e interpretación, además de que el apartado burocrático tiene cada vez más peso en estos negocios. A esto se suma la creciente exigencia normativa, que obliga a contar con una formación mínima para trabajar en el sector, tanto por requisitos legales como para acceder a determinadas ayudas o subvenciones.

Embellecer las granjas de la zona y celebrar unas jornadas ganaderas

Recientemente, en el mes de febrero, el centro organizó unas jornadas ganaderas, idea que surgió de dos de las profesoras del departamento: Teresa Santamarina y Mónica Pérez. Durante dos días, el instituto se convirtió en un punto de encuentro para alumnado, profesionales y ganaderos del entorno: “La idea era promocionar el ciclo de producción ganadera y dar a conocer las empresas al alumnado para que entrasen en contacto con el mundo profesional. Fue muy positivo y hubo bastante participación. Las corporaciones se implicaron mucho.  Esperamos repetir en próximos años”.

Estas jornadas se enmarcan dentro del Plan Proxecta de la Consellería de Educación, en concreto del programa Mestres Gandeiros, en colaboración con entidades del sector, y permiten acercar al alumnado a experiencias reales y a profesionales en activo, reforzando el vínculo entre formación y mundo laboral. Teresa Santamarina es la coordinadora del programa en el centro.

Dentro del mismo plan, Santamarina, junto con los profesores colaboradores y los alumnos, acuden a las ganaderías de la zona para contribuir en su mejora paisajística mediante tareas de ajardinado y plantación de árboles o arbustos, con lo cual se logra que las granjas ganen un toque estético: “La experiencia es muy buena. Al alumnado le gusta mucho y está muy contento, al igual que los ganaderos. Es una forma de vincular a los estudiantes con el sector y los ganaderos quedan muy agradecidos con nuestro trabajo”.

Este trabajo se realiza en colaboración con la Asociación de Defensa Sanitaria Ganadera (ADSG) de Arzúa, con su veterinaria titular, Margot García, y permite al alumnado participar directamente en la mejora paisajística de las explotaciones, combinando trabajo práctico en campo con una aproximación más técnica al sector.

Además, esta iniciativa se complementa con una vertiente más técnica, en la que el profesorado trabaja con herramientas como programas de geolocalización, sistemas GIS y cartografía de las explotaciones para planificar y situar los trabajos que realiza el alumnado en las granjas, integrando así la práctica de campo con la dimensión más innovadora y digital del sector agrario.

El bilingüismo en el IES, un aspecto esencial

En este centro poseen una sección bilingüe y, dentro de ese programa, cuentan con la presencia de una lectora estadounidense, Raven Ahenkora. El vicedirector comenta al respecto que todo lo relacionado con el aprendizaje en idiomas es importante para los alumnos tanto de ciclos como de la ESO y bachillerato: “La lectora en inglés es clave tanto en la formación profesional básica como en los ciclos medios, ya que son los que más vinculación tienen con el idioma. En ciclo superior también lo es, porque no todo el alumnado procede de un bachillerato, sino que está viniendo de ciclos de grado medio. Esa conexión con el inglés les ayuda a evolucionar en su trayectoria profesional, ya que muchas empresas lo están demandando para atender a la posible clientela”.

Así pues, se introducen contenidos en inglés en algunos módulos y se apuesta por mejorar la competencia lingüística del alumnado como herramienta para su futuro profesional, tal y como cuenta Santamarina: “A mí no me interesa tanto el que conozcan vocabulario técnico en sí como que realmente adquieran formación lingüística. La experiencia es positiva, se pasan las clases muy rápido y los jóvenes están atentos y participativos. De esta forma, hemos notado mejora no solo del inglés, sino también en otras lenguas, gracias a otros lectores que vienen de forma temporal al instituto”.

De esta forma, la figura de la auxiliar de conversación resulta clave. Raven Ahenkora centra su labor en fomentar la expresión oral del alumnado mediante presentaciones, debates y conversaciones sobre temas informales, como la cultura pop o aspectos cotidianos y actuales, con el objetivo de que los estudiantes se sientan cómodos hablando en inglés en un entorno distendido.

“La idea es que hablen sin miedo, sin que sea algo rígido”, explica, remarcando la importancia de generar confianza para que el idioma se convierta en una herramienta real de comunicación. En este sentido, subraya que ha percibido una evolución positiva en el alumnado, que participa más y se muestra cada vez más seguro al expresarse.

Aunque su trabajo se desarrolla principalmente en el aula, confía en que esta práctica contribuya a preparar a los estudiantes para experiencias internacionales, donde el inglés actúa como lengua común. De hecho, anima a quienes dudan a dar el paso: “Estar rodeado de personas que hablan otro idioma hace que aprendas rápido, incluso aunque al principio no tengas seguridad”.


Mónica Pérez: “Las ganaderías están buscando gente continuamente y muchas no encuentran”

La oportunidad de aprender en el extranjero

Gracias a la sección bilingüe del IES, los alumnos que quieren irse de Erasmus cuentan con mayor facilidad para comunicarse en sus destinos. Antes de la pandemia, en el instituto ya habían llevado a cabo alguna pequeña experiencia de Erasmus, pero a raíz de 2021 ya se incorporó de forma sistemática. En el centro disponen de dos tipos de Erasmus: uno, el propio programa para alumnado de educación secundaria y bachillerato, y otro, de formación profesional, consorciado con la Consellería de Educación.

En estos años, ya llevan realizadas más de 100 movilidades de estudiantado y alrededor de unas 30 de profesorado: “Nuestra política es la de recibir gente. Ahora nos han llegado alumnos de Francia y de Portugal. Nosotros también enviamos, no solo a estos dos países, sino a República Checa, Italia… tenemos un abanico de empresas con las que colaboramos”.

La experiencia de los alumnos que viven el Erasmus es realmente positiva ya que, según detalla Santamarina, adquieren habilidades de responsabilidad y de autonomía, además de la lingüística: “Es algo que te cambia la vida, porque te ves con fuerza para cosas que a priori pensabas que no eras capaz. Como dice el propio lema Erasmus, es abrir mentes. Nuestra labor aquí es la de poder brindarles esa experiencia. De hecho, como nuestro instituto es pequeño, cualquier alumno que quiera hacer Erasmus, puede, mientras que en otros centros hay que hacer selección”.

Esa vivencia la confirma el propio alumnado. Alejandro Currás, estudiante que inició su formación en FP Básica y actualmente cursa el Ciclo Medio Forestal, realizó una estancia Erasmus en las Azores (Portugal), donde trabajó en un vivero realizando tareas como trasplante, mantenimiento de plantas o limpieza de instalaciones.

“La experiencia fue muy buena”, anota. Más allá del aprendizaje técnico, destaca especialmente el crecimiento personal: “Estás un mes fuera, tienes que resolver los problemas tú solo y aprendes mucho de cara al futuro”, narra, poniendo en valor la autonomía que aporta este tipo de programas.

Por otra parte, el hecho de recibir estudiantes extranjeros en el IES también les brinda una vivencia positiva, aunque requiere de un doble esfuerzo, al tener que buscarles empresas que estén dispuestas a acoger alumnos extranjeros: “A veces les da un poco de miedo por el tema lingüístico, pero después se dan cuenta de que no es ningún problema”, relata Santamarina.

Un memorable viaje a Francia

En el mes de marzo, el IES organizó un viaje con el alumnado de FP Básica a la Bretaña francesa, donde trabajaron con los estudiantes de dos institutos. En uno de ellos, la escuela agraria, trabajaron mucho en mejora lingüística y en temas medioambientales. Con el otro centro llevan desarrollando durante dos años un proyecto eTwinning sobre sostenibilidad y reducción de la contaminación a través de la ropa. Así pues, prepararon con ellos un etiquetado de prendas y actividades de sensibilización ambiental: “Volvieron muy emocionados porque nunca pensaron que se iban a poder comunicar y a trabajar con sus compañeros franceses”, comparte Teresa Santamarina.

Granxa Ecolóxica Figueroa

Teresa Santamarina con Mario Prieto, trabajador de la granja; Jesús Valiño, propietario, y Hugo Rey, alumno en prácticas
Teresa Santamarina con Mario Prieto, trabajador de la granja; Jesús Valiño, propietario, y Hugo Rey, alumno en prácticas

La colaboración entre el IES y el tejido productivo local se materializa en explotaciones como Granxa Ecolóxica Figueroa, dirigida por Jesús Valiño, que desde hace cuatro años acoge alumnado en prácticas procedente del centro. Esta relación surgió por iniciativa del instituto, que buscaba granjas ecológicas donde el alumnado pudiese formarse en modelos productivos menos habituales en la zona.

“Nos lo propusieron y nos pareció una buena idea probar”, explica el ganadero, que resalta el valor de este tipo de experiencias tanto para los estudiantes como para la propia explotación. Hasta el momento, han pasado por la granja dos alumnos, con estancias que oscilan entre los cinco y seis meses, en función del calendario formativo.

Durante ese tiempo, el aprendizaje se centra en el día a día de la ganadería: desde el ordeño y el manejo del ganado hasta la detección de celos, enfermedades o partos. “Intentamos que ganen soltura en el trabajo real, en lo que van a encontrarse en una granja”, señala Valiño, que reconoce que el primer contacto suele ser más exigente para el alumnado, pero que la adaptación llega con el paso de las semanas.

La experiencia puede ir más allá del aprendizaje. Uno de los alumnos acabó incorporándose como trabajador tras finalizar el ciclo: “Ya tenía un buen nivel y le gustaba este sistema, así que decidimos contar con él”, expone el ganadero, que subraya la necesidad de mano de obra en el sector.

Desde la perspectiva empresarial, la valoración de estas prácticas es positiva. Aunque al inicio requieren más dedicación, con el tiempo los estudiantes se integran en la dinámica de la granja y aportan valor: “También ves lo que están aprendiendo en el instituto y puedes complementar esa formación con el trabajo real”, añade.

Para quienes quieran incorporarse al sector, Valiño lo tiene claro: la enseñanza previa y el contacto con la realidad de una explotación son fundamentales. “Es importante que sepan lo que es una granja por dentro antes de dar el paso” —afirma—, y marca un objetivo claro para evaluar el aprendizaje: que el alumno sea capaz de desarrollarse por sí mismo en tareas como el ordeño o detectar incidencias en el ganado.

El caso de Mario Prieto ejemplifica ese paso de la enseñanza al empleo. Exalumno del IES de Arzúa, que cursó el ciclo vinculado a la producción agroecológica, realizó sus prácticas en esta misma explotación, donde hoy trabaja como encargado.

Procedente de una familia vinculada al sector con ganado de carne, decidió formarse para conocer otro modelo productivo y ampliar sus conocimientos. “Quería ver cómo era el sistema de leche y probar algo diferente”, declara. Durante su paso por el instituto profundizó en aspectos relacionados con la producción ecológica, entre otros.

Su incorporación a Granxa Ecolóxica Figueroa fue una evolución natural: “Yo estaba contento aquí y ellos conmigo, así que decidí quedarme a trabajar”, resume. Una continuidad que refleja el potencial de estas experiencias como puerta de entrada al mercado laboral en el sector primario.

De cara al futuro, no descarta seguir creciendo dentro de la explotación o regresar a la ganadería familiar, pero tiene claro que su camino profesional está ligado al campo. En este sentido, subraya la importancia de la formación: “Hoy hay mucha tecnología y hay que tener unos conocimientos básicos”, apunta, animando a otros jóvenes a formarse en ciclos como los del IES de Arzúa, especialmente en ámbitos más específicos como la producción ecológica.

Junto a perfiles como el de Mario Prieto, que ya ha dado el salto al mercado laboral, la granja continúa acogiendo alumnado en formación. Es el caso de Hugo Rey, estudiante del ciclo de Producción Agropecuaria en el IES, que realiza por segundo año sus prácticas en esta explotación.

Procedente también de una familia con ganadería de vacuno de carne, decidió cursar estos estudios por su interés en el sector y la cercanía del centro. Durante su formación destaca la adquisición de conocimientos más técnicos, que ahora puede aplicar directamente en el día a día de la granja.

Su rutina refleja esa conexión entre teoría y práctica: ordeño, limpieza de camas, salida del ganado al pasto o detección de celos y partos forman parte de su trabajo diario. “En clase es más teórico y aquí es más de trabajar”, comenta, señalando la principal diferencia entre el aula y la realidad de la explotación.

La experiencia, asegura, está siendo positiva y le está permitiendo aprender el manejo real de una granja, aunque en su caso tiene claro su objetivo a futuro: incorporarse a la explotación familiar. “Me gustaría seguir en el sector, pero en casa”, afirma.

En este sentido, coincide en la importancia de contar con formación específica en un contexto cada vez más tecnificado: “Cada vez hay tecnología más moderna y hace falta un nivel de estudios alto”, apunta. Además, pone en valor el acompañamiento del profesorado y el contacto directo con el sector como dos de los aspectos más relevantes de su paso por el IES de Arzúa.

Además de la formación, la granja también participa en iniciativas como el proyecto de mejora paisajística impulsado en colaboración con la ADSG de Arzúa. En su caso, han apostado por introducir frutales y por cuidar zonas que estaban más abandonadas para mejorar la imagen de la explotación: “Una granja cuidada, con plantas o murales, transmite otra imagen, más cercana a la de una empresa moderna”, precisa Valiño.


Jesús Valiño: “Es importante que sepan lo que es una granja por dentro antes de dar el paso”

Casa Eiras

Teresa Santamarina con Fernando Lago, socio de la granja, y Rubén Alonso, trabajador
Teresa Santamarina con Fernando Lago, socio de la granja, y Rubén Alonso, trabajador

Otra de las explotaciones que colabora con el IES es Casa Eiras, ubicada en el municipio de O Pino (A Coruña) y gestionada por Fernando Lago junto a su mujer, Zaira Rodríguez. En este caso, la relación con el centro surge de una forma más cercana: uno de los alumnos en prácticas, Rubén Alonso, es vecino de la zona y fue él mismo quien propuso realizar su formación en la granja.

“Lo conocemos desde que nació y sabíamos de su interés por el sector, así que accedimos sin problema”, explica el ganadero, que además guarda un vínculo personal con el propio instituto, donde también se formó. Tras esta primera experiencia, ya han acogido a otro alumno en prácticas.

La estancia de los estudiantes en Casa Eiras se caracteriza por una implicación directa en el día a día de la ganadería. Más allá de los conocimientos técnicos, el equipo pone el foco en aspectos personales: “Es importante que les guste esta forma de vida, los animales y que sepan trabajar en equipo”, señala Lago.

En cuanto a las tareas, la formación es integral. El alumnado participa en labores relacionadas con el manejo del ganado, limpieza, cuidado de terneros o uso de maquinaria, con el objetivo de que adquieran una visión global del funcionamiento de una explotación ganadera.

La experiencia con Rubén fue más allá de las prácticas, ya que tras finalizarlas se incorporó como trabajador. “Queríamos ampliar la plantilla y, conociendo sus ganas de seguir en el sector, era una oportunidad clara”, explica el ganadero, que destaca la importancia de ofrecer continuidad a perfiles con motivación y vocación.

Desde su punto de vista, esta colaboración no solo beneficia a las explotaciones, sino también al conjunto de la comarca. “Se necesita gente formada, pero también preparada para la realidad del trabajo diario”, afirma, defendiendo un aprendizaje que combine teoría y práctica y que se adapte a distintos perfiles.

En este sentido, considera que este modelo formativo es clave para garantizar el relevo generacional en el sector: “Hay personas que aprenden mejor desde la práctica, y son precisamente esas ganas y esa ilusión las que hacen falta para el futuro del campo”, concluye.

El recorrido de Rubén Alonso refleja precisamente ese vínculo entre formación y empleo en el entorno local. Con 18 años, cursó la FP Básica de jardinería en el IES de Arzúa y llegó a Casa Eiras para realizar sus prácticas, a pesar de no proceder de manera directa de una familia ganadera.

“Siempre me gustó este mundo”, comparte, señalando la cercanía del centro y del sector como factores clave en su elección formativa. Durante su paso por el instituto destaca, más allá de los contenidos técnicos, el aprendizaje de la responsabilidad en el trabajo diario y su aplicación en un entorno real.

Su experiencia en Casa Eiras fue, según sus propias palabras, “fenomenal”. La integración en el equipo y el contacto directo con el trabajo con animales le permitieron adaptarse rápidamente a la dinámica de la explotación, hasta el punto de que su incorporación como trabajador surgió de forma natural: la granja buscaba ampliar plantilla y él encajaba con lo que necesitaban.

A diferencia de otros perfiles, Rubén pone el acento en el valor de la práctica frente a la teoría: “Con la práctica se aprende todo”, afirma, aunque reconoce la importancia de contar con una base formativa y anima a otros jóvenes a formarse en el IES de Arzúa, tanto por la calidad de la enseñanza como por las oportunidades laborales que ofrece el sector.


Fernando Lago: “Hay personas que aprenden mejor desde la práctica”

Balance positivo

El vicedirector del centro comenta que ahora mismo están en un periodo de bonanza en cuanto a ciclos en el instituto: “El problema es nuestra falta de espacio, si no, sí que creceríamos bastante más. Sin embargo, nuestra tendencia seguirá evolucionando según lo haga el sistema educativo. Si podemos abrir más ciclos, adelante. Somos un departamento dinámico y nos gusta apostar por el sistema educativo”.

La jefa del departamento anima a los jóvenes a formar parte de este sector: “Es duro, pero muy bonito. A la gente a la que le gusta le resulta muy gratificante, y en este momento hay bastante demanda de empleo. Animamos a todo el mundo que quiera a venir, que aquí les recibiremos con los brazos abiertos”.

Desde el profesorado también lanzan un mensaje de futuro para el sector: “Hay salidas. Comer, vamos a comer siempre, y el monte va a estar ahí y habrá que gestionarlo”, resume Piñeiro, que anima a quienes tengan interés a formarse en este ámbito profesional.