GRANXA GRIXEIRA. COSPEITO (LUGO)
Localización: Cospeito (Lugo)
Propietarios: Pepe García y Zeltia González
N.º total de animales: 280
Vacas en ordeño: 160
Media de producción: 37 l/vaca/día
Porcentaje de grasa: 4,20 %
Porcentaje de proteína: 3,50 %
Venta de la leche: Entrepinares
Son muchos los negocios que en Navidad se adornan con detalles, regalos y luces de diferentes colores, pero no es tan habitual ver este tipo de decoraciones en las ganaderías de leche. ¿Por qué no?
Granxa Grixeira se salió de lo rutinario hace ya unos cuantos años y cada diciembre resulta muy llamativo pasar por la carretera que rodea sus instalaciones. Un enorme árbol creado con bolas de silo preside su entrada y da la bienvenida a todos los visitantes de una manera cálida y diferente.
Todo comenzó gracias a Aldara y Antía, las hijas de los propietarios, Pepe García y Zeltia González, que “tiraron un poco de nosotros para hacer algo divertido, como dicen ellas”. En su aldea, según cuenta Zeltia, quedan pocos vecinos y cualquier iniciativa se convierte en algo positivo y dinamizador.
La tradición se mantiene desde aquel primer año y cada diciembre vuelven a montar el árbol con bolas de silo y luces. “Como quedó bonito y gustó mucho, seguimos con la buena costumbre”, asegura. Eso sí, cada Navidad se reinventan y añaden alguna novedad: “Este año optamos por la diversidad de colores de nuestras vacas: una negra, una blanca y una marrón”, detalla.
La ganadera reconoce que le produce satisfacción ver cómo la gente se acerca a comprobar su trabajo y cómo, de algún modo, contribuyen a dar vida al entorno.
Aun así, detrás de esta decoración navideña hay una reflexión más profunda: la necesidad de mejorar la imagen de la ganadería. Zeltia considera que, igual que en cualquier otro ámbito, la imagen cuenta, y que iniciativas como esta ayudan a alejar prejuicios. “La gente tiende a pensar que el campo es sucio o que huele mal, cuando en realidad hay mucho cuidado y respeto por el bienestar animal”, explica.
Mostrar ese lado más amable y cuidado es, para ella, una forma de acercar el sector a la sociedad y conseguir que, cuando alguien vea de dónde sale la leche, le apetezca más consumirla. En este sentido, están siempre abiertos a visitas y a colaboraciones, por ejemplo, con diferentes colegios en las que muestran la realidad del lácteo.
Por ello, el cuidado de las instalaciones de la ganadería no solo se manifiesta en esta época del año, sino que en Granxa Grixeira mantienen durante los doce meses una atención especial por la decoración, los jardines y la presencia visual de su negocio.
Un proyecto de vida
Esta forma de implicarse con lo suyo no es de ahora; viene de mucho más atrás, de hace unos catorce o quince años, momento en el que Pepe y Zeltia decidieron formar un proyecto de vida en común alrededor de la ganadería que había iniciado la familia de él.
Los abuelos de Pepe afrontaron el negocio de las vacas de leche en los tiempos de la colonización, cuando el Instituto Nacional de Colonización y Desarrollo les concedió una propiedad que incluía unas pequeñas naves para el ganado. “Por aquel entonces todos empezaban con poquitos animales, fueron creciendo poco a poco y fue el padre de Pepe, Rubén, quien acometió los grandes cambios”, recuerda Zeltia.
Tras varias ampliaciones, pasaron de estabulación atada a estabulación libre y fueron dando pequeños pasos hasta que, por el año 2018, tanto Rubén como su mujer Mari se acercaban a la edad de jubilación. Era el momento de tomar una decisión.
Pepe, que estudió dos ciclos formativos ligados a este mundo, uno de explotaciones agrícolas y otro de productos lácteos, probó suerte trabajando por cuenta ajena en varias empresas de maquinaria y de transportes, pero, finalmente, siempre estuvo vinculado a la granja, porque en la ganadería trabajo siempre había. “Y lo que sí tuvo muy claro desde siempre —subraya Zeltia— es que sus padres merecían descansar cuando les llegara la edad de jubilación, porque ya habían trabajado bastante”.
Por su parte, Zeltia había pensado en dedicarse a la enfermería, pero “como Pepe ya andaba con la idea de quedarse en la ganadería”, decidió cambiar y se decantó por una ingeniería agrícola.
Al terminar los estudios, ambos se incorporaron a la que por aquel entonces se llamaba Gandería Rubén y, finalmente, en 2018 dieron forma a Granxa Grixeira, una ganadería de producción lechera en la que buscan “ser lo más autónomos posible, garantizar el máximo bienestar animal y personal, y alcanzar el mayor de los rendimientos”.
Instalaciones y lotes
Actualmente, suman un total de 280 animales que distribuyen en tres naves, dos de ellas propias y una alquilada. La nave de producción está formada por la parte antigua de la ganadería y su ampliación, y en ella descansan tres lotes de productoras: las primíparas, las de segundo parto y las vacas adultas de tres partos o más. “En cada uno de estos lotes tenemos un robot de ordeño e intentamos que nunca superen los 60 animales”, apunta Zeltia.
En otra de las naves propias mantienen la amamantadora y la recría más joven, y en la alquilada, el resto de la recría. Además, cuentan con una instalación, a unos 600 metros, que dedican a almacén de forrajes y de maquinaria.
Las vacas de producción descansan sobre camas de arena, que “se limpian dos veces al día y se renuevan cada siete o diez días”, señala la ganadera, mientras que las secas y la recría tienen camas de paja a las que se les pasa una encamadora cada dos días.
“La arena nos parece el material más óptimo por comodidad e higiene, y con la paja aprovechamos el estiércol y resulta un manejo cómodo”, matiza.
Por un lado, los comederos están recubiertos de acero, hormigón o azulejo, dependiendo de la zona, pero todo con el mismo objetivo: mantener el alimento de los animales en las mejores condiciones y sin que se caliente. Por otro, los bebederos son todos de acero y de volteo, excepto los de la amamantadora, que se limpian por el fondo para facilitar la tarea. Suelen limpiar los de las terneras y novillas cada dos días, cuando encaman, y los de producción, a diario.
Para el bienestar animal, instalaron cepillos rascadores en todos los lotes de producción y en la nodriza. “En los lotes de recría no tenemos, porque necesitamos buscar la colocación ideal para que no dificulten la limpieza diaria”, comenta Zeltia.
También incorporaron en la nave más antigua, donde está el lote de vacas adultas, ventiladores y duchas para combatir el estrés por calor. “La nave de uralita, más cerrada, acumula mucho más el calor y el ambiente es más cálido y cargado, algo que las vacas notaban y sufrían”, admite.
La limpieza de los pasillos la realizan con arrobaderas automáticas, la mayoría por cable y otras hidráulicas, que pasan con mucha frecuencia para mantener los patios lo más limpios y secos posibles. Todo el estiércol se acumula en seis fosas de purín, cuatro de ellas cubiertas, con una capacidad total de 3.330 m3.
Algo curioso de esta ganadería lucense es que organizan su rebaño en muchos lotes con pocos animales: “A día de hoy debemos tener unos 15 o 16 lotes”. Desde que las terneras salen de los boxes individuales, a los siete u ocho días, pasan a la amamantadora, donde hay dos lotes, y desde que se destetan, a los 70 días aproximadamente, permanecen en cada uno de sus grupos hasta que se incorporan a la producción. “Procuramos no mezclarlas y que vayan siempre juntas para que no exista competencia entre ellas y evitarles el estrés de andar cambiando de grupo”, aclara Zeltia.
Automatización pensada para las personas
Hasta el año 2019, en Granxa Grixeira ordeñaban a las vacas en una sala en espina de pescado de 10 puntos, pero “el ordeño nos llevaba mucho tiempo” y comenzaron a pensar en un cambio de sala.
Entonces, la idea de los robots ni se les pasaba por la cabeza, hasta que visitaron una ganadería en la que dos matrimonios ya se habían decantado por robotizar el ordeño de sus animales y les dijeron: “¿Pero habéis pensado bien lo que estáis buscando? ¿En el año 2020 vais a meteros en otra sala?”.
Zeltia reconoce que aquella pregunta se le quedó grabada en la memoria y que le propuso a Pepe pensarlo bien antes de tomar una decisión. “Aquellos ganaderos me abrieron los ojos y hoy en día estoy muy contenta de haber cambiado de idea”.
Recuerdan el primer año como un tiempo de adaptación, tanto para los animales como para ellos y sus trabajadores, porque califican las labores como “completamente distintas”, pero, pasado un tiempo, este sistema “permite hacer mucho más en muchas menos horas”.
Aumentaron el número de ordeños hasta alcanzar una media de 3,5 al día; las vacas están mucho más tranquilas, porque “cada una hace un poco lo que le parece: unas están tumbadas, otras pasean y otras están comiendo”, y las personas tienen otra calidad de vida y de trabajo.
“Nosotros no tenemos que estar tan pendientes del reloj, que era algo que te agobiaba los 365 días del año. Ahora, si no llegas a las seis, llegas a las ocho o a las diez, y no pasa absolutamente nada, porque, a lo mejor, solo tienes un retraso de alguna vaca a la que no le ha dado la gana de entrar a ordeñarse”, valora Zeltia.
La llegada de los robots marcó el inicio de un proceso de automatización más amplio en esta ganadería. Junto a ellos incorporaron los collares de actividad, un empujador automático de alimento y una amamantadora para la recría.
Los collares les facilitan el control de todo el rebaño, especialmente de la recría. “Nos ayudan sobre todo a detectar los celos y también a ver si alguna vaca baja de producción o de actividad”, concreta la ganadera.
El empujador, aunque era una solución que no tenían prevista inicialmente, resultó clave: “Como las vacas no estaban acostumbradas a levantarse de noche para ir al ordeño, vimos necesario poner algo que mantuviera la comida siempre cerca y las estimulara a moverse hacia el robot”.
Y, por último, la incorporación de la amamantadora automática para la alimentación de las terneras completó un sistema que no solo mejora la eficiencia y la comodidad del trabajo diario, sino también el bienestar de los animales y la conciliación familiar.
Fases de alimentación
El proceso de alimentación de sus terneras y novillas se estructura en varias fases. “Las terneras recién nacidas toman el calostro, la leche de la madre, durante unos cuatro días”, indica Zeltia. Entre el quinto y el sexto día van mezclando la leche de la amamantadora con la de la madre para que “al décimo día puedan pasar a la amamantadora y tomar solo esa otra leche”. En esta etapa, disponen siempre de pienso a discreción; al principio un starter con copos y, cuando se acerca el destete, un pienso de recría granulado que seguirán tomando hasta aproximadamente los seis meses.
La recría, organizada en lotes de entre siete y nueve animales, como ya comentamos anteriormente, se va trasladando según el espacio y la fase de desarrollo. A partir de los seis meses “comienzan a comer una mezcla de unifeed de recría, aunque durante unas semanas hacemos la transición mezclando el pienso anterior con el nuevo, y disponen también —añade Zeltia— de hierba a discreción para acostumbrarse a la fibra”.
Las vacas secas reciben “mezcla específica de secas con unos 15 kg de silo de hierba, 4 kg de paja y 3,5 kg de pienso de secas” y son “punteadas quince días antes del parto con un pienso de preparto y con un poco de la ración de las de leche”, resume.
El agua, según señala la ganadera, “está siempre disponible desde el primer día”, aunque en los primeros tiempos “las terneras juegan más con ella que beben realmente”.
Las raciones de novillas, secas y vacas son elaboradas cada mañana por Pepe en su propio carro unifeed. La de las productoras está compuesta por 25 kg de silo de hierba, 23 kg de silo de maíz, 8,5 kg de pienso y 1 kg de paja o hierba seca.
Forrajes propios y para la venta
Todos los forrajes que necesitan para la alimentación de sus animales son cultivados en una base territorial de unas 250 hectáreas, 78 propias y el resto alquiladas.
Aunque las manejan todas en un radio de unos 8 o 10 kilómetros, “el tamaño de las fincas no es muy grande, pero, a base de ir cambiando con unos y otros vecinos, conseguimos tener parcelas un poco más aceptables”, afirma Pepe.
Las dedican a dos grandes cultivos: maíz y hierba. Al maíz destinan entre 40 y 48 hectáreas y siembran dos ciclos diferentes: “Un 280 que se siembra antes, para las zonas más húmedas, y otro más corto, un 200, para el resto de las tierras”. Suelen recogerlo y ensilarlo en la primera semana de octubre.
Para la hierba usan una mezcla de raigrás con leguminosa en unas 48 hectáreas y el resto lo cultivan todo con raigrás. “Normalmente, hacemos tres o cuatro cortes, pero hay zonas en las que solo podemos hacer dos. De lo que sí nos aseguramos es de sacar adelante dos donde luego vamos a rotar con maíz”, acentúa.
Como consiguen mucho excedente de hierba, llevan años vendiendo hierba seca y bolas de silo a otras ganaderías, “vecinos de siempre, otros ganaderos que acabas conociendo por el boca a boca e incluso vendiendo para Portugal”.
Para todos estos trabajos cuentan con un importante parque de maquinaria —arado, gradas rotativas, sembradora tanto de maíz como de hierba, segadora con cinta, equipos de siega, rastrillos esparcidores, rotoempacadora, encintadora, macroempacadora—que les permite ser totalmente autónomos: “Solo contratamos los ensilados de maíz y de hierba, el resto lo hacemos todo nosotros, entre los empleados y yo—aclara Pepe—”.
Para cumplir con las obligaciones de la PAC, en Grixeira en los últimos años se han adherido a los ecorregímenes de cultivos con especies mejorantes y de zonas de no siega. Pepe explica que sembraron “leguminosas y dejamos las áreas de no siega, en nuestro caso, unas 4 hectáreas, cerca de 5”, pero está pensando que el próximo año no solicitará este último, porque “ya tuve algún problema con algún arrendatario, que no le parece muy bien que no siegue su finca y sí la del vecino”.
Además, critica que “esas áreas no se pueden segar hasta el 1 de septiembre, lo que hace que no le saquemos ningún provecho a esa hierba, porque a esas alturas del año ya está quemada o, en el caso de zonas muy húmedas, negra, y no sirve para nada”.
¿Desde cuándo trabaja en Grixeira y por qué comenzó su relación?
Hace unos cinco años que estoy trabajando aquí. En mi primera visita, vimos que había que revisar la circulación al robot, ya que no conseguían muy buena media, y les di unas indicaciones y mi opinión sobre lo que podía estar pasando. A partir de ahí, Zeltia y Pepe vieron que, con las modificaciones que habíamos aplicado, logramos mejores resultados y, tras esto, comenzamos a trabajar en la alimentación.
¿En qué consiste su asesoramiento?
Realizo un seguimiento de la alimentación en todas las fases de la granja, desde las más pequeñas hasta las de lactación y secas, pero no limitándome solo a la alimentación, también a detectar posibles errores o motivos por los que no haya buenos resultados en ese momento. Puede deberse a la variabilidad de cada silo —como por la calidad de la hierba o por la forma de ensilar de esta granja—, a una posible circulación vírica o a cualquier otra causa. Mi labor es identificar qué puede estar pasando y corregir esa circunstancia para recuperar los mejores resultados posibles.
¿Puede contarnos las raciones que están administrando y por qué se hacen así?
Elaboramos la ración de lactación, una de vacas secas, otra para novillas y otra intermedia para terneras hasta los nueve meses.
De cinco a nueve meses se hace una alimentación con producto seco para favorecer el desarrollo ruminal y, a partir de los nueve meses, ya se introducen productos húmedos, como el silo de hierba, igual que en la ración de las novillas de más edad y de las vacas secas.
Ahora mismo, la ración de lactación lleva 8,5 kg de pienso, 23 kg de silo de maíz, 25 kg de silo de hierba y alrededor de un kilo de paja o hierba seca, según su calidad, para corregir la humedad de la ración.
La de vacas secas lleva 3,5 kg de pienso, 4 kg de paja y unos 15 kg de silo de hierba.
Las más pequeñas comen hierba seca y 4 kilos de concentrado y las novillas preñadas se alimentan junto con las vacas secas, por manejo.
En cuanto al pienso del robot, el planteamiento inicial es de 7 kilos según tabla. A lo largo del año estamos en un 94-95 % de consumo, gracias a la buena circulación, y nos movemos en una media de entre 6,7 y 7 kilos por animal.
¿Cómo fue la adaptación al robot?
Cuando yo llegué, llevaban unos seis meses con los robots instalados y en la primera visita les dejé unas indicaciones para modificar la configuración. Zeltia y Pepe aplicaron los cambios y ya notaron diferencias en el número de ordeños.
En la siguiente visita, analizamos la situación de la granja: días en leche, número de animales gestantes… En ese momento estaban en 235 días en leche y con una media de 33 litros. Comenzamos entonces a trabajar en mejorar la fertilidad, reducir los días en leche y mejorar la circulación de las vacas en el robot. Fue un proceso lento, pero a lo largo de estos cinco años, se pasó de 235 a 185 días en leche y se mejoró en 15 puntos el porcentaje de vacas preñadas.
Ahora, el futuro está más encaminado, aunque siempre hay cosas que seguir mejorando.
¿Están intentando mejorar algún aspecto concreto?
Sí. Estamos trabajando en reducir la variabilidad en la calidad de los silos. Hay diferencias entre fincas y, además, aquí se ensila en rampa y no en capas, lo que hace que, a medida que se avanza en el silo, cambie mucho la composición.
A veces notamos cambios en el comportamiento de los animales sin saber bien por qué, y el motivo suele ser ese: pasamos de una composición a otra en cuestión de días.
Hace unos meses se instaló un NIR en el carro, con el objetivo de ajustar mejor la analítica y trabajar por materia seca, para corregir la humedad de la ración. Cuando funcione plenamente, lo emplearemos para analizar varios parámetros, pero sobre todo para ajustar la cantidad de forraje en función de la humedad diaria.
¿Y el asesoramiento en la recría?
Aquí el manejo está muy asentado. Hacemos prevención frente a Clostridium y procesos respiratorios. Durante bastante tiempo hicimos mediciones de crecimiento y llegamos a un punto de trabajo estable con una tabla y una curva en la amamantadora, con la introducción del starter y el calendario de vacunaciones bien definido.
El destete varía un poco según la capacidad que tengan para mover los lotes, porque ellos trabajan, salvo en casos de fuerza mayor, con lotes cerrados. En cuanto hay animales suficientes, se desteta el lote completo, que permanece junto hasta el parto.
¿Qué importancia le dan a la calidad de los forrajes?
La calidad de los forrajes depende mucho del tipo de suelo y de la climatología de la zona. Se hacen los trabajos según se puede. El año pasado, por ejemplo, se ensiló muy tarde y bajó mucho la calidad de la hierba. Con el maíz pasa algo parecido: cuando comienzan las primeras lluvias, hay que aprovechar un día para ensilar, porque, si sigue lloviendo, luego no se puede entrar con las máquinas. Por lo tanto, la calidad es mejorable, sobre todo en el manejo del ensilado, porque el cultivo depende en buena medida del suelo y del clima.
¿Por qué considera necesario este tipo de asesoramiento? ¿Cómo puede mejorar la rentabilidad?
El asesoramiento es necesario porque cada granja está sometida a muchos cambios a lo largo del año, tanto en la alimentación como en otras circunstancias. El técnico es el encargado de mantener una línea de trabajo conjunta con el ganadero, acorde con la filosofía de cada granja.
Aquí, por ejemplo, el principal hándicap es producir una leche de alta calidad por la exigencia de la industria y eso condiciona toda la alimentación y la circulación de las vacas. Sumado a la variabilidad de los forrajes y a las circunstancias del año, se hace imprescindible tener a alguien que mantenga esa línea y ayude a cumplir los objetivos.
Compromiso con la sostenibilidad
Para Pepe y Zeltia, la sostenibilidad va mucho más allá del cumplimiento de una normativa o de un requisito de la PAC: “Para nosotros, ser sostenibles es cerrar el círculo. Tener todo controlado, hacer los trabajos en el momento más adecuado para recoger la materia prima en las mejores condiciones”. Ese equilibrio lo consiguen gracias a su autonomía en el manejo de las tierras, a la disponibilidad de mano de obra y a una maquinaria que les permite actuar cuando el tiempo lo permite, sin depender de terceros.
Contar con una base territorial amplia también les facilita una gestión eficiente de los purines. “El hecho de tener hectáreas suficientes nos permite aplicar los purines en buenas condiciones y, sobre todo, tener dónde echarlos en invierno, gracias a la capacidad de almacenamiento que tenemos”, apunta Zeltia. Esta planificación les garantiza un uso racional de los nutrientes, lo que reduce el impacto ambiental y se aprovechan mejor los recursos propios de la explotación.
Realizan análisis de tierras para ajustar la fertilización, así como análisis periódicos de purines y estiércoles, y todo queda registrado en su cuaderno digital. También aplican un manejo muy estricto de los fitosanitarios: “Antes se aplicaba el tratamiento casi por rutina; ahora, esperamos a que emerja el cultivo y hacemos una aplicación específica, solo cuando es necesario”.
La tecnología también juega un papel importante en su gestión diaria. Instalaron hace meses un NIR en su carro mezclador que analiza la ración en tiempo real, adaptando las proporciones según la materia seca del momento. “Aunque nos costó mucho entender técnicamente su aplicación —cuenta Zeltia, que pasó meses de formación con un técnico italiano—, nos permite optimizar el aprovechamiento de los alimentos”.
Esta filosofía también se traslada al ámbito de la prevención sanitaria. Están aplicando secado selectivo y solo usan antibióticos cuando es realmente necesario: “Antes se aplicaba el antibiótico a todas las vacas y, ahora, revisamos el recuento de células somáticas y la clínica de cada animal durante su lactación. Solo se proporciona cuando hace falta y sabiendo qué antibiótico es el adecuado”.
Apuestan por la prevención, “con el uso de vacunas y un seguimiento constante de los animales a través de los programas informáticos, tanto en el robot de ordeño como en los collares”, afirma Zeltia. Logran así un control más exhaustivo que les ayuda a mantener el bienestar animal y, al mismo tiempo, reducir el uso de medicamentos.
Ejemplares equilibrados y sólidos
En el proceso de automatización de la ganadería, Pepe y Zeltia monitorizaron a sus animales con collares de actividad gracias a los cuales pueden “controlar los celos de cada una de las vacas y, sobre todo, de las novillas, porque con las de producción siempre se interacciona más y se las ve mejor, pero a las naves de recría se va menos y era más complicado”.
Ahora, revisan la información que les proporcionan los collares para “poder inseminar en el momento más óptimo tanto a vacas como a novillas sobre los 13 o 14 meses” y están teniendo una media de inseminaciones por preñez de 1,9 para novillas y de 2,2 para vacas y unos 2,5 partos por vaca.
Hace años seleccionaban sementales grandes, pero hoy en día buscan toros más bien equilibrados: “Las vacas grandes sufren mucho de patas y son más difíciles de adaptar a los cubículos y a los robots, por eso ahora nos decantamos por ejemplares equilibrados, con buenas patas y, sobre todo, con buena colocación de ubres y de los pezones”.
Apuestan al 100 % por la raza holstein y también revisan bien aquellos animales que transmitan buenos sólidos de grasa y proteína. Entre probados y genómicos, suelen utilizar más probados, aunque “si hay algún genómico que nos convenza también lo compramos. Nos gusta ir más a pie firme y saber con certeza lo que nos podemos encontrar”, admite Zeltia.
El semen sexado lo reservan para la primera inseminación de novillas y de vacas o de aquellos animales que quieren recriar. Para el resto, usan semen convencional y en aquellas repetidoras o en las que no quieren recriar ponen angus.
Para la reproducción, el programa sanitario, la calidad de la leche y la clínica recurren a los servicios de asesoramiento del Centro Veterinario Meira.
La producción media en Grixeira es de unos 37 litros por vaca y día, con unos porcentajes de 4,20 % de grasa y 3,50 % de proteína.
La venden toda a Entrepinares desde el año 2018. “Esta industria —comenta Zeltia—, al ser una quesería, nos exige unos mínimos de sólidos y es por eso que nos estamos centrando más en conseguir grasa y proteína que litros de leche”.
El precio ahora mismo es de 0,51 €/litro más calidades. “A pesar de que el precio subió y se mantuvo más o menos estable, el resto de las materias primas también subieron y nunca más volvieron a bajar, el tema de la mano de obra continúa estando complicado y la burocracia a veces nos asfixia”, así describe Zeltia la situación actual del sector.
Con cuatro trabajadores actualmente en la ganadería, les gustaría poder mantenerse así. “Tres de ellos llevan ya mucho tiempo con nosotros y de esta forma es como puedes tener todo cubierto, en caso de cualquier imprevisto, y organizar libranzas y vacaciones”, concluye.
Además de mantener el equipo estable, aseguran que apostar por tecnología que “te facilite el trabajo, para que sea ágil y más cómodo y para que, si te quedas sin personal, se pueda sacar el día a día adelante, es absolutamente fundamental en el devenir de una ganadería actual”.
Cómo hemos cambiado en trece años
Corría el año 2012 cuando el equipo de Vaca Pinta visitó por primera vez a Pepe y a Zeltia, de Granxa Grixeira. Por aquel entonces, la ganadería no se llamaba así todavía y, en comparativa con la actualidad, había algún que otro aspecto diferente. ¿Los repasamos?

El nombre de la granja era Gandería Rubén, el mismo que el del padre de Pepe, que por aquel entonces dirigía el negocio con su mujer Mari. Zeltia y Pepe habían decidido hacía poco tiempo quedarse con el proyecto familiar y acababan de ser padres de su primera hija, Aldara, que hoy en día ya tiene 14 años y otra hermana de 12, llamada Antía.
Tras todo este tiempo, Mari y Rubén se jubilaron y ahora las riendas han pasado a su hijo y a su nuera. Sumaban un total de 160 animales con unas 80 vacas en producción y, en estos años, el crecimiento fue paulatino hasta llegar a los 280 ejemplares y doblar exactamente el número de productoras: 160.
Las antiguas naves de la ganadería siguen activas, pero mucho más ampliadas. En la primera nave de producción derribaron parte de los muros e instalaron también sistemas de ventilación y duchas para luchar contra el estrés por calor. Por su parte, la organización del rebaño sigue siendo la misma, con muchos lotes y grupos de animales que crecen juntos desde muy pequeños hasta que llegan al parto y se incorporan a la producción.
Lo que sí transformó mucho el día a día de esta ganadería fue la llegada de las nuevas tecnologías y de varios robots. La sala en espina de pescado 2x5 en la que ordeñaban a sus vacas dos veces al día fue sustituida por tres robots de ordeño, que ahora logran una media de 3,5 ordeños diarios. La limpieza de las arrobaderas manuales pasó a ser automática y de cuatro fosas para el purín pasaron a seis, lo que aumentó considerablemente su capacidad de almacenaje.
Casi se olvidaron de alimentar a las terneras recién nacidas, porque ahora de esa labor se encarga una amamantadora, y el control de la actividad y de los celos de cada una de sus vacas es mucho más riguroso tras la monitorización de cada animal con collares.
Su base territorial se multiplicó por cuatro o más, pues en 2012 trabajaban 56 hectáreas y en 2025 gestionan 250 ha. Ahora, también se dedican a vender el excedente de hierba como un extra del negocio.
Otra diferencia interesante fue el cambio de industria a la que venden la leche. En aquel año destinaban toda su producción a Danone y, a día de hoy, son proveedores de Entrepinares. El precio de Danone en 2012 era de 291 €/tonelada. Trece años después, el precio pagado por su leche es de 510 €/tonelada, más calidades a parte en ambos casos.
El destino de la producción, una quesería, también hizo girar su manera de selección genética. Entonces, estaban enfocados en la cantidad y, ahora, en los sólidos: en la grasa y la proteína. De hecho, la producción se mantiene más o menos igual, de 36,5 litros/vaca/día pasó a 37, pero las calidades se incrementaron considerablemente de un 3,72 % en grasa a un 4,20 % y de un 3,15 % en proteína a un 3,50 %.
Lo que no cambió en ningún caso fue su pasión por el negocio familiar, por las vacas y por el mundo de la ganadería ni su filosofía de trabajo: la búsqueda de un manejo cada vez más cómodo y adaptado a los tiempos que corren, que les permita conciliar mejor su vida profesional con su núcleo familiar.
Tampoco variaron sus esfuerzos por mantener una imagen bonita y cuidada de su ganadería, con las zonas comunes extremadamente recogidas y limpias, y con jardines que favorecen una imagen positiva del sector lácteo.

