RUBÉN LÓPEZ, VETERINARIO EN CAMPOASTUR

“Queríamos entender a los jóvenes y que se sintieran parte activa de la cooperativa”

Campoastur Next es el programa que la cooperativa asturiana Campoastur ha impulsado recientemente para ayudar a los jóvenes en su incorporación a la actividad ganadera. Sobre esta iniciativa habla en esta entrevista Rubén López, veterinario de Campoastur Productos y Servicios y uno de los ponentes de la Jornada Africor Lugo-Vaca Pinta 2026. Más en Vaca Pinta 58.

¿Cómo ha sido tu trayectoria profesional hasta el día de hoy?

Estudié en la Facultad de Veterinaria de Lugo. Después empecé realizando tareas de saneamiento, una etapa que me permitió tener un contacto directo con el mundo rural y con el vacuno, aunque no era un ámbito ajeno para mí. Más tarde, trabajé en clínica durante un par de años y, posteriormente, me incorporé a una de las cooperativas que acabaría formando parte de Campoastur, donde me desempeño en la actualidad.

¿Qué funciones y tareas realizas en tu día a día como veterinario en Campoastur?

Desarrollamos un servicio de control de reproducción junto con otros profesionales de la empresa y otro de defensa sanitaria ganadera, dentro de la ADSG. También trabajamos en un centro de destete de terneros que proceden mayoritariamente de ganaderías socias de Campoastur. Además, colaboramos en distintos programas de innovación e investigación con entidades regionales y europeas.

¿Cómo y cuándo surgió la idea de lanzar Campoastur Next?

Nació de una forma muy natural, en una comida con compañeros de dirección. Hablábamos de que había un gran apego por parte de los ganaderos históricos que cofundaron la cooperativa, pero percibíamos que entre la gente joven existía más dispersión, menos relación y una conexión más débil con la estructura cooperativa. También somos conscientes de que en los próximos años habrá menos gente en el campo, así que necesitábamos entender mejor a esos jóvenes y reforzar ese vínculo.

Asimismo, Campoastur precisa que las nuevas generaciones se integren en sus órganos de dirección y de decisión. Por eso pensamos en desarrollar un programa completo de formación, acompañamiento y experiencia, algo que no se quedase en una sola jornada, sino que tuviese continuidad en el tiempo. Así nació Campoastur Next hace apenas diez meses y, desde entonces, estamos trabajando en él de una manera muy activa.


“Si estamos buscando relevo y, a la vez, poniendo trabas o impedimentos, algo falla”

¿Cuáles son los tres ejes en los que se divide esta iniciativa?

El primero es la formación. Lo hemos definido junto con los jóvenes. Antes de estructurarlo organizamos talleres previos en los que, desde la parte técnica de la cooperativa, expusimos aquellas áreas en las que considerábamos importante poner el foco para favorecer su mejora y aprendizaje. A partir de ahí diseñamos reuniones periódicas con una combinación de teoría y práctica, porque creemos que esa es la mejor manera de afianzar conocimientos.

Por ahora hemos dividido el contenido en nueve áreas: alimentación, uso agronómico de los recursos de la tierra, gestión técnico-económica, bienestar animal, automatización y robótica, recursos humanos y asociacionismo, bioseguridad, nuevas tecnologías y recría. La idea es repetir esta fórmula cada tres o cuatro meses. En el caso de la recría, por ejemplo, queremos contar con expertos de referencia a nivel nacional que aporten una parte teórica y compartan su visión sobre cómo debe enfocarse correctamente para que las explotaciones sean competitivas en el futuro, combinándolo siempre con práctica en campo.

El segundo eje es el de las experiencias. Para mí son muy importantes porque muchas veces lo que uno más recuerda son precisamente esas vivencias compartidas. Cuando visitas un lugar especial o convives con otras personas en un contexto formativo, se genera un vínculo que perdura. Como el ambiente está siendo muy bueno, hemos decidido organizar viajes de formación a eventos y a empresas referentes del sector. También tenemos prevista una jornada de dos días con visitas a granjas de referencia y un viaje a un país europeo, en septiembre u octubre, para conocer modelos de éxito.

El tercero es la comunidad. Lo que pretendemos es que los jóvenes que participan en el programa formen una red, se relacionen, mantengan el contacto y compartan sus propios problemas e inquietudes. Buscamos que puedan constituir un grupo capaz de trasladar propuestas a la cooperativa para ayudarnos a entender mejor cuáles son sus necesidades, sus expectativas y qué visión tienen de futuro. Desde Campoastur queremos que se sientan una parte activa de la cooperativa.

En el módulo de nutrición, ¿qué herramientas tenéis pensado enseñar a los jóvenes?

Ya celebramos una primera formación dedicada a la alimentación el pasado mes de diciembre en los servicios centrales de Campoastur, en Otur, y después visitamos la ganadería Chaca Otur. En esa jornada, de la mano de los técnicos Carlos Martín y Javier Murias, nos centramos en la calidad de los forrajes y de la ración como base tanto de una alta producción como de la durabilidad de los animales en la granja.

Se abordó cómo son los buenos forrajes, cómo evaluar un silo, cuál debe ser la valoración general del TMR, cómo interpretar el llenado ruminal y qué características de las heces nos interesan en las vacas. Después, en la visita a la ganadería, retomamos y revisamos sobre el terreno los conocimientos trabajados previamente. En cualquier caso, la alimentación es un ámbito muy amplio y no puede darse por cerrado en una sola jornada, así que volveremos sobre él más adelante.


“Mucha gente está dispuesta a sacrificar parte de la rentabilidad a cambio de poder tener tiempo para hacer su propia vida”

¿Qué mínimos debe cumplir una ganadería en el ámbito de la bioseguridad?

Lo mínimo debería ser contar con un registro de entrada y control de accesos a la granja. En territorios como Galicia o Asturias, la vivienda familiar está muy integrada con la propia explotación y eso hace que pueda entrar todo tipo de visitas. Por eso, aunque de bioseguridad se habla mucho, es necesario avanzar de verdad en la implantación de programas concretos.

Este tema ha cobrado todavía más fuerza con la aparición de enfermedades emergentes como la dermatosis nodular contagiosa, la lengua azul o la enfermedad hemorrágica epizoótica. En ese sentido, creo que el desarrollo de un programa de bioseguridad sigue siendo una de las grandes tareas pendientes en muchas ganaderías.

¿Qué contenidos transmitiréis a los jóvenes sobre la recría?

Empezaremos por el encalostrado. A partir de ahí abordaremos la lactancia, el desarrollo hasta el destete, los problemas sanitarios asociados a ese momento y también la transición y el realojamiento entre los animales lactantes y los ya destetados. Después entraremos en la evaluación del desarrollo.

Hay, además, una parte muy importante relacionada con el momento de la inseminación y con la evaluación del peso al nacer. Y, necesariamente, debemos incluir la influencia que tiene la recría dentro de la cuenta de resultados de la empresa ganadera. Muchas veces se invierte mucho dinero en recría, pero no siempre se hace con la planificación adecuada. Por eso es muy importante ajustar el porcentaje de animales destinados a recría a las necesidades reales de la explotación. Excederse sin previsión puede generar estrés en las instalaciones y aumentar los problemas de desarrollo.

¿Cómo se puede conseguir que la gestión del día a día y la parte normativa se conviertan en procedimientos simples y que no consuman tantas horas?

Aquí juegan un papel fundamental las nuevas tecnologías y la aparición de programas de gestión, que agilizan mucho el trabajo de los ganaderos. Pero también tiene que existir una comunicación mucho más fluida y directa entre el sector y la Administración. El peso de esta cuestión no puede recaer solo en el ganadero. Si estamos buscando relevo generacional y, al mismo tiempo, ponemos trabas o impedimentos, algo no está funcionando.

Creo que todas las estructuras implicadas —cooperativas, empresas de servicios y, sobre todo, la Administración— tenemos que mejorar esta situación. De lo contrario, corremos el riesgo de que dentro de unos años el problema sea todavía mayor.

¿Qué otras facilidades se les podría dar a estos jóvenes para animarlos a formar parte del sector o para que su incorporación no sea tan dura?

La rentabilidad es un factor clave, aunque es difícil de abordar, porque depende en buena medida de los mercados. Estamos en una situación compleja, condicionada por la guerra y por decisiones políticas que nos superan. En lo que sí debemos trabajar es en que estos jóvenes sean técnicamente capaces de ser competitivos, incluso en un territorio como la cornisa, con poca superficie disponible. Tienen que poder alcanzar buenas producciones y utilizar de manera correcta las herramientas de gestión.

Otros pilares fundamentales son la conciliación y la calidad de vida. Creo que mucha gente estaría dispuesta incluso a sacrificar parte de la rentabilidad a cambio de disponer de tiempo para llevar una vida normal, comparable a la del resto de la población. Por eso es importante que puedan tener días de descanso y desconexión. Para lograrlo hacen falta servicios de sustitución, apoyo en granja y empresas de servicios que ayuden a liberar carga de trabajo. La maquinaria, por ejemplo, puede permitir que quien gestiona una explotación dedique más tiempo a dirigirla y menos a tareas que podrían externalizarse o automatizarse. Si no se avanza en esa línea, la actividad seguirá percibiéndose como poco atractiva.

¿Cuáles son los próximos pasos a dar desde Campoastur Next?

Lo primero es llegar a más gente. Queremos que todo el mundo sepa que es un programa abierto y que puede participar quien quiera. Estamos haciendo un esfuerzo importante en redes sociales, pero todavía percibimos que hay jóvenes que no saben que estamos aquí. Nos interesa contar con un gran altavoz para trasladar que cualquiera que tenga interés puede sumarse. Al final, esto es recíproco: nosotros necesitamos que lo reciban con ilusión y que participen.

Además, valoramos incorporar nuevas áreas de formación, como la podología, y estamos abiertos a sugerencias. Otra posibilidad es dividir en dos algunos de los bloques ya previstos, para profundizar más en los contenidos y ampliar la formación.

Por último, no hay que olvidar que nuestros socios también se dedican a la producción de carne. Por eso tenemos pendiente organizar en el último trimestre de 2026 una formación específica para ganadería de carne, que consideramos igualmente muy importante.