Ganadería O Rubio
Localización: Santa Comba (A Coruña)
Propietarios: María del Carmen Romero, David García y Elisabeth Amarelle
N.º total de animales: 480
Vacas en ordeño: 220
Media de producción: 41 l/vaca/día
Porcentaje de grasa: 3,90 %
Porcentaje de proteína: 3,60 %
Venta de la leche: Reny Picot
Precio de la leche: 0,4550 €/litro + calidades e IVA
El nombre de Ganadería O Rubio resonó con fuerza en el sector el pasado 11 de abril, cuando O Rubio King Doc Barni se proclamó vaca gran campeona del Concurso Autonómico de la Raza Frisona Fefriga, celebrado en el marco de la Moexmu, en Muimenta (Cospeito, Lugo). Pocos días después, viajamos hasta Santa Comba para conocer de cerca el trabajo que hay detrás de este reconocimiento.
Al frente de la explotación están David García, Elisabeth Amarelle y María del Carmen Romero, padres y abuela de Iván García, un joven que, con tan solo 23 años, tiene muy claro cuál será su futuro. A punto de terminar la carrera de Veterinaria, ya participa de forma activa en la gestión del rebaño y espera incorporarse plenamente a la granja en cuanto finalice sus estudios.
En paralelo, su hermano Iker, de 16 años, también empieza a orientar su camino hacia el sector y, tras terminar la ESO, cursará un ciclo medio de producción agropecuaria en el Centro de Promoción Rural-EFA Fonteboa para sumarse cuanto antes al proyecto familiar.
Dos hermanos jóvenes, con vocación ganadera y las ideas muy claras, llamados a dar continuidad a esta explotación coruñesa que hoy cuenta con unos 480 animales, de los cuales 220 son vacas en producción.
Una gran campeona que culmina años de afición
“Es un hobby que tenemos desde pequeños, sin tener tradición en el mundo de los concursos”, explica Iván. “Primero a mí y después a mi hermano siempre nos llamó la atención. Cuando tenía 16 años, aprovechando que el concurso regional se celebraba en Santa Comba, decidimos participar con dos terneras y, a partir de ahí, nos picó todavía más el gusanillo”, reconoce.
Los comienzos, recuerda, fueron modestos. “Con muchas ganas y poca idea, al principio participábamos con vacas y terneras, y cerrábamos muchas secciones”, afirma. Pero aquella etapa también fue, sobre todo, un aprendizaje: “Poco a poco fuimos mejorando, porque no sabíamos mucho, pero voluntad la teníamos toda”.
Así, el año pasado lograron el título de vaca joven campeona de Galicia con O Rubio Thunder Mascastorm ET y este año, con O Rubio King Doc Barni, alcanzaron el de gran campeona. “Ahora, después de muchos finales de pista, empezamos a conseguir algunos premios”, resume Iván.
Para él, los concursos tienen un valor que va mucho más allá de los resultados: “Reúnen muchas de nuestras grandes pasiones: los animales, la mejora genética y, por otra parte, compartir tiempo con gente que tiene nuestras mismas aficiones. Nos quedamos con el grupo que formamos a nivel de Galicia, y también con la gente que conocemos fuera, en España o en Europa”.
Manejo de las vacas de concurso
Los animales de concurso no se preparan solo unas semanas antes de salir a pista. Su manejo forma parte de la rutina diaria de la explotación. “Trabajamos con ellos desde pequeños. En general, a los cuatro o cinco meses ya empezamos a seleccionar los animales que nos parece que pueden competir mejor ese año o el siguiente”, explica Iván.
Durante todo el año mantienen separadas entre tres y cinco vacas y alrededor de ocho terneras y novillas. En los momentos previos a concursos importantes, como la Moexmu, el grupo se amplía. “Antes de esta edición estuvimos trabajando con siete vacas y doce novillas, de las que al final llevamos un total de doce animales”, apunta.
La clave está en integrar ese trabajo dentro del funcionamiento normal de la granja. “Todos los días hay que dedicarles un poco de tiempo. Lo tenemos protocolizado e incluido en el trabajo diario: tomas de pienso, lavado, encamado y cuidado. Así es más fácil de llevar todo”, afirma.
También la alimentación se ajusta a sus necesidades. Para estos animales trabajan con una fórmula específica de pienso, diseñada entre Iván y Benigno Rey, nutrólogo de la Cooperativa Xallas. “Es una fórmula más alta en proteína y con menos almidón. Buscamos mantener a los animales en una línea competitiva, en forma, que produzcan más leche incluso que las otras y que puedan mantenerse bien”, explica. Además, la base forrajera se completa con avena comprada específicamente para ellas.
Aunque reconoce que los concursos pueden ayudar a la imagen de la granja, Iván no los plantea como una actividad económica. “En lo que respecta al negocio —bromea—, perdemos dinero”. “Puede repercutir algo en la venta de animales y ayudar a la imagen global de la granja, pero no es en lo que nos tenemos que centrar como actividad económica. Para nosotros no deja de ser un hobby”, recalca.
Sí defiende, en cambio, su papel como herramienta de acercamiento a la sociedad. “Muchas veces veo que el primer contacto que tienen muchos chavales hoy con una vaca es una de las nuestras que ven en los concursos. Es un reclamo para la gente que viene de la ciudad, un buen plan de fin de semana para ver el concurso, acercarse al sector y conocer cómo tratamos a los animales. Una labor tan importante como esa ya justifica este tipo de convocatorias”, afirma.
Autodidactas en genética
La apuesta de O Rubio por la genética va más allá de la pista de los concursos morfológicos. La ganadería participa con frecuencia en subastas de la zona, tanto para incorporar nuevos ejemplares como para comercializar animales propios. De hecho, Iván reconoce que parte de esa inquietud por la mejora nació precisamente ahí. “Los primeros animales que compramos fueron la base de los que destacaban sobre el resto”, recuerda.
Hoy, además de compradores, también son vendedores habituales. “Queremos que las subastas sigan teniendo ese papel de facilitar ejemplares con mayor potencial genético al resto de las ganaderías”, apunta.
Esa visión se conecta con el trabajo diario de selección. En los últimos años han dado un salto notable en calificación morfológica. “Pasamos, fundamentalmente en los últimos seis años, de una calificación morfológica de 78 puntos a estar ahora por encima de los 83 puntos en el rebaño”, concreta Iván. Para él, esta mejora no solo se nota en la imagen del animal, sino también en su funcionalidad: “Nos permitió mejorar en producción y tener animales más longevos. Nunca descuidamos la producción, los sólidos ni los rasgos de salud, pero creemos que la morfología es muy importante, es la base del animal”.
La selección de toros responde a criterios muy definidos sin hacer grandes diferenciaciones entre genómicos y probados. “Intentamos buscar toros muy equilibrados”, resume. Trabajan sobre todo con el sistema americano GTPI, aunque comparan también cómo responden los animales en otros sistemas, como el canadiense o el español. Normalmente buscan que “el compuesto de tipo sea mayor de 2; ubres mayor de 2; patas por encima de 1, mirando siempre los rasgos lineales de cada toro; producción por encima de 750 libras de leche, calidades positivas y rasgos de salud, sobre todo fertilidad y células somáticas, correctos”.
El genotipado es otra de sus herramientas de trabajo. “Prácticamente la totalidad del rebaño está genotipada en España, con Conafe, y entre un 15 y un 20 % tiene prueba americana también”, indica. Para Iván, es un pilar importante: “Genotipar permite duplicar la fiabilidad que tienes en la prueba del animal. Pasamos de un 40 % de fiabilidad a cerca de un 80 %”.
Utilizan semen sexado en los animales que quieren emplear como madres de recría y futuras reproductoras. “En general, el 90 % del semen frisón que usamos es sexado. Podemos usar alguna dosis de convencional en algún animal muy interesante a nivel morfológico o de una familia concreta con problemas reproductivos, pero lo habitual es sexado”, subraya. En el resto emplean cruce cárnico, principalmente azul belga, y angus en novillas. Los terneros cruzados permanecen en la explotación unos 20 o 25 días antes de venderse.
Además, todos los años suelen vender unas cuarenta primerizas paridas. Por ahora, los embriones que producen son solo para uso propio. “Hacemos, casi todos los meses en los mejores animales, tanto flushing y transferencia de embriones como inseminación in vitro”, señala. Empezaron hace cuatro o cinco años con embriones comprados e importados, y los resultados fueron buenos. Como apuestan mucho por la genética y consideran que es un activo importante, estas son herramientas para aprovecharla y avanzar mejor y más rápido.
Instalaciones en evolución
Actualmente, Ganadería O Rubio suma una media de producción en torno a los 41 litros por vaca y día, con un 3,90 % de grasa, un 3,60 % de proteína y un recuento celular medio mensual por debajo de las 200.000 células. Son cifras que llegan en un momento de transición, después de haber incorporado recientemente el tercer ordeño y de estar inmersos en nuevas mejoras de instalaciones.
Su nave principal se construyó en 2004 y hoy alberga el lote de producción, las vacas secas y la recría desde la fase previa a la inseminación hasta que quedan gestantes. Mantienen un único grupo de productoras, pero su idea a corto plazo es diferenciar dos lotes. En 2011 levantaron una nave específica para recría y, más tarde, incorporaron una sala de ordeño trasera de 16x2, una amamantadora y una nueva nave para etapas tempranas de recría.
También cuentan con un almacén en las instalaciones antiguas, donde guardan parte del forraje; silos de trinchera de hormigón y una nave reciente destinada a maquinaria.
La zona de producción cuenta con cama de arena. “En las vacas de leche usamos este material porque es el que nos permite tener mayor limpieza en los animales, controlar bien las células somáticas y las infecciones de ubre”, apunta. En las primeras etapas de recría trabajan con cama caliente de paja y, más adelante, en preinseminación, con cubículos de colchoneta. Iván reconoce que las colchonetas responden a una decisión tomada en su momento, pero que están valorando reorganizar esta parte: “Igual no fue la opción más acertada y, mientras no hagamos cambios en las naves, no podremos modificarlo”.
La limpieza se realiza con arrobaderas en todos los lotes salvo en los animales más pequeños. En producción intentan que pasen cada dos horas para mantener las zonas lo más secas y limpias posible y controlar problemas como la dermatitis.
En cuanto a bebederos, los revisan e higienizan diariamente. “Intentamos tener más cantidad de la necesaria para que no haya competición entre animales”, puntualiza.
La ventilación y el control del estrés por calor también han ido ganando peso en la explotación. “Como en toda Galicia, depende mucho del verano que venga”, explica Iván. “Podemos tener años como el pasado, sin grandes bajadas de producción ni fertilidad, y otros, como hace dos, en los que se nota mucho”.
Hace seis años instalaron ventiladores y riego por aspersión, un sistema que les permite sobrellevar mejor los días de calor. “Donde más se nota es en la ingesta. Hay menos sobras desde que colocamos los ventiladores y, sobre todo, la fertilidad subió un par de puntos”, señala.
El bienestar se completa con cepillos rascadores en los lotes de producción. Para Iván, sin embargo, el objetivo no está en añadir elementos sin más, sino en que el entorno sea correcto. “Creo que no es necesario enriquecer un ambiente si el entorno ya es correcto para los animales. Lo que buscamos es darles las mejores condiciones posibles”, insiste.
También han invertido en energía. Desde hace cuatro años trabajan con paneles solares y, desde hace dos, con baterías. “Nos permiten almacenar corriente en los puntos de mayor producción”, admite. Con el tercer ordeño, el ordeño del mediodía encaja especialmente bien con la producción solar: “En ese momento consumimos lo que producimos”.
Recría: prevención desde el primer día
El manejo de la recría es uno de los puntos en los que más énfasis ponen. “Lo que intentamos es trabajar en prevención —dice Iván. Creemos que la mejor manera de solucionar problemas es evitar tenerlos”.
En los primeros días, los terneros permanecen en boxes individuales para controlarlos mejor. “Los tres, cuatro o cinco primeros días son el período más crítico para nosotros”, explica. Cuando empiezan a tomar bien y se muestran activos, pasan a otros boxes, separando ya las hembras que se quedarán en la granja de los machos y cruzados, que se alojan fuera y se venderán.
Las madres se vacunan frente a rotavirus, coronavirus y E. coli. Tras el nacimiento, el encalostrado es prioritario. “Tenemos como máxima intentar encalostrar antes de las cuatro horas desde el nacimiento, bien con sonda o dejando que mamen directamente”, concreta Iván. También mantienen reservas abundantes de calostro congelado para prevenir cualquier insuficiencia.
Desde los cuatro días tienen pienso starter, agua y forraje a libre disposición. “Intentamos favorecer el desarrollo ruminal lo más rápido posible. Es la manera que tenemos de manejar las diarreas y reducir su impacto”, apunta.
Las becerras toman leche de transición entre tres y cinco días y después pasan a leche de vaca hasta que entran en la amamantadora con 15 o 20 días. Allí consumen leche en polvo, comenzando con 6 litros diarios y subiendo progresivamente hasta 11 litros. El destete se realiza a los 85 días.
La instalación de la amamantadora, hace cinco años, supuso un cambio importante. “Pasamos de unas instalaciones muy malas a mejorar bastante”, reconoce Iván. Al principio afrontaron algún que otro problema, pero lograron reconducirlos. “A día de hoy, gracias a las pautas de vacunación adecuadas y a una buena ventilación, apenas tenemos casos de neumonía. El crecimiento de los animales es mucho mejor que antes, con mayor desarrollo, y eso nos permitió adelantar algo la inseminación. Sobre todo, a nivel de gestión de mano de obra, fue un elemento que nos ayudó mucho”.
Tras este periodo, pasan a un lote con cama caliente y arrobadera, donde están aproximadamente hasta los ocho meses, consumiendo una ración similar a la de las vacas en producción, de alta energía. Más adelante cambian a lotes de preinseminación, con una ración más rica en proteína y fibra, basada en los forrajes propios.
La primera inseminación en novillas se realiza actualmente entre los 13,5 y los 14 meses. Intentaron bajar la edad a unos 12 meses, pero observaron que el rendimiento posterior no era igual. “Aunque tuvieran tamaño y desarrollo suficiente, al parir no rendían igual que los animales inseminados uno o dos meses más tarde”, admite Iván.
En vacas, han retrasado el periodo de espera voluntario hasta alrededor de los 120 días. “Realizamos todas las primeras inseminaciones a celo natural y la fertilidad mejoró muchísimo desde que aumentamos ese periodo”, señala.
La detección de celos se apoya ahora en collares, incorporados hace algo más de un año. “No es que tuviéramos grandes problemas de detección de celos ni de animales enfermos, pero nos suponía muchas horas de trabajo”, considera. La herramienta les permite registrar actividad, detectar celos y revisar animales con posibles problemas a partir de los datos del primer ordeño del día.
Donde más han notado la mejora es en las novillas: “Era donde peor se veían los celos. Ahora no solo los detecta, sino que tenemos un registro desde el momento en que se coloca el collar. Eso nos permite afinar más y no inseminar demasiado pronto por miedo a no volver a ver el celo”.
Apenas sincronizan animales y tampoco trabajan con tratamientos específicos para aumentar la fertilidad. “La fertilidad al final refleja la alimentación y el cuidado que se les da. Creo que es mejor mejorar el manejo, la alimentación, la detección de celos y la inseminación que suplementar o aplicar protocolos para curar un mal que no deberías tener”, defiende Iván.
La media de partos ronda los tres, condicionada por un porcentaje de reposición y de primerizas todavía alto.
Forrajes propios y raciones ajustadas
La alimentación se apoya en una base territorial amplia y en una estrategia de autosuficiencia. Según explica David García, trabajan con unas 160 hectáreas, de las cuales alrededor de 105 se destinan a ensilados. Unas 85 hectáreas se siembran a maíz y aproximadamente 40 o 45 rotan con hierba; el resto son praderas permanentes. Alrededor del 60 % de la superficie es en propiedad y el 40 % en alquiler.
Las fincas más lejanas están a unos seis kilómetros, aunque la mayoría se sitúan en un radio de dos o tres. Parte de la superficie está sin concentrar, aunque en trámite de concentración parcelaria, y otra zona, concentrada hace 10 o 15 años, cuenta con parcelas más grandes.
“Somos autosuficientes tanto en maíz como en hierba. De hecho, nuestra idea es crecer en número de animales, contando con tener comida suficiente”, afirma David. Nunca se plantearon la opción de vender parte de sus cultivos a otros ganaderos. En ese sentido, prefieren tener reservas y, en caso de lograr muchas sobras, optar por dejar algún terreno sin cultivar para tener más flexibilidad.
Trabajan con praderas de raigrás y también con 20 o 30 hectáreas de mezclas mejorantes del suelo, a base de vezas y tréboles. En maíz, su filosofía es usar ciclos cortos, de 280 o 300, por las condiciones frías de la zona. Solo en unas parcelas cercanas a Val do Dubra, con temperaturas más favorables, emplean un ciclo 500.
La siembra la realizan en cuanto el tiempo se lo permite, a finales de abril o principios de mayo, y el ensilado lo adelantan en cuanto ven el maíz en estado óptimo. “Si está para el 15 de septiembre, no esperamos al 20. Queremos poder sembrar las praderas a tiempo y evitar problemas de invierno”, afirma.
La media de rendimiento en maíz se sitúa entre 40.000 y 45.000 kilos por hectárea. En hierba hacen un único corte para silo y en las praderas permanentes aprovechan el segundo corte para heno. “Tratamos de hacer hierba seca de la mejor calidad posible. Como tenemos base territorial suficiente, no necesitamos más de un corte para silo. Así hacemos hierba seca y ahorramos paja”, explica David.
Las raciones de las vacas en producción se reparten dos veces al día, con un carro por la mañana y otro por la noche. La ración de producción está compuesta actualmente por 11,5 kilos de concentrado, 9 kilos de silo de hierba y 33 kilos de silo de maíz. A mayores, elaboran raciones para novillas y secas. En las secas no usan paja, sino hierba seca. “Alguna vez fuimos en contra de lo que decían algunos nutrólogos, pero a nosotros nos funciona así”, afirma el ganadero.
Salvo el picado, realizan ellos mismos todos los trabajos agrícolas, ya que en la granja disponen de maquinaria propia suficiente. “Una de las cosas que más me gusta desde pequeño es la maquinaria. Siempre tuve pasión por ella e intentamos tener todo lo necesario para depender lo mínimo posible de empresas de servicios”, reconoce David.
La capacidad de almacenamiento de purín era, hasta ahora, uno de los grandes condicionantes. “Para la granja que tenemos, se nos quedaba ridícula. Casi teníamos que estar aplicando y vaciando purín todas las semanas”, aclara. Actualmente, están terminando la construcción de una nueva fosa de ocho millones de litros. Con ella, sumarán alrededor de 10 millones de litros de capacidad. “Mientras no crezca mucho la explotación, creo que estaremos cubiertos”, afirma. Las fosas actuales, que inicialmente eran abiertas, fueron techadas y esta nueva también será cubierta.
Socios de la Cooperativa Xallas
¿Con cuántos socios cuenta hoy en día la Cooperativa Xallas y cuál es su actual estructura?
Actualmente contamos con unos 1.500 socios, aunque en activo hay alrededor de 400. Si incluimos explotaciones no socias que también trabajan con nosotros, sumamos unas 500 granjas. Operamos sobre todo en Santa Comba, Mazaricos, Trazo, Ordes o Tordoia, aunque también tenemos presencia en Lugo y Lalín.
El equipo humano está formado por 26 personas. En el equipo técnico somos seis: cinco veterinarios y un ingeniero agrónomo. Todos trabajamos directamente en campo y, además, cada uno tiene cierta especialización.
¿Qué enfoque dan al servicio veterinario?
Nuestro objetivo es ofrecer un asesoramiento integral. No se trata solo de intervenir en momentos puntuales, sino de acompañar a las ganaderías en su día a día, ayudándolas a gestionar mejor aspectos clave como la reproducción, la alimentación o la organización general de la explotación. Además, estamos muy implicados en la parte agronómica, que es fundamental en este tipo de granjas.
En el contexto actual, con enfermedades emergentes como la lengua azul o la enfermedad hemorrágica epizoótica, es clave trasladar información actualizada a los ganaderos y darles herramientas de prevención. En reproducción y alimentación, el trabajo es casi más de gestión: definir objetivos con el ganadero y acompañarlo para alcanzarlos.
¿Qué servicios concretos ofrecen?
Contamos con asesoramiento en reproducción, alimentación y calidad de leche, además de un servicio de sustitución. A mayores, el servicio agrario está ganando mucho peso dentro de la cooperativa. En reproducción y alimentación realizamos visitas programadas, generalmente quincenales, en las que no solo abordamos el tema concreto de la visita, sino que analizamos la granja en su conjunto: hablamos con el ganadero, revisamos incidencias y buscamos mejoras continuas.
Estamos haciendo un esfuerzo importante en formación, especialmente en todo lo relacionado con la digitalización y la robotización. Muchas granjas están incorporando robots de ordeño y nuevos sistemas de gestión, y es importante que el equipo técnico esté preparado para acompañarlas en ese proceso.
¿Cómo se plantea el futuro del sector?
El principal reto es la falta de mano de obra. Por eso vemos una tendencia clara hacia la automatización y la robotización, no solo para reducir la dependencia de personal, sino también para mejorar las condiciones laborales.
Además, hay una demanda creciente de análisis de datos reales. Los ganaderos quieren información precisa para tomar decisiones y nuestro desafío es acompañarlos en ese proceso de interpretación y gestión.
¿Cómo es el trabajo de asesoramiento que realiza?
Las visitas son semanales. En reproducción revisamos todas las vacas desde el parto hasta que están listas para volver a ciclar. Después, a partir de unos 120 días, valoramos su estado para la inseminación, muchas veces mediante sincronización.
Asimismo, hacemos diagnósticos de gestación a partir de los 23 días y los confirmamos posteriormente. A los 60 días realizamos el sexado de las gestaciones. Además, revisamos las vacas próximas al secado y cualquier incidencia que pueda surgir.
Aunque la visita sea de reproducción, también hablamos de alimentación, del estado general de los animales o de cualquier problema que pueda haber. El hecho de estar cada semana permite detectar incidencias con rapidez, algo clave en una explotación de este tamaño.
¿Qué destacaría del manejo reproductivo en O Rubio?
Son muy constantes. Siguen los protocolos de forma muy rigurosa y eso es fundamental. Además, están apostando fuerte por la mejora genética mediante la transferencia de embriones, lo que les permite avanzar más rápido en calidad del rebaño. También utilizan semen sexado en los animales de mayor valor y carne en los demás, algo muy bien planteado.
En cuanto a la alimentación, ¿cómo están formuladas las raciones?
La base de la ración en vacas en producción es pienso, silo de hierba y silo de maíz. Buscamos que ingieran alrededor de 25 kilos de materia seca al día, ajustando en función de la calidad de los forrajes. Las vacas secas tienen una ración más basada en hierba seca, con algo de maíz y pienso, intentando aprovechar al máximo los recursos propios. En novillas, la alimentación va cambiando según la edad y el desarrollo, adaptándose también al espacio disponible.
¿Qué papel juega el asesoramiento en forrajes?
Es clave. Cuanto mejor sea la calidad de la materia prima, más fácil es formular raciones equilibradas y obtener buenos resultados productivos. Si el corte no se hace en el momento óptimo, la digestibilidad y el valor nutritivo bajan, y eso repercute directamente en la producción.
Para terminar, ¿cuáles diría que son los puntos fuertes de esta ganadería?
En reproducción, sin duda, la constancia en el trabajo y el cumplimiento de los protocolos; en alimentación, el cuidado por la calidad de los forrajes. Es una explotación que presta atención a esos detalles y eso se nota en los resultados.
Un tercer ordeño compatible con la jornada continua
En Ganadería O Rubio ordeñan a sus frisonas con una sala trasera de 16x2, con 32 puntos totales, lo que les permite un ordeño ágil: “En apenas una hora y media, o algo menos, están todos los animales ordeñados”, explica Iván.
La rutina se basa en un ordeño limpio, rápido y práctico, que realizan dos personas para evitar el sobreordeño, lograr una estimulación correcta y mantener el tiempo adecuado entre el despuntado, el secado y la colocación.
A mediados de enero dieron el paso al tercer ordeño, una decisión que llevaban tiempo valorando. “Fue un cambio basado fundamentalmente en buscar la comodidad del personal y de los animales”, señala Iván. Ordeñan a las cinco de la mañana, a las doce del mediodía y a las ocho de la tarde.
La producción subió alrededor de cinco litros por vaca. Antes tenían dos ordeños con intervalos desiguales, uno de trece horas y otro de once, lo que provocaba mucho goteo y leche en las camas por la mañana. “En salud de ubre fue donde más notamos la mejora. Bajamos bastante las células somáticas y se redujeron las mamitis clínicas, los problemas de ubre y de ligamento”, apunta.
El secado selectivo se aplica desde antes de que fuese obligatorio. “Tuvimos un brote de mamitis en secado hace cerca de diez años y, a partir de ahí, implantamos el secado selectivo porque nos daba mejores resultados que secar todos los animales con antibiótico”, detalla. Utilizan el control lechero y el registro de mamitis clínicas para decidir qué animales tratar.
Cuidar al equipo humano
Uno de los aspectos que Iván subraya con más claridad es la gestión del equipo humano. La granja cuenta con siete empleados. Cinco se encargan del ordeño, organizados en dos turnos de jornada continua; otro trabajador atiende tareas generales como recría y camas, y otro se dedica principalmente a maquinaria. Su padre, David, lleva el control de la agricultura, la alimentación y los carros, y, mientras, Iván empieza a asumir la gestión del rebaño.
La implantación del tercer ordeño se pensó también para mejorar la organización laboral. “Lo hicimos buscando no solo aumentar producción, que es lo menos importante de todo, sino la comodidad de los animales y también de la gente que trabaja aquí”, apunta Iván. “Queríamos implementar la jornada continua y ofrecer un puesto más atractivo”.
Su objetivo es la estabilidad: “Tenemos una mezcla entre gente que lleva muchos años con nosotros y gente que empezó recientemente. Buscamos que permanezcan el mayor número de años posible con nosotros, porque somos una pequeña empresa y no podemos estar todo el tiempo formando personal nuevo. Tenemos que cuidar lo que tenemos”.
Para Iván, este será uno de los grandes retos del futuro. “El mejor ganadero no va a ser solo el que más o más barato produzca, sino quien mejor gestione su personal y su equipo humano”, valora.
Bajada en el precio de la leche
Después de unos treinta años vendiendo a Leche Celta, la ganadería, unida a un grupo de productores de la Cooperativa Xallas, cambió de industria láctea y hoy venden toda su producción a Reny Picot.
El precio actual recién acordado se sitúa en torno a los 0,4550 euros por litro, más calidades e IVA. Según explica David, “el mercado se mueve más o menos ahí, unos céntimos por abajo o por arriba”. Sin embargo, reconoce que esta bajada genera preocupación en un contexto de costes elevados: “No digo que el precio que teníamos antes fuese excesivo, pero ahora, con lo que han subido los combustibles, los fitosanitarios y con lo que intentan subir también los piensos, creo que está bastante por debajo de lo que deberíamos cobrar”.
Vocación familiar por el sector primario
La historia de O Rubio no se entiende sin el peso de la familia y de una forma de trabajar que se ha ido transmitiendo de generación en generación. Ganadería y maquinaria han caminado en paralelo durante décadas. El padre de David, José Antonio, fue quien puso en marcha Maquinaria Agrícola O Rubio —hoy más vinculada al hermano de David, también llamado José Antonio— y quien impulsó, al mismo tiempo, la explotación lechera.
“El taller empezó cuando yo nací, en el año 80”, recuerda David. Primero fue un pequeño negocio de reparación, al que después se sumó la venta de maquinaria de segunda mano procedente de Castilla y León y, más tarde, la importación desde Alemania e Inglaterra. Ambas actividades crecieron apoyándose mutuamente. “A medida que íbamos creciendo en uno de los negocios, invertíamos en el otro y así”, explica.
También hubo una etapa marcada por la compra-venta de ganado. El padre de David comercializaba vacas procedentes de Cantabria y Asturias. “Cada semana vendía un camión y siempre quedaban una o dos por aquí, porque a alguien no le gustaban o tenían algún problema. Así fuimos aumentando en número nuestro rebaño”, recuerda. Incluso llegaron a importar animales directamente desde Alemania, sin intermediarios, a mediados de los años noventa.
Hoy ambas líneas de negocio funcionan de manera independiente, aunque siguen estrechamente ligadas. “En la familia tenemos vocación de sector primario”, resume Iván. “Ganadería O Rubio y Maquinaria Agrícola O Rubio son dos empresas que ahora funcionan por separado, pero colaboramos en muchos asuntos y compartimos una misma filosofía”.
Pese a la incertidumbre del mercado y al contexto de costes al alza, en O Rubio tienen claro que seguirán avanzando, como han hecho siempre, guiados casi por una inercia heredada: adaptándose a los cambios, diversificando cuando ha sido necesario y confiando en el trabajo constante como base para asegurar su futuro.
Crecer con control y ciclo cerrado
Los planes inmediatos de O Rubio pasan por la incorporación de Iván, por la mejora de instalaciones y por un crecimiento moderado. En este sentido, están ya terminando de construir una nueva fosa de purín, que les aportará más capacidad para aumentar sin problemas el número de vacas en ordeño.
“Queremos crecer como hasta ahora, siendo lo más sostenibles posible, produciendo todo el forraje que consumimos y cerrando todo el ciclo dentro de la propia granja”, concluye Iván.
Entre los retos que ve en el horizonte, cita las enfermedades emergentes, las exigencias de la legislación, la gestión del personal y los inciertos conflictos globales que ya estamos viviendo. “Las enfermedades llegaron para quedarse. Si no es la hemorrágica o la dermatosis, será otra, porque los vectores están cambiando de zona y nos tocará vivir con ellas y aprender a adaptarnos”, afirma.
Esa capacidad de adaptación define al sector lácteo. “La resiliencia es aprender a convivir con los cambios y con eso estamos acostumbrados a lidiar”, señala. En Ganadería O Rubio afrontan el futuro desde los mismos pilares que los han traído hasta aquí: mejora genética, trabajo familiar, cuidado del equipo humano, bienestar animal y una pasión por las vacas que este año los llevó a lo más alto del pódium de las pistas gallegas.



