Con un rebaño de 350 animales y una clara vocación por los concursos morfológicos, esta ganadería consolida su crecimiento con la incorporación de la cuarta generación familiar, la ampliación de sus instalaciones y una firme estrategia centrada en la mejora genética. Tras alzarse con el premio de vaca gran campeona en la última edición del concurso Usías Holsteins, viajamos a Córdoba para conocerlos de cerca. Más en Vaca Pinta 53.
Localización: Añora (Córdoba)
Propietarias: Ana María García y María Teresa García
N.º total de animales: 350
Vacas en ordeño: 180
Media de producción: 38,5 l/vaca/día
Porcentaje de grasa: 4,15 %
Porcentaje de proteína: 3,40 %
RCS: 120.000 cél./ml
Venta de la leche: Covap
Precio de la leche: 0,53 €/l
A escasos dos kilómetros de Pozoblanco, se alza la Ganadería Los Miajones, una granja dedicada a la producción de leche que ha tejido su historia entre generaciones, ordeños, concursos morfológicos y un amor genuino por la raza frisona. Ubicada en el término municipal de Añora, es el resultado de más de seis décadas de trabajo familiar, evolución técnica y una gran vocación por las vacas.
Las hermanas Ana María y María Teresa García Sánchez recogieron el legado de sus padres y abuelos y lo proyectan hoy en día hacia el futuro gracias a sus hijos y sobrinos —Tomás, María José, Carlos Javier y David—, ya plenamente integrados en la gestión diaria de la ganadería. Ambas representan el tercer eslabón de una cadena familiar que comenzó con apenas un puñado de vacas ordeñadas a mano y leche vendida por las calles del pueblo.
En la actualidad, esa humilde iniciativa ha crecido hasta convertirse en una explotación de más de 350 animales, con entre 180 y 190 vacas en ordeño diario, distribuidas en unas modernas instalaciones que suman más de 9.000 metros cuadrados techados, y con un equipo de trabajo consolidado, incluyendo a un operario recientemente contratado fuera del núcleo familiar.
UNA VOCACIÓN QUE SE HEREDA
La pasión por las vacas no se improvisa; a veces, como en el caso de esta familia, brota desde la infancia. La transición entre generaciones se ha hecho con naturalidad, transmitiendo conocimientos y valores. Tras el fallecimiento de los padres de Ana María y María Teresa, la granja pasó para ellas y para sus maridos, quienes tomaron las riendas durante muchos años. Ahora, la Ganadería Los Miajones está en manos de la cuarta generación, formada por cuatro primos que han decidido mantener viva la tradición familiar.
Uno de ellos es Tomás Cerezo, hijo de Ana María, quien creció entre el colegio y los corrales: “Desde chico siempre me ha gustado esto. Mis padres y mi tío ya estaban aquí trabajando, y, cuando salía de la escuela, venía directamente a la granja”, recuerda.
Aunque durante un tiempo compaginó su trabajo en la Cooperativa del Valle de los Pedroches (Covap) con las labores de la granja, su amor por los animales acabó imponiéndose. “De siempre me han gustado los animales, y ya con los años decidí dejar mi trabajo externo y venir aquí de lleno”, explica Tomás. Esa decisión marcó un punto de inflexión que en la actualidad le permite dedicarse por completo a la ganadería: “A día de hoy todos los que estamos aquí vivimos solo para esto, para las vacas.”
Con ese relevo generacional, la explotación no solo asegura continuidad, sino que proyecta futuro. “Nuestros hijos pequeños ya empiezan también a mostrar interés. Sí hay futuro”, reconoce Tomás emocionado.

CONCURSOS: PASIÓN Y APRENDIZAJE
Uno de los aspectos más singulares de la granja es su vinculación con los concursos morfológicos. Lo que comenzó como una participación tímida y sin muchos premios ha evolucionado en una verdadera afición. “Al principio íbamos y no conseguíamos nada”, explica Tomás, “pero mi primo David se empezó a implicar más, aprendió sobre el pelado y la preparación de los animales, y, al cabo de un tiempo, empezamos a destacar.”
Año tras año su participación en los concursos locales comenzó a gustarles cada vez más y ahora se han convertido en un gran aliciente para el equipo. “Nos gusta mucho preparar a los animales con tiempo, cuidar el tipo, las patas, las ubres… Todo eso cuenta y nosotros intentamos llevar a nuestras vacas lo mejor posible”, afirma el cordobés. Los animales de concurso disponen de corrales propios y alimentación diferenciada.
La filosofía de trabajo gira en torno a ese amor por los animales de gran calidad morfológica: no se trata solo de producir leche, sino de preservar y mejorar genéticamente la cabaña. “Nos gustan los animales buenos y nos enfocamos mucho en el tipo, la estructura y la calidad de las ubres y las patas”, enumera Tomás.
Habituales en el concurso de Dos Torres (Usías Holsteins), la familia también ha participado en varias ediciones del Concurso Nacional y ha ido consiguiendo distintos premios a terneras y novillas, vacas o grupos de animales.
Uno de los mayores hitos lo obtuvieron este mes de marzo, cuando la ganadería se hizo con el premio a la gran campeona del certamen Usías Holsteins con el animal Miajones MN Stoneden Ferne 822.
Participar en concursos es, como dice Tomás, “una cuestión de pasión y compañerismo”, una forma de visibilizar el trabajo diario, compartir experiencias y “buenos ratos con amigos” y, por qué no, recoger frutos tras años de constancia.
“Este año hemos tenido la suerte de alzarnos con el premio de vaca gran campeona del Usías Holsteins y sentimos mucha satisfacción. Algún día llega la recompensa y ha sido este año”, resume con lágrimas en los ojos.
MÁS ANIMALES PARA NUEVAS INSTALACIONES
El crecimiento paulatino de la granja ha venido acompañado por una clara apuesta por las infraestructuras. La nave principal, de actual construcción, alberga, con unos 9.000 m² techados, las vacas en producción, las recién paridas y el preparto. En las instalaciones más viejas, de unos 3.000 m², mantienen la recría y las novillas preñadas.
Para la distribución de los animales siguen los consejos de los técnicos de bienestar de la cooperativa Covap, a la que pertenecen. Las terneras están en boxes dobles, “ya que nos han recomendado que es mejor que estén en pareja y no solas”; cuando se destetan, pasan a grupos de cinco o seis hasta que son inseminadas y, desde entonces, las mantienen en lotes de catorce o quince animales. Seguidamente, entran en el grupo de novillas preñadas y justo veinte días antes de parir las trasladan a una zona de preparto.
Tras el parto, pasan al corral de vacas primíparas y recién paridas, porque las mantienen separadas de un segundo lote de vacas multíparas y novillas con lactación avanzada.
El bienestar no es solo una declaración de intenciones, es una realidad. Las camas son de estiércol, un sistema tradicional que les sigue funcionando. Las airean dos veces al día y, en invierno, aplican un secante para su correcto mantenimiento. Los bebederos están distribuidos según la normativa y tienen ya en mente la instalación de un equipo de ventiladores y cepillos para continuar mejorando el confort de sus animales.
La fosa de purín de la nave nueva cuenta con una capacidad de casi tres millones de litros y en las instalaciones antiguas tienen otra de unos 500.000 litros. Además, están valorando opciones de ahorro energético, como la instalación de placas solares.
Aunque este año la producción ha bajado ligeramente debido a la incorporación de muchas novillas primerizas, mantienen una media de 38,5 litros por vaca y día, con aspiraciones de recuperar los 40 o 41 litros habituales en campañas anteriores. “Creemos que, cuando hagan aquí su segundo parto, su producción irá en aumento”, espera.
En cuanto a los niveles de grasa y proteína, están logrando unas medias de 4,15 % y 3,40 %, respectivamente. El recuento de células somáticas se mueve entre las 100.000 y las 120.000 células por mililitro, lo que evidencia el buen estado del rebaño. La bacteriología es muy baja: “Estamos entre 7.000 u 8.000 ufc/ml, pues aquí en el Valle de los Pedroches están haciendo mucho hincapié con esto y lo estamos controlando bastante bien”, señala.

ORDEÑO EN SALA
El ordeño lo realizan en una sala de salida rápida 2x12, con dos sesiones diarias a las siete de la mañana y a las seis y media de la tarde. “Ordeñamos en dos lotes; primero, a las multíparas, que son unas 110, y, después, a las primerizas y recién paridas, que son unas 80”, indica.
La rutina es meticulosa, fiel a todos los pasos de limpieza de pezones, predipping, secado, colocación de la máquina y postdipping. Aunque aún no trabajan con un sistema informatizado, contemplan incorporarlo para el futuro. “Estamos empezando y vamos poco a poco, pero sí que implementaremos algún sistema de gestión digital más adelante”, asegura Tomás.
Sobre el ordeño robotizado, no lo descartan: “Estamos viendo opciones de robots para salas paralelas. Si sale algo que funcione, lo valoraremos”.
ALIMENTACIÓN A TRAVÉS DE LA COVAP
La alimentación es otro de los ejes importantes en esta explotación. La ración para vacas en producción es proporcionada y distribuida diariamente por la Covap: “Nos la traen una vez al día y se compone de unos 44 kg por animal, con los siguientes porcentajes de ingredientes: 32,66 % de silo de cereal, 13,76 % de silo de maíz, 7,58 % de heno, 1 % de alfalfa, 5 % de subproductos húmedos, 1 % de semilla de algodón y 39 % de premix”.
Las vacas secas y novillas preñadas reciben una dieta diferente, basada en 4 kilos de pienso diario y forraje a discreción, paja o heno de avena. Solo las vacas secas salen al pasto durante su periodo de descanso, entre mes y medio y dos meses.
También prestan especial atención a la recría. Desde su nacimiento, las terneras se alimentan con leche artificial y comienzan pronto a ingerir pienso y forraje específico de sus edades hasta el parto.
Los Miajones cuenta con unas 40 fanegas de terreno, de las cuales entre 25 y 30 se siembran cada año, fundamentalmente, con avena para forraje, que destinan para la alimentación de la recría.
GENÉTICA: UN MOTOR DE PROGRESO
Una apuesta en firme de la Ganadería Los Miajones es la mejora genética. “Creemos que gran parte de la rentabilidad de nuestro negocio corre a cargo de la genética y es por eso que le damos tanta importancia”, asegura otro de los responsables de la granja, Carlos Javier Bejarano, primo de Tomás.
Todos los animales están genotipados, lo que les permite una selección rigurosa basada en datos reales. Buscan siempre el equilibrio, priorizando “patas, tipo y ausencia de defectos. Nos fijamos también mucho en las familias de los animales, por ejemplo, la Lyla Z, la Apple Red o la Hanna Vray, que traigan detrás buenas generaciones”.
Aproximadamente el 80 % del semen utilizado es genómico, complementado con toros probados que han demostrado buenos resultados en la granja. “Solemos utilizar unos diez o doce sementales y con ellos cubrimos todo el año”, recuenta.
El uso de semen sexado es común en novillas y vacas jóvenes destacadas, mientras que para vacas multíparas o menos interesantes se recurre a semen de carne. Además, la implantación de embriones —ya sean propios o comprados— se realiza una o dos veces al año, reforzando líneas de vacas con buenos resultados.
La edad media a la primera inseminación es de 14 meses, con una media de 1 o 1,5 inseminaciones por preñez en novillas y entre 3 y 4, en vacas adultas. La detección de celos se realiza mediante collares electrónicos, con resultados muy positivos. La media de partos por vaca se sitúa en torno a 3,1.
DE LA MANO DE LA COVAP
La relación con esta cooperativa es otro de los grandes soportes del modelo productivo de esta familia, al igual que sucede con la gran mayoría de las ganaderías de esta comarca.
Desde los tiempos en que la leche se entregaba en cántaras, Los Miajones ha sido socia de la cooperativa, que les presta servicios de todo tipo, desde la recogida diaria de la leche hasta el suministro de alimentación, asesoramiento técnico en las diversas secciones de la gestión de la granja o apoyo en planes de mejora. “Todos los técnicos están siempre al pie del cañón y, desde el momento en que descolgamos el teléfono, los tenemos a disposición para lo que haga falta”, aseguran.
Actualmente, el precio base de la leche ronda los 0,53 euros/litro, complementado con primas por calidad, desvieje y beneficios anuales de la cooperativa.

MIRADA AL FUTURO
Ambos primos tienen claro que toca seguir trabajando y mejorando poco a poco.
Tras haber hecho una gran inversión para construir sus nuevas instalaciones, que llevan funcionando apenas un año, el objetivo ahora es seguir dando pequeños pasos, sin prisas, pero sin pausas.
Apuntan que aún necesitan complementar todo con algunos retoques y su idea es terminarla poco a poco e ir aumentando paulatinamente el número de animales para sacarle el máximo partido a lo invertido. “Nuestro crecimiento debe ser paso a paso, con los pies en la tierra, pero siempre mirando hacia adelante”, dicen.
Valorando la situación por la que atraviesa el sector lácteo, los cordobeses creen que “hoy se vive un buen momento”.
Tomás destaca que se están pagando buenos precios por la leche, que las condiciones climáticas han sido favorables y que las cosechas han resultado positivas, lo que transmite “optimismo para el presente y cierto impulso para el futuro, en especial gracias al relevo generacional con jóvenes con ganas de trabajar”.
Sin embargo, Carlos aporta una visión más cautelosa. Reconoce la estabilidad actual, pero subraya que “el sector vive en una especie de estado de alarma permanente”, con incertidumbres constantes. Recuerda que persisten problemas estructurales, como la gestión de purines, la presión de ciertas ideologías ante este tipo de sistemas productivos y, sobre todo, la burocracia, que considera uno de los mayores obstáculos.
Aun así, los dos reflejan el compromiso de quienes siguen apostando por el campo y trabajando día a día por su futuro.