Néstor Guerra lleva años ayudando a empresas de distintos ámbitos a adaptarse a los cambios que impone el progreso digital. En su tarea formativa, fue el invitado estrella en la última edición del Congreso Anembe, donde recordó a los asistentes que la IA es una tecnología presente, transformadora y cada vez más accesible, que afecta a múltiples sectores, incluido el veterinario. Más en Vaca Pinta 53.
¿Qué posibilidades abre la inteligencia artificial para los profesionales veterinarios?
La realidad es que esta tecnología es enormemente plural. Va a servir para muchas cosas. Cualquier profesional veterinario puede utilizarla con diferentes fines, tanto en su trabajo más clínico —por ejemplo, para realizar análisis, apoyar diagnósticos o interpretar bibliografía compleja—, como también en su parte gestora, ya que muchos veterinarios dirigen una empresa o negocio; incluso en su faceta investigadora, si es el caso. Tenemos una amalgama de modelos: de lenguaje, de difusión, de síntesis de voz, de razonamiento… así que la gran pregunta no es si sirve, sino qué herramienta es la más útil para qué tarea concreta.
No todo vale para todo, pero hay mucho por explorar. Lo importante no es que alguien les diga a los veterinarios cómo deben usar la tecnología, sino que ellos se acerquen, la descubran y decidan en qué parte de su trabajo puede aportar valor real.
¿Cree que el empleo de estas tecnologías es aplicable en cualquier caso, sin importar el tamaño de las empresas?
Totalmente. Una de las cosas más interesantes de esta tecnología es que es muy democrática. Desde que un fabricante investiga hasta que lanza un producto pueden pasar apenas diez meses. Y enseguida vemos herramientas punteras, a las que se puede acceder con suscripciones de entre 12 y 100 o 200 dólares. Son cifras que puede asumir perfectamente una pyme o un autónomo, y que les permiten acercarse a la IA sin barreras de entrada como en otras tecnologías.
Esto antes no pasaba. Ha habido tecnologías en el ámbito sanitario, por ejemplo, que eran carísimas y solo accesibles para grandes centros o corporaciones. Pero ahora, por 25 euros al mes, casi cualquier profesional puede tener un retorno brutal si sabe cómo aprovecharla.
¿Trabajar con IA sigue siendo opcional o ya empieza a ser una necesidad?
Mira, hay cosas en la historia de la humanidad que son inevitables. El fuego fue una. Transformó nuestra manera de alimentarnos, de defendernos, de asentarnos. Y nadie pudo esquivarlo. La IA es lo mismo: un cambio de fondo que transformará nuestra forma de trabajar, de pensar y de interactuar, y no hay que tenerle miedo. Forma parte del continuo desarrollo humano.
Tenemos que romper miedos mentales. Cuanto antes te acerques a la tecnología, antes la entenderás y antes podrás sacarle partido. Como cualquier proceso de cambio, requiere tiempo, pero no podemos mirar hacia otro lado.
No hay nada más humano que la inteligencia artificial, porque es una herramienta hecha por humanos, para humanos y con cosas humanas. Es una expresión de lo que somos como especie. Así que sí, ya no se trata de si la usamos o no. Se trata de cómo queremos integrarla en nuestra vida.
¿Funciona igual de bien la IA en trabajos tan complejos como la veterinaria o la ganadería, frente a otros más rutinarios?
Tradicionalmente pensábamos que la IA iba a sustituir tareas simples, de baja cualificación. Pero estamos viendo todo lo contrario. Hoy existen modelos que no solo razonan, sino que buscan bibliografía, la procesan, estructuran argumentos y generan conclusiones. No son humanos, pero tienen una capacidad cognitiva muy potente.
La parte intelectual de trabajos como el de veterinarios, arquitectos, abogados o ingenieros va a verse muy afectado y, de hecho, lo veremos pronto: estas funciones empezarán a devaluarse más rápido que las físicas, porque será más fácil replicarlo con IA. En cambio, los robots físicos aún no funcionan bien en entornos no controlados, como una granja, por ejemplo.
Ya existen razonadores que pueden diagnosticar como un veterinario. No se trata de competir, sino de saber cómo utilizar eso a nuestro favor. Debemos ser conscientes de que esta tecnología afectará directamente a profesiones complejas y, cuanto antes nos preparemos, mejor.
¿Cómo debemos usar la IA como complemento y no como sustituto a nuestro trabajo?
Quizá eso no siempre sea posible. No quiero sonar catastrofista, pero sí realista. No sería honesto decir que la IA solo va a complementar y que no va a sustituir nunca. En muchos casos, lo hará, y eso no es necesariamente un problema.
Esto ya ha pasado. Si le explicáramos a un agricultor del siglo VIII cómo se cultiva ahora, no entendería nada; en ganadería, lo mismo. La clave está en entender la realidad como es. Si la tecnología puede hacerlo mejor, más eficiente, más rápido… lo lógico es aprovecharla.
¿Entonces está en riesgo el trabajo de distintos profesionales?
¡Para nada! Trabajaremos muchísimo. Incluso más que ahora. Pero trabajaremos en cosas que tengan más sentido para nosotros como humanos. Las máquinas harán tareas repetitivas o menos interesantes, y nosotros nos centraremos en lo creativo, lo estratégico, lo emocional.
De hecho, ya no trabajaremos solos. Seremos personas con modelos de IA incorporados y cuando una empresa te contrate, no te contratará solo a ti, sino también al conjunto de modelos con los que trabajas y con los que creas valor.
Sé que suena raro, pero en mi sector —la ingeniería de software— esto ya pasa. Nadie escribe código a mano sin usar IA. Otras disciplinas lo irán asimilando poco a poco. Habrá trabajos que desaparezcan, otros que se potencien gracias a la colaboración humano-máquina, y otros completamente nuevos que hoy no podemos ni imaginar. Como un ganadero del siglo VIII que, si llegase hoy a un congreso de medicina bovina, no entendería nada.
¿Estas tecnologías están al alcance de cualquier perfil o edad?
Desde luego. Esto no va de edad, va de actitud. He conocido personas recién jubiladas que se han interesado por estas herramientas para volver al mercado laboral o simplemente por curiosidad. Eso es lo importante.
Estamos en un momento apasionante de la historia: hemos creado modelos tan inteligentes como nosotros. No han venido de fuera: los hemos fabricado y nos llevarán a descubrir cosas increíbles. Vivimos una nueva era, donde humanos y tecnología avanzan de la mano, y formar parte de ella no es cuestión de edad, sino de tener ganas, curiosidad y actitud.
¿Hace falta más regulación o formación para garantizar un uso ético de la IA?
Como cualquier industria, esta también necesita reglas del juego. No hablo de restricciones, sino de marcos claros que nos permitan trabajar cómodamente. Es cierto que cada región lo ve distinto: América, Asia, Europa… pero más allá de la regulación externa, hay una reflexión más profunda: ¿qué significa ser humano?
Estamos en un momento en el que debemos cuestionarnos qué somos, cuál es nuestro propósito y cómo queremos usar estas herramientas. Sí, siempre habrá gente que las use mal. Y por eso existen sistemas para detectarlos y apartarlos, pero no podemos quedarnos en el miedo.
La fisión nuclear podía salvar vidas con radioterapia o destruir ciudades con una bomba. La tecnología no es buena o mala. Todo depende del uso. Y, para eso, necesitamos educación, reflexión, filosofía… No solo formación técnica. Quizá ahora, más que nunca, la filosofía se convierta en una disciplina muy humana.