El Centro Cultural La Alhóndiga de Zamora acogió, el 29 y el 30 de enero, una nueva edición de la reunión anual sobre calidad de leche organizada por la Asociación Nacional de Especialistas en Medicina Bovina de España (Anembe) y el Consejo Portugués de Salud de Ubre (CPSU).
El programa se estructuró en mesas temáticas que abordaron métodos de trabajo en ganaderías convencionales, granjas XL y sistemas robotizados. Además, se contó con una ponencia magistral sobre inmunología en periparto y con un cierre centrado en el caso de Leche Gaza.
La cita dejó un mensaje transversal: la calidad se sostiene con un sistema (rutina, limpieza, mantenimiento, datos y formación), no con una medida aislada. Cambian las herramientas, pero la lógica es la misma: observar, medir, decidir y comprobar si el cambio se mantiene. Y, sobre todo, convertir recomendaciones en tareas ejecutables: sin equipo, comunicación y seguimiento, el dato no mejorará por sí solo.
Sistema convencional: la rutina como primer “tratamiento”
La mesa de explotaciones convencionales estuvo moderada por Carlos Noya (Uddervet) y se centró en la consistencia de la rutina. Se insistió en reducir variaciones entre turnos y personas, porque esas pequeñas diferencias suelen traducirse en cambios de higiene, lesiones de pezón o repuntes en recuentos.
Mónica García (Centro Veterinario Meira) describió un esquema de visitas mensuales o bimensuales orientadas a observar el ordeño y corregir puntos críticos. Mencionó la importancia de evitar sobreordeños y valoró las salas informatizadas como apoyo para ordenar información y dar continuidad al seguimiento. Como herramienta diagnóstica, explicó que utiliza el test de California en granjas sin control lechero y también en granjas con control cuando se superan las 200.000 células.
João Sousa (Segalab) aportó la mirada del laboratorio. Explicó su trabajo con microbiología en tanque y muestreos por animal para orientar tratamientos (con la salvedad de las mastitis clínicas) y añadió que también analizan aflatoxinas y aguas. Compartió un ejemplo de exigencia en su entorno: durante un periodo, el grupo recogedor dejó de retirar leche a ganaderías que superaban 400.000 células en cinco visitas. Sousa mencionó, además, el programa de control de Streptococcus agalactiae y defendió que las medidas funcionan mejor cuando se acuerdan con el ganadero y se revisan con seguimiento.
En el debate se repitió la dificultad de trabajar sin control lechero y se comentaron vías intermedias, como usar el test de California de forma dirigida en vacas sospechosas. También se habló del componente humano del asesoramiento: cómo señalar problemas de higiene o rutina sin romper la relación. En lo operativo se citó la temperatura del agua de lavado como punto crítico (60 ºC), se compartieron reservas sobre ciertas experiencias con sistemas automáticos de lavado y se mencionó el secado selectivo como opción cuando es aplicable.
Granjas XL: procesos, mandos intermedios y un informe “usable”
La mesa de explotaciones XL, moderada por Oriol Franquesa (Q-Llet), planteó el reto principal de las estructuras grandes: convertir la calidad en un proceso que resista turnos, rotación de personal y crecimiento. Se habló de mandos intermedios, formación y documentación breve pero clara: en granjas grandes, una recomendación que no se traduce en tareas concretas se diluye.
Cristian Paniagua Echevarría (Gescal Veterinarios) abordó su experiencia desde la epidemiología de mastitis y el registro sistemático. Señaló que trabajan en la certificación de ganaderías vinculadas a Gaza y aportó un marco de referencia: situó la media de recuento celular en tanque en Castilla y León alrededor de 300.000 células, frente a alrededor de 200.000 en sus clientes. Mencionó la vacunación frente a E. coli y S. uberis y citó el umbral de 20 litros como referencia en recomendaciones vinculadas al secado.
Uno de sus mensajes más operativos fue cómo cerrar las visitas: un informe final conciso, con el responsable presente, recomendaciones siempre por escrito, explicación de datos y del grado de cumplimiento de objetivos, y separación entre medidas generales e individuales. La idea es que el informe sea una herramienta de gestión y no un documento para archivar.
Ema Roque (Diessen S.V.) describió una metodología adaptable en granjas de 200 a 1.000 vacas, ajustando la frecuencia de visitas según resultados (de dos al mes a una cada dos meses). Explicó que, antes de empezar, solicita una prueba de tanque y que, durante las visitas, observa ordeño, mastitis e instalaciones. Insistió en incorporar el control lechero cuando no existe y citó la formación como palanca, especialmente con rotación o barreras idiomáticas: fotografías y vídeos para estandarizar rutinas. También defendió escuchar más y hablar menos para ajustar objetivos a la realidad de cada equipo.
El coloquio abordó diferencias entre granjas abiertas y cerradas (compra de animales, recría externalizada), la motivación del personal (condiciones laborales y salarios) y asuntos que siguen pesando en la práctica: mantenimiento, consumibles, ajuste de parámetros y gestión del material de cama, además de la necesidad de equilibrar control y carga de trabajo.
El periparto como punto de inflexión: inmunología y riesgo en salud de ubre
La ponencia magistral corrió a cargo de Julio Benavides (CSIC), centrada en la inmunología en periparto y su papel en la salud de ubre. Benavides explicó aspectos de respuesta inmunitaria sistémica y factores que influyen en ella, como microbiota y estrés, y abordó cambios en células como los neutrófilos. Subrayó, además, una dificultad de base: valorar el sistema inmunitario no es sencillo sin exponer al animal al patógeno, lo que obliga a interpretar con cautela indicadores indirectos y a entender el periparto como una etapa especialmente sensible.
Aunque la ponencia se movió en un plano más fisiológico, el mensaje conectó con las mesas de forma natural: la prevención, el manejo y la calidad no son capítulos separados. Lo que ocurre en transición condiciona el riesgo posterior y, por tanto, el trabajo en ordeño, en robot o en convencional.
Robotización: interpretar indicadores sin olvidar camas, limpieza y flujo de trabajo
La mesa sobre explotaciones robotizadas estuvo moderada por Jorge Eseverri (Albaikide) y se centró en cómo cambia la gestión cuando el ordeño se automatiza. Se insistió en dos ideas: los datos solo sirven si se interpretan en conjunto y el robot no “compensa” un entorno deficiente. Cubículos, pasillos, bebederos, densidad de animales y manejo del silo siguen marcando la salud de ubre.
Borja Apellániz (Albaikide) describió un método de revisión orientado a objetivos: garantizar calidad higiénico-sanitaria, detectar precozmente alteraciones de salud de ubre, minimizar riesgos de mastitis y optimizar eficiencia. La revisión, señaló, arranca en el software (visión general, informes de salud y eficiencia, ordeños fallidos y listado de animales a intervenir) y se completa contrastando con el entorno.
Apellániz destacó el “tiempo libre” del robot como indicador de gestión: con tiempo libre superior al 10-15 % la prioridad pasa por la integridad del pezón y el confort del ordeño; con tiempo libre por debajo del 5-10 % se plantean ajustes (limpieza y estimulación, vacío y pulsación, retirada de pezoneras) para no penalizar animales. Sobre ordeños fallidos, apuntó causas como conformación de ubre, nerviosismo o mastitis, y citó como referencia un objetivo aceptable por debajo de 5 (óptimo 0). Repasó indicadores como conductividad eléctrica, desviaciones de producción, cambios de color, células somáticas, temperatura, cambios en visitas y tiempos de colocación. Se recordó que la conductividad por sí sola tiene sensibilidad limitada (18 %-43 %) y que mejora cuando se combina con producción u otros indicadores.
Luís Pinho (S.V.A.) aportó el contexto portugués, donde describió casos con robots antiguos, incluso de segunda mano, con software de hace dos décadas. Presentó un programa de salud de ubre que incluye apoyo mensual, auditorías, evaluación de máquinas, muestreos de rebaño, formación del personal y análisis de datos, y comentó que la formación todavía pesa poco como fuente de ingresos dentro del servicio. En bioseguridad y mantenimiento citó la desinfección con vapor de agua y ácido peracético, y cuestiones de rutina como el uso prolongado del mismo juego de pezoneras. También se mencionó el vacío controlado por flujo por su efecto en el flujo y la duración del ordeño.
En el turno de preguntas se compararon experiencias entre robot convencional y sistemas tipo batch milking, y se comentaron tendencias: desde Portugal se mencionó que algunos ganaderos vuelven del robot a la sala por motivos económicos y de crecimiento, mientras que Apellániz indicó que en su entorno (Navarra) no perciben esa vuelta. También se insistió en que robot y control lechero se complementan; se citó, como ejemplo, un control cada 45 días en Navarra.
Leche Gaza: una apuesta por la calidad y el valor añadido al socio
El cierre se centró en el caso “Leche Gaza, una apuesta por la calidad”, con intervenciones de José Luis Calvo, exgerente, y Félix Roncero, secretario, en una sesión moderada por Manuel Morales (Oceva).
Calvo y Roncero repasaron el origen y la razón de ser del proyecto: una empresa nacida con el propósito de generar valor añadido para las explotaciones propietarias, con compromisos asociados como asegurar la recogida, remunerar por encima de otras industrias, amortiguar fluctuaciones y trabajar en la mejora de explotaciones mediante formación, técnicas productivas y rentabilidad. En ese marco se vinculó la calidad de la leche con una estrategia más amplia: mantener actividad, arraigo y producción en el territorio.
Se enumeraron claves de éxito a largo plazo, como la necesidad real que motivó su creación, la corresponsabilidad, la capitalización, la gestión profesional, la disciplina de participación y el espíritu innovador. También se expuso su estructura societaria y el sistema de participaciones, citando el criterio de 10 litros diarios por participación y normas asociadas a campañas.
En su recorrido se recordaron campañas históricas vinculadas a sanidad y calidad (tuberculosis, brucelosis, reducción de mastitis y pago por bacteriología) y se insistió en la necesidad de adaptarse a las demandas sociales sobre cómo se produce. En ese contexto se mencionó el impacto del relevo generacional y la evolución del número de ganaderos: de 57 en 2011 a 29 en 2025, junto con el incremento de la producción total.