Seguimos creyendo que, en buena medida, es así. Pero también sería absurdo negar todo lo que ha cambiado nuestro trabajo en menos de dos años. Tareas que antes podían requerir prácticamente una jornada completa se han automatizado o simplificado y eso, bien utilizado, es una ventaja: nos abre la puerta a abordar nuevos proyectos y nos permite concentrarnos en trabajos que requieren mayor creatividad, criterio y capacidad de análisis, ámbitos en los que, por cierto, la IA sigue siendo bastante más artificial que inteligente si no existe detrás una buena dirección humana.
No nos desdecimos de nuestra premisa inicial: estar a pie de pista continúa siendo nuestro principal sello diferenciador. Es lo que nos permite contar las cosas de verdad y garantizar tanto a nuestros lectores como a nuestros clientes que detrás de cada página, de cada vídeo o de cada publicación hay un grupo de profesionales que sabe de lo que habla, pregunta, escucha, contrasta y trabaja de manera fiel y comprometida. Con inteligencia artificial de por medio o sin ella.
Quizá ahí esté una de las cuestiones de fondo de esta revolución, especialmente intensa en el ámbito de la comunicación. Si hasta hace poco cualquiera podía escribir cuatro frases inteligibles y publicarlas en sus redes sociales, ahora basta con trasladarle la idea general a ChatGPT y pedirle que haga el resto. El resultado puede ser fantástico, pero que una herramienta sea capaz de generar un texto correcto no significa que quien lo publica sepa qué está diciendo, por qué lo dice o si lo que cuenta tiene algún sentido.
Por eso seguimos apelando a la inteligencia humana frente a la artificial. Es preciso conservar el criterio propio y la capacidad de razonamiento, de redacción y de expresión. Cuanto más tratemos de artificializar procesos inherentes a la comunicación humana, mayor será el riesgo de perder autonomía y de convertirnos en una sociedad más vulnerable frente a la desinformación y a la manipulación. Ejemplos, en los tiempos que corren, no nos faltan.
Nada de esto supone defender un retroceso. Sabemos que la tecnología ha supuesto grandes mejoras para nuestras rutinas y, por supuesto, para el sector para el que trabajamos. Las páginas de esta revista dan buena cuenta de ello: ganaderos, veterinarios, técnicos e investigadores explican número tras número cómo la digitalización, las TIC o la inteligencia artificial están transformando sus funciones y permitiéndoles ganar en eficiencia, precisión, bienestar y calidad de vida.
Se trata, en definitiva, de aprovechar todas esas herramientas sin dejar que sustituyan el criterio, el conocimiento y el contacto directo con aquello que contamos. Avancemos con los tiempos, pero sin olvidarnos de lo básico. En nuestro caso, de lo que siempre hemos hecho y queremos seguir haciendo: estar a pie de pista.