VETERINARIO DE ALBAIKIDE

J.M. Loste: “La percepción de los clínicos y los ganaderos respecto al BVD ha mejorado, lo tenemos muy presente en nuestro trabajo”

El veterinario Juan Manuel Loste centró su ponencia en la última edición de la Jornada Técnica Africor Lugo-Vaca Pinta en el virus de la diarrea vírica bovina (BVD), la patología vírica de vacuno más extendida a nivel mundial. Sobre la evolución de su control, los pasos pendientes para alcanzar su erradicación y el impacto global que tiene para una granja afectada nos habla en las líneas que siguen. Más en Vaca Pinta 45.

¿En qué cifras nos movemos en España actualmente en cuanto a volumen de casos de BVD?

Viendo los estudios que ha habido estos últimos años, y teniendo en cuenta cuando en otros países han estado planteando programas de erradicación, sí que se ha visto que es el virus más persistente, tanto en explotaciones de vacas de carne como de vacas de leche, y tanto en cuanto al número de rebaños positivos (que en muchas zonas llega a ser prácticamente el 100 %) como en lo que respecta al número de animales afectados dentro de esos rebaños. De hecho, es una enfermedad para la que se lleva años vacunando, que se intenta controlar únicamente con vacunas, y la persistencia no ha bajado, excepto en zonas como Galicia, en donde hay programas instaurados de control y erradicación.

Los cuadros clínicos de esta enfermedad son diversos. ¿Qué problemas concretos se pueden observar?

Depende un poco, no sé si de la explotación –de en qué lotes están circulando los PI [animales permanentemente infectados]– o de las cepas de virus, pero hay granjas en las que principalmente lo que vemos son problemas reproductivos y otras, sobre todo en ganaderías más grandes, donde es más difícil que los PI lleguen a los lotes de producción porque la mayoría de ellos mueren antes. Ahí vemos sobre todo problemas en primeras edades, hay mucha mortalidad en esta etapa, y una fertilidad muy baja en las novillas.

¿Se ha mejorado en la rapidez de diagnóstico de la enfermedad en los últimos años?

Creo que sí, pero más que hablar de rapidez, yo diría que ha mejorado la percepción de los clínicos y los ganaderos respecto a la BVD, es una enfermedad que tenemos muy presente en nuestro trabajo del día a día. También es verdad que los laboratorios nos dan cada vez más herramientas. Por eso creo que lo que ha mejorado es, sobre todo, la eficacia. Digamos que los resultados que estamos obteniendo concuerdan cada vez más con lo que estamos viendo en el campo.

¿Qué pautas se deben seguir en las granjas tanto para su control como para su erradicación?

Lo más importante, y una de las cosas en las que más cojeamos en las explotaciones de vacas, es la bioseguridad. Lo primero que tenemos que intentar es que la enfermedad no entre en nuestra granja, y en ese sentido nos queda mucho camino por recorrer. Luego, una vez que tenemos la enfermedad ya dentro, pues hay que instaurar un buen programa de vacunación (ahora estamos obteniendo resultados muy buenos con las nuevas vacunas vivas) y lo ideal sería complementarlo con una búsqueda de PI y eliminación al nacimiento.

¿Cuáles son los factores esenciales para prevenir la aparición de la BVD?

La clave para prevenir está en la entrada de animales. La BVD es una enfermedad que llega a cuatro patas, por la compra de nuevos ejemplares, excepto en granjas cuyos rebaños salen a pastos comunales o que tienen zonas de mucha densidad. En esos casos, aparte de testar los animales que se compran, deben estar vacunados aquellos que estén en esas situaciones.


“La clave para prevenir está en la entrada de animales. La BVD es una enfermedad que llega a cuatro patas, por la compra de nuevos ejemplares”

¿Cuál es el impacto sanitario y económico en las ganaderías afectadas?

Hay muchos estudios sobre el impacto económico y es algo que depende de factores como el número de PI, la densidad de animales, las pautas de control que pongamos... Todos los países, cuando llevan a cabo un programa de erradicación (y me imagino que en Galicia habrá sido lo mismo), hacen una valoración económica. Por ejemplo, en Escocia, en los análisis que se hicieron previos a la erradicación del BVD, más o menos calculaban el impacto en 60 euros por vaca de carne presente en granjas con PI y se estimaba que cada PI dentro de la explotación provocaba una pérdida económica de unos 1.000 euros.

¿Qué secuelas puede generar la entrada del virus en una granja?

Las secuelas que haya dependerán principalmente de cómo afecte el virus al sistema reproductivo de los animales enfermos. Además, las hay de todo tipo. Por un lado, están las económicas y, por otro, en lo que se refiere a la salud el ganadero, también hay que tener en cuenta las psicológicas, tanto cuando tiene el BVD como cuando se le plantea hacer un programa de erradicación. En ese momento, un negocio que tenga, por ejemplo, 100 vacas, a lo mejor necesita sacrificar 15 o 20 novillas o terneras PI, que aparentemente están sanas. Eso tiene un coste psicológico.

¿En qué momento nos encontramos ahora mismo en cuanto al estudio de esta afección?

Yo creo que nos queda mucho por hacer, pese a todo lo que ha avanzado la investigación respecto a esta enfermedad en los últimos 15 años. Hay muchos países con programas de erradicación, principalmente en Europa, y lo que se va viendo conforme nos vamos acercando a la eliminación, es que más problemas nuevos aparecen. Esto también ha pasado, por ejemplo, con la tuberculosis: es muy fácil bajar de un 10 % a un 0,5 %, pero es muy difícil terminar con ese 0,5 %. Ha ocurrido en algunos países nórdicos, en donde la tienen prácticamente erradicada, pero de vez en cuando aparecen rebaños positivos debido, se supone, a algún problema de transmisión, de diagnóstico, de vectores... En cualquier caso, ese sería el paso pendiente para llegar a su erradicación.