DIEGO MOYA, VETERINARIO INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD DE SASKATCHEWAN (CANADÁ)

“El uso de las tecnologías es muy prometedor, pero también hay que ser realistas y saber qué es lo que les podemos pedir y lo que nos pueden aportar”

Licenciado en Veterinaria por la Universidad Autónoma de Barcelona, decidió orientar su futuro a la investigación y eligió Canadá para su posdoctorado. A pesar de volver a Europa durante dos años para aprovechar una beca en Reino Unido, lleva ya cinco años investigando sobre bienestar animal y comportamiento de vacuno de engorde en la Universidad de Saskatchewan, de Canadá. 

¿En qué temáticas están centradas sus investigaciones actuales?
Ahora mismo estamos centrados en temas de monitorear el comportamiento de los animales, para tratar de mejorar el diagnóstico de ciertas enfermedades y optimizar la productividad en base a su comportamiento y a su salud.

Si compara el sector ganadero de Canadá con el de España, ¿qué aspectos conformarían la diferencia?
Sorprendentemente, son bastante similares, a pesar de que la industria esté estructurada de una forma algo diferente. La mayoría de los problemas son los mismos: trastornos digestivos, trastornos respiratorios, el uso de antibióticos… Lo que estoy escuchando aquí, las problemáticas de la industria y del sector ganadero no me sorprenden. Es prácticamente lo mismo. 
Lo que puedo destacar del sistema canadiense es que la industria contribuye mucho más, de una forma sistemática, a la investigación. Ellos son los que lideran o mueven a la investigación, qué campos quieren cubrir y qué preguntas necesitan responder. Hay una interacción bastante interesante entre las universidades y la industria ganadera o el ganadero como tal. Nos proponen temas que quieren resolver y nosotros ofrecemos las soluciones.
Esta relación es muy fluida y muy dinámica. Para mi profesión es muy interesante.

“Lo que puedo destacar del sistema canadiense es que la industria contribuye mucho más, de una forma sistemática, a la investigación”

¿Cuáles son esos problemas que plantean la industria o el sector?
Casi siempre giran sobre cómo optimizar los recursos, cómo hacer a los animales más productivos, cómo contaminar menos y cómo mejorar el bienestar. 
Todo parte también de las demandas de los propios consumidores y del camino que van tomando las entidades legislativas. Tratamos de dar soluciones antes de que hagan una ley al respecto.
Para el sector del engorde, estamos muy enfocados en los ingredientes que se deben usar en las raciones, en el manejo nutritivo y también en temas relativos a la reducción del estrés y de los procedimientos dolorosos, como la castración o el descornado. Trabajamos para optimizar la productividad y ser más sostenibles.

Ha desarrollado dos ponencias durante el último Congreso de Anembe. ¿En qué aspectos las ha centrado?
En temas de ganadería de precisión. En la primera, me centré en exponer las tecnologías que existen actualmente, cuáles son más prometedoras y cuáles pueden tener un impacto real e inmediato y cuáles están más orientadas al futuro. En la segunda, para ser un poco más específico, expliqué cómo estas tecnologías pueden usarse para medir el bienestar, un tema bastante candente.

¿Con qué ideas clave le gustaría que se quedasen los asistentes a las charlas? 
El uso de las tecnologías es muy prometedor, nos puede aportar soluciones a problemas, pero también hay que ser realistas y saber qué es lo que les podemos pedir y lo que nos pueden aportar, tanto hoy en día como en el futuro. 
La tecnología no va a ser la solución para todo, tiene que ser una inversión que nos dé un valor añadido y que facilite la aplicación de esas soluciones. 
Según lo que queramos investigar, debemos analizar qué tecnologías funcionan realmente, conocer sus pros y sus contras, y ser conscientes de lo que hay y de hacia dónde nos podemos dirigir.

¿Qué se debe tener en cuenta a la hora de saber si una tecnología vale la pena o no?
Cualquier tecnología es una combinación de cuánto nos va a costar implementarla y cuánto puede abarcar en mi granja. Si nosotros ponemos esos dos componentes en la ecuación, ya vamos a ver si nos compensa o no. 
Lo que hay que destacar es que estas tecnologías son cada vez más baratas, más versátiles, y tienen más funciones, con lo cual lo que hoy es una realidad, mañana puede cambiar. Por eso, sigo pensando que estas tecnologías van a ser resolutivas en el futuro.  Hay que seguir trabajando en ellas, en el desarrollo de algoritmos, y vamos a trabajar de la mano con las compañías que las desarrollan para que sean beneficiosas para la industria. 
Si me preguntas por alguna a destacar que pueda solucionar algún problema actual, yo destacaría la banda de castración. Aquí en Europa no es un tema candente, pero allí, que se castran todos los machos, el consumidor y los legisladores demandan que se aporte más mitigación del dolor, con más medicamentos o lo que haga falta. Esta banda es algo muy práctico, porque el ganadero lo puede hacer por sí mismo. Se coloca la banda o la goma de castración, en donde ya va incluida la anestesia, y esto sí que puede ser un beneficio para el bienestar del animal. Además, el consumidor se siente un poco mejor al saber que la industria está pensando en el animal y aportando todo lo que puede para tratar de satisfacer sus demandas en este sentido.