ENTREVISTA

C. Méndez: "La mejora genética realizada en España ha hecho que nos valoren en todo el mundo"

La gerencia de la Cooperativa Asturiana de Control Lechero (Ascol) quizás sea el cargo más importante de una carrera en la que Carlos Méndez ha hecho casi de todo: controlador, calificador, importador, juez… No hay mucha gente que pueda hablar con más precisión que él de los grandes avances del sector en las últimas décadas, puesto que la mayoría de ellos los ha vivido en primera fila, tal y como nos cuenta en esta entrevista publicada en Vaca Pinta 19.

¿Cómo termina un químico en el mundo de la ganadería de leche?

Siempre me ha apasionado conocer el por qué y cómo de las cosas, creo que gracias a mis profesores y a mi familia, y eso fue lo que me llevó a estudiar Ciencias Químicas, algo que disfruté mucho. Esta formación me ha servido a lo largo de mi carrera, porque la química está vinculada a cualquier proceso: la vida es pura química. Así que, sin duda, estos conocimientos me han ayudado en mi otra vocación que, como sabéis, es la ganadería de leche.

Durante años ha trabajado importando vacas. ¿Cuánto han influido estos animales en nuestro rebaño?

Han influido muchísimo porque se ha importado mucho. El nivel que había en España era muy bajo en general y se necesitaban novillas para reponer las campañas de saneamiento y crecer.

¿En qué momento diría que se produjo el boom de las importaciones?

La gran oleada vino cuando Europa estaba tratando de especializar a la frisona hacia la producción de leche, a finales de los 70. Había una subvención de la Comunidad Económica Europea a los ganaderos europeos que vendiesen sus novillas a terceros países como, por ejemplo, España en aquel momento. Así fue como entraron muchos miles de novillas frisonas en el país. Las ganaderías con más ojo apostaron por ellas y, como los programas de selección de sementales españoles no existían, se importaba todo, novillas y semen. Todo esto produjo una mejora en la cabaña española, hay que reconocerlo. Después, cuando España entró en la Comunidad Económica Europea se disminuyó la importación al incrementarse el coste en origen. También hubo algunos ganaderos españoles que, como los europeos no les vendían sus mejores animales, optaron por importar de Canadá.


“Se trata de saber convertir los desafíos en oportunidades y de pensar de forma global”

Es usted el gerente fundacional de Ascol, una cooperativa reconocida nacional e internacionalmente. ¿Qué se necesita para funcionar tan bien?

En mi opinión, se necesita compromiso, trabajo continuado, muchas pasión, amor propio, empatía y rodearse de un buen equipo que continúe la labor y esté comprometido. Al final, se trata de saber convertir los desafíos en oportunidades y de pensar de forma global. Hoy, Ascol tiene toros estabulados en 4 países (Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y en el centro de Cenero, en Asturias). Tenemos la suerte de que la raza es global y de que tiene muchos individuos, por lo que se pretende estar presente donde surgen las mejores oportunidades para incorporar la mejor genética de la raza a nuestro catálogo. Nuestros socios y clientes lo necesitan y lo merecen.


ASÍ SE GESTÓ LA ASTURIANA DE CONTROL LECHERO

Méndez trabajó durante varios años para la empresa hispanoamericana Livestock Marketing Services importando novillas de Canadá e Italia y ofreciendo asesoramiento a sus clientes. “Estas circunstancias me hicieron estar en el momento adecuado en el sitio correcto”, señala él, refiriéndose al tiempo en el que el consejero asturiano de Ganadería, Jesús Arango, instó a los ganaderos de la comunidad a organizarse como asociación para hacer que los programas de selección fuesen testados por ellos mismos.

Un grupo conformado por presidentes de núcleos de control lechero asumió este desafío y, con ayuda de la Administración, en diciembre de 1986, tras la aprobación por parte de todos los socios, se hizo la Constitución de la Asturiana de Control Lechero (Ascol) que, como el nombre indica, se dedicaba a gestionar el control lechero, pero siempre teniendo en cuenta que era una herramienta para el proceso de selección. “En aquel momento, me propusieron encabezar el proyecto y fue un honor que depositasen en mí su confianza para llevarlo a cabo”, afirma Méndez.

Entre otras cosas, Ascol ha sido el primer centro español y el segundo europeo en ofrecer semen sexado, y también han sido los primeros en apostar por la genómica en el país.


Antes el control lechero estaba centralizado en Madrid. ¿Cómo pasó a manos de la cooperativa?

Es cierto, lo llevaban los Censyra y estaba todo centralizado en el servicio de informática del Ministerio en Madrid, pero eso hacía que los resultados de las lactaciones llegasen muy tarde. Por eso, paralelamente a la información que les trasladábamos, fuimos poniendo en marcha un programa informático de control lechero con una base de datos potente, que cumpliese la normativa y que generarse los informes que creíamos necesarios.

Así, cuando el Ministerio decidió no seguir, utilizamos el programa que habíamos desarrollado y gracias al cual no se perdió ni un día de control. Desde entonces, hemos seguido proporcionando los datos a los ganaderos y se han incorporado nuevos análisis, como los de proteína y urea. Hay que tener en cuenta que, aunque los sistemas automáticos de ordeño nos dan información básica sobre la calidad, no pueden compararse con el método analítico de laboratorio que aporta el control lechero. Sobre en todo en células somáticas, donde la precisión es básica para alcanzar los niveles exigidos por la industria.

¿Cuándo comenzaron a llevar el Libro Genealógico de la raza en Asturias?

Empezamos años después de la creación de Ascol, con el desarrollo de las autonomías. Tras la desaparición de ANFE, y con la creación de Conafe (que, por cierto, surgió, entre otras cosas, para evitar que Cataluña y País Vasco gestionasen su libro de forma separada), hubo peticiones de algunas autonomías para llevar la gestión de sus libros, siempre supervisados por Conafe y siguiendo su normativa. Nosotros también nos unimos, no por necesidad, sino porque era la estructura que había. Montamos Ascolaf (como cooperativa, Ascol no podía formar parte de una confederación y, además, teníamos, y tenemos, ganaderos de otras razas lecheras) y en ella se inscribieron todos nuestros ganaderos de frisona.

¿Y qué nos puede contar del Centro de Selección? ¿Por qué se creó?

El actual centro de selección, ubicando en Cenero (Gijón), es el resultado de un acuerdo entre el Principado, el ayuntamiento de Gijón, las asociaciones de razas autóctonas y Ascol. Esto nos permitió disponer de unas instalaciones nuevas, cómodas para los animales y muy funcionales. Se creó para testar toros que fuesen propiedad de los ganaderos que los iban a probar, es decir de Ascol. Antes de empezar Ascol, se daba una paradoja interesante porque España, un país medianamente desarrollado, no tenía sementales testados, ni ningún programa de selección, entonces era el paraíso para las casas de semen extranjeras.

Cuando arrancamos como Centro de Selección ya contábamos con la experiencia y la infraestructura del centro de inseminación de Somio. Empezamos poco a poco, con ayuda de la Administración. Compramos toros vivos, fundamentalmente en Canadá y alguno en Europa, y comenzamos con las evaluaciones genéticas en España. Ya teníamos todas las piezas del rompecabezas: libro, control lechero, calificación morfológica… Podíamos empezar a hacer las valoraciones. En aquella época se desarrolló el método de valoración Blup Modelo Animal que, aunque tiene sus limitaciones, fue un salto muy importante; y Conafe hizo la primera valoración del mundo con este modelo. También fue en aquel momento cuando Ascol comenzó con su programa de núcleo MOET abierto, importando embriones y produciendo toros para el testaje (estos toros llevaban el prefijo “Tec” o “Mono” en su nombre).


 “Se da demasiada importancia a la producción y se descuidan los caracteres que hacen que las vacas duren”

Mientras que la mayoría de los centros europeos seleccionan en base a producción, en Ascol dan mucha importancia a la morfología. ¿Por qué?

En España creo que se ha dado demasiada importancia a la producción y se han descuidado los caracteres que hacen que las vacas duren. Esto se debe, en buena parte, a que no se ha producido la mejora necesaria en cuanto a morfología. Si nos conformamos con vacas que hagan dos lactaciones de media no necesitamos una gran morfología porque casi cualquier tipo de patas y ubres van a aguantar. Pero si queremos vacas que de media duren 5 lactaciones vamos a necesitar que sean más funcionales, con más capacidad corporal y más solidez y, para eso, no vale solo con darle peso el carácter longevidad, porque es poco heredable.

El tipo de vaca que buscamos es aquella que hace 60.000 litros, produciendo de media más de 13.000 kilos por lactación, y con un consumo de concentrado que no supere de media los 7 kilos/día. Para esto, necesitamos vacas adultas sanas y con gran capacidad digestiva para transformar forrajes. Esto no significa no tener en cuenta la producción, sino que todos los caracteres importantes a mejorar deben estar presentes de forma balanceada en la genética, sobre todo la producción, la morfología y la salud. Esta filosofía es la que le ha abierto a Ascol las puertas a los mercados de Europa y Norteamérica y es la que nos transmiten nuestros clientes.

Méndez posa junto a Juan Carlos Méndez con Quintana Melisa Grand, vaca gran campeona de la Confrontación Europea de Bruselas 2004 (izq.) y con una ternera adquirida en la Sale of Stars de Canadá (der.).

 

Si la morfología es tan importante, ¿por qué solo se califican una vez?

Creo que es porque la captura de sus datos es muy costosa, ese es el problema de la morfología. También hay ganaderías que hacen peticiones para recalificar solo a las mejores, entonces los datos de recalificaciones están sesgados y por eso no se utilizan. Lo óptimo sería poder calificar en todas las lactaciones, igual que se hace con el control lechero, porque si nos basamos solamente en datos de la primera calificación no sabemos cómo ha evolucionado el animal. En Asturias hicimos un estudio de los datos de calificación y duración y vimos que la relación entre ellos era muy alta.

Ascol desarrolló SireScan, el primer programa de acoplamientos español. ¿Cómo surgió la iniciativa?

Cuando empecé, tenía que hacer los acoplamientos a mano, con mis plantillas, y eso requería mucho tiempo. Por eso siempre tuve interés en crear una herramienta informática para mejorar el proceso. Se dio la casualidad de que Alberto Rodríguez, el hijo de uno de nuestros ganaderos, estudiaba informática y le gustaban las vacas y, tras hablar con él de esto, terminó preparando como trabajo de fin de carrera el primer programa de acoplamientos.

Unos años después pudimos incorporar a este chico al personal de Ascol y nos metimos a fondo en el desarrollo del programa, y así fue como se creó el SireScan. Nosotros teníamos intención de que siguiese Conafe con él pero, como no se interesó por los programas de acoplamiento hasta años después, nos encargamos nosotros de su gestión. Casi todas las asociaciones de España lo utilizaron.

¿Cuáles eran sus características?

Las bases son las mismas que las que tiene el programa de Conafe hoy, porque tampoco es que haya otra forma de hacerlo, hasta los nombres de los recursos son los mismos, pero ellos han optado por un sistema remoto en el que cada usuario se conecta al servidor central. Claro, en aquel entonces las líneas de alta velocidad apenas existían y teníamos que ir instalando la aplicación en los ordenadores de las asociaciones y después manteniéndolos actualizados a base de envío de archivos.

¿Qué pautas deben seguir los ganaderos a la hora de seleccionar los sementales?

Primero, tienen que tener la convicción de que la selección de sementales es una de sus tareas más importantes. Segundo, deben entender que ellos son los propietarios de sus negocios y, por tanto, deben orientar la selección hacia donde consideren oportuno. Esto puede parecer una tontería, pero a veces hay demasiada gente alrededor diciéndote qué hacer. Nosotros podremos aportar nuestro punto de vista, pero tiene que ser el ganadero el que tome las decisiones sobre su negocio y el que aprenda a orientarlo. Después, la oferta es muy amplia y se puede servir de los programas de acoplamiento como el de Ascol, el de Conafe o el dairybulls.com para elegir entre todos los toros que reúnan las características que busca.


“La selección de sementales es una de las tareas más importantes del ganadero”

¿Cómo ha sido la evolución de los sementales españoles?

Recuerdo que la primera vez que acudí al Centro de Inseminación Racial de Québec con mi amigo Moraga, en 1985, el director me preguntó que qué teníamos en España y fue muy duro responder que prácticamente nada. El exceso de paternalismo de aquella Administración central que teníamos limitó muchísimo el desarrollo... Con las autonomías, se pusieron en marcha varios programas de selección que produjeron toros interesantes, los cuales mejoraron la cabaña española de base. Después, con la genómica, el avance fue tremendo. El impacto que tiene en la propia cabaña no se está viendo del todo todavía. La mejora genética realizada en España ha sido espectacular y ha hecho que nos valoren en todo el mundo.

¿Y en qué ha mejorado Ascol en cuanto al proceso de selección?

A finales de los 90 nosotros estábamos probando unos 20 toros al año y, aunque seleccionábamos por pedigrí y por morfología, nos faltaba lo que el ojo no veía, saber la genómica de los toros y qué podían transmitir a su descendencia. Hoy en día, gracias a la genómica, se seleccionan más sementales al mes que antes en un año. Concretamente, en Ascol se hace el testaje genómico en la base de datos norteamericana y en la europea para intentar tener una mayor garantía de que los resultados van a ser buenos y facilitar al ganadero hacer comparaciones entre sementales.

¿Qué toros de Ascol destacaría usted?

Yo siempre me acuerdo del primer toro del que me llegaron buenos comentarios de los ganaderos. Fue a finales de los 80 y el ejemplar se llamaba Wyatt. Después vinieron muchos otros destacables como Onassis, Valdes, Belmont, Megano, Alino...

Más recientemente, la gran alegría fue cuando las hijas de Yorick hicieron que el toro se posicionase como número 1 en tipo en Canadá, con prueba de descendencia. Eso era algo casi impensable para nosotros años atrás y fue un respaldo muy importante. Ha tenido hijas campeonas en concursos europeos, en Australia, en México, en Estados Unidos… Eso hace que la gente se pregunte en qué centro está ese toro y te va abriendo camino. Lo mismo nos ocurre ahora con las hijas de Emilio y de Jacot Red. Al final, comprar semen es un acto de fe, porque hay que esperar tres años para ver los primeros frutos y poder predicar con resultados es lo más importante.

Emilio es uno de los toros de Ascol más destacados de los últimos tiempos

A nivel mundial, ¿qué sementales han sido más importantes para la mejora de la raza?

A mí me tocó vivir, cuando empezaba a calificar, la influencia de Elevation, y también destacaban Valiant, Triple Threat, Blackstar, Chief Mark... pero el toro que más me sorprendió fue Starbuck, uno de los últimos hijos de Elevation y que después nos dio a Aerostar. Lo fui a ver una vez a Québec y realmente era algo distinto. Ya era mayor, estaba muy canoso, pero tenía una altura del tercio anterior, una angulosidad, una fineza de hueso… era impresionante. También hubo un toro en Europa llamado Besne Buck, un hijo de Starbuck que para mí fue poco aprovechado y que daba unas vacas muy buenas.

En cuanto a vacas, ¿cuál nombraría como sobresaliente?

En Estados Unidos y Canadá me encontré con vacas con un gran tamaño y una gran capacidad. Grandes campeonas con puntuaciones de más de 92 puntos, hijas de No-Na-Me Fond Matt, de Elevation, de Valiant… Pero las vacas que quizás más me han llamado la atención han sido aquellas que transmiten mucho a su descendencia, que tuvieron muchos hijos en centros de inseminación y cuya genética ha llegado a todo el mundo. En este sentido, yo creo que la Laurie Sheik, de Comestar, ha sido la vaca que más impacto positivo ha producido en la raza.

¿Y qué hay de las reproductoras españolas?

Conafe tiene una colección de las fotografías de las campeonas de concursos en donde, en un golpe de vista, se ve la evolución de las mejores vacas españolas. En las últimas ediciones, nuestros ejemplares podrían ganar, y así lo han hecho, confrontaciones europeas, y también quedar en puestos altos en cualquier concurso norteamericano. Recuerdo a una de las primeras hijas de Marquis King nacida en El Parral, que fue campeona en Avilés en 1980 y se llamaba Par Nena Marquis King. Era una vaca sólida, potente y con una ubre tremendamente bien insertada, había pocas vacas así de aquella.

También ha habido vacas que han dado mucho a determinadas granjas, como la Blackstar de ganadería Badiola, que fue el origen de muchas campeonas nacionales. Viña Tempo Alhambra fue subcampeona europea cuando se hizo la Confrontación en Barcelona y, en sus tiempos, era con diferencia el mejor animal que teníamos en España. Así mismo, tuvimos a Quintana Melisa Grand, que hizo una carrera espectacular: fue campeona de Asturias y campeona nacional en Silleda 99; se vendió a Irlanda, donde fue también campeona nacional y, más tarde, participó en la Confrontación Europea en Bruselas y salió elegida mejor vaca de Europa. Tampoco me puedo olvidar de la Lulu de El Obispo, de la Goldwin Ariel, de la vaca de Venturo (que no recuerdo ahora mismo el nombre), ni de la Pacho Telva de Badiola, que tiene mi mayor admiración.

Durante la celebración del I Open Holstein Ascol en 1999

 

Es evidente que es un gran seguidor de los concursos morfológicos. ¿Cómo han cambiado estos certámenes?

Cuando comenzaron los concursos en España había mucha participación y muchos más espectadores, en parte porque en el sector había muchos más ganaderos. Recuerdo que en el Open de Asturias llegaron a participar 300 animales, cuando ahora cuesta llegar hasta los 130 en un nacional. Esto también es debido a una mayor profesionalización de los preparadores y de los ganaderos, que saben cuáles son los animales que tienen posibilidades de quedar bien posicionados y eso hace que la selección en granja sea mucho mejor.

Es una tendencia a nivel mundial: a excepción de certámenes como la Dairy Expo de Madison y la Royal Winter Fair en Canadá, en los que participan varias razas lecheras, hoy lo normal es ver poco público, pocas cabezas y un nivel altísimo tanto de los animales como de los preparadores.

¿Son hoy mayores las exigencias de los jueces?

Los jueces también han evolucionado, claro. Están muy preparados, tienen mucha experiencia y saben perfectamente identificar a aquellos animales más destacados. Cuando escuchas las opiniones de varios de ellos, te das cuenta de que coinciden en la mayoría de los puestos, aunque eso no quita que pueda haber posiciones muy parejas que son difíciles de colocar. Lo que no ha cambiado es el prototipo ideal de vaca.


“Espero que las poblaciones de referencia se unan y apliquen la misma metodología ¿Es una utopía? Seguramente, pero es por lo que merece la pena esforzarse”

¿Cómo surgió el Open de Asturias?

Esto va unido a la historia del Concurso Nacional que, en sus inicios en los años 80, fue itinerante. Poco después, comenzó a celebrarse cada dos años en Gijón porque reunía una serie de características muy apropiadas para ello (las otras tres regiones más ganaderas, Galicia, Cantabria y Castilla y León, están cerca; tiene una buena sede para celebrarlo en la propia ciudad y, además, el Ayuntamiento, el Principado, la Cámara de Comercio y Ascol siempre lo hemos patrocinado al 100 %) pero, en 1999, por un problema de coordinación de fechas con Conafe, se modificó la sede.

Nosotros, para evitar que la discontinuidad provocase que perdiésemos los apoyos, montamos, en una fecha distinta, el Open Holstein de Ascol, en el que se aceptaban animales que no hubiesen nacido en España. Tuvo muy buena acogida y lo seguimos organizando un par de años más hasta que, en 2002, Conafe estuvo de acuerdo en que el sitio que reunía las mejores condiciones y facilitaba la organización era Gijón. Entonces decidimos dejar de celebrar el Open y destinar todos los recursos de los que disponíamos al Nacional.

¿Qué valoración hace del desarrollo de la cabaña española?

Desde mi punto de vista, hemos mejorado muchísimo la productividad: estamos ocupando las primeras posiciones en el ranking mundial. En cuanto a la morfología funcional no se ha mejorado tanto, desgraciadamente: hoy deberíamos estar ya en 83 puntos de media en primer parto.

¿Entonces la morfología es algo en lo que hay que seguir mejorando?

Sí. Sobre todo, en los caracteres morfológicos y en salud. También hay un carácter que todavía no tenemos medido y que, por tanto, no podemos mejorar, que creo que terminará por sustituir a la producción: la eficiencia alimentaria, es decir, la capacidad de aprovechamiento de la ración.

¿Y cuáles deben ser los próximos pasos para seguir a la vanguardia?

Hay que sacar más información de la genómica, estamos viendo solo la punta del iceberg y hay muchísimo más que aprovechar. Espero que las poblaciones de referencia, fundamentalmente la europea y la norteamericana, se unan y apliquen la misma metodología de valoración. ¿Es una utopía? Seguramente, pero es por lo que merece la pena esforzarse, porque cuando los intereses económicos prevalecen sobre la ciencia las cosas no van por buen camino. Epigenética y proteinómica. Pienso que esas serán las próximas áreas que se añadirán a la selección.


HOMBRE MULTITAREA DENTRO DEL SECTOR

La primera vinculación de Carlos con el mundo de la selección fue con 17 años, ayudándole a su hermano, uno de los primeros controladores lecheros de Asturias, a seleccionar los animales para el Concurso Exposición de Navia. “También por aquel entonces cayó en mis manos el primer número de Frisona Española de ANFE, que me descubrió el mundo de la selección el cual, a pesar de tener vacas en nuestra familia, yo desconocía”, recuerda.

Poco después de acabar la carrera de Ciencias Químicas, mientras trabajaba en el laboratorio lechero de Reny Picot y haciendo el control lechero de la zona, se presentó a un proceso de selección del que salió elegido como uno de los tres primeros calificadores del país.

También ha participado en numerosas escuelas de jueces y es un gran entusiasta de los certámenes frisones, en los que ha asumido la tarea de juez en más de una ocasión: “Juzgué la primera edición de la Moexmu de Muimenta, que recuerdo con cariño, y algunos otros, pero nunca ha sido mi tarea principal como calificador, porque lo que queríamos era formar a ganaderos como jueces, como ocurría ya en otros países”, aclara.