Acuerdo UE-Mercosur: el sector en un nuevo mercado de libre comercio de más de 700 millones de personas

Acuerdo UE-Mercosur: el sector en un nuevo mercado de libre comercio de más de 700 millones de personas
Los países de la Unión Europea están pendientes de la puesta en marcha definitiva del pacto comercial con el Mercosur. La mayoría de los sectores productivos europeos se podrían beneficiar de este tratado, pero ámbitos como el de la carne de vacuno parecen ser los grandes perjudicados. Más en Vaca Pinta 57.

El 17 de enero de 2026, el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE) firmaron en el teatro José Asunción Flores del Banco Central de Paraguay el acuerdo que crea una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo. Este pacto trasatlántico está dando mucho que hablar en las últimas semanas en el sector agrícola y ganadero, ante su supuesto perjuicio, principalmente en ámbitos como el de la carne de vacuno.

Agricultores y ganaderos temen sufrir una competencia desleal, debido a que los productos agrícolas suramericanos pueden ser más baratos por culpa de los menores costes laborales y ambientales. Bajo esta premisa, en los últimos meses se han acumulado las protestas y manifestaciones en España y en el resto de Europa.

El documento del tratado recoge el libre comercio de una gran variedad de productos entre ambas zonas. Se reducirán o eliminarán aranceles para importar productos desde la UE y para favorecer también las exportaciones europeas.  Mercosur está conformado por unos 270 millones de habitantes, que se suman a los 450 millones de personas que viven en la UE.

Con el acuerdo pendiente de una ratificación final a la salida de esta revista, tratamos de discernir los puntos principales del pacto de la mano de Tomás García Azcárate, economista especializado en PAC y mercados agroalimentarios; Matilde Moro, gerente nacional de la Asociación Española de Productores de Vacuno de Carne (Asoprovac); Jorge Hernández, ganadero en Monfarracinos (Zamora) y responsable de vacuno de leche de Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) en Castilla y León, y Xabier Iraola, coordinador de Euskal Nekazarien Batasuna (ENBA) en Gipuzkoa.

Antecedentes: más de veinte años de negociaciones

El Mercado Común del Sur (Mercosur) es una alianza comercial creada en 1991 por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, y conforma la unión comercial más grande de Sudamérica. Entre estos cuatro países existe una libre circulación de bienes y servicios. Desde 2012, Venezuela también forma parte de Mercosur, aunque en los últimos años se encuentra en un estado de suspensión. Por su parte, Bolivia también pretende adherirse.

Las negociaciones para llevar a cabo este convenio de tal calibre se remontan al cambio de milenio. En este tiempo, una de las principales reticencias del pacto estaba precisamente en lo referido a la producción agrícola.

“España, desde antes de negociar la adhesión a la Comunidad Económica Europea (CEE) en la década de 1980, siempre se planteó estrechar las relaciones entre Europa y América del Sur”, razona Tomás García Azcárate. “Cuanto más intenso sea el trato entre Sudamérica y Europa, más estratégico será el papel de España y Portugal, porque la gran mayoría de las relaciones económicas, humanas, científicas, etc. que se van a producir van a pasar por la península ibérica”, remarca.

Azcárate recuerda que, “por este motivo, los partidos políticos que han encabezado los distintos gobiernos de España siempre han estado a favor del acuerdo con Mercosur, por mucho que algunos ahora callen más que otros. Este acuerdo, de una u otra manera, forma parte de las prioridades diplomáticas españolas desde los años 80”.

Sin este pacto de por medio, las relaciones comerciales entre ambos bloques ya eran intensas en los últimos años: “En 2024, se importaron desde Mercosur hasta Europa 200.000 toneladas de carne de vacuno, un 30 % del total de lo que se produce en España”, acredita Matilde Moro.

La Unión Europea se ha convertido en el segundo mayor socio comercial de Mercosur, por detrás de China y por delante de Estados Unidos. En productos agroalimentarios y pesqueros, España es el tercer proveedor europeo de Mercosur y el segundo comprador. Según la Comisión Europea, la mayoría de las importaciones son bienes primarios, mientras que las exportaciones se corresponden con bienes manufacturados.

 

Situación actual

La puesta en marcha de lo firmado parece inminente. Aunque en enero de 2026, el Parlamento Europeo votó a favor de remitir el acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para que lo revise, la Comisión Europea ya ha manifestado su intención de instaurar la parte comercial. “En cuanto el primer país latinoamericano lo valide, entrará en vigor para los países que lo vayan aprobando”, indica García Azcárate.

Por su lado, el TJUE puede tardar hasta dos años en pronunciarse. Matilde Moro confía en un veredicto contrario del Alto Tribunal: “Si se pone en marcha y el Tribunal Europeo dictamina que no es conforme con los tratados fundamentales de la Unión, la Comisión habría promovido algo que tendría que revisarse de nuevo. Eso para nosotros sería lo ideal, porque lo estuvimos denunciando desde hace muchísimos años”.

Con todo, Tomás García cree que el problema vendrá a largo plazo, por mucho que la institución europea consiga ahora regatear ante los detractores: “El comercial es parte de un acuerdo global y este sí tiene que ser aprobado tanto por el Parlamento Europeo como por los parlamentos de cada país miembro. Tal y como está el asunto, es muy posible que en los próximos años el convenio global no se apruebe. No tengo respuesta para saber en qué medida el acuerdo comercial podrá seguir en vigor”.

 

Desequilibrio en la forma de producción

Los expertos coinciden en que las diferencias en normas sanitarias y de bienestar animal entre el bloque de Mercosur y el europeo son grandes. En la UE existen reglas estrictas sobre trazabilidad, pesticidas, hormonas y bienestar animal. Se teme que los productos importados no cumplan estándares equivalentes, pero sí compitan en precio, un punto que genera rechazo tanto en productores como en consumidores.

“Muchas comerciales veterinarias te plantean trabajar en América Latina como un paraíso. Se sigue empleando somatotropina bovina, hormonas de crecimiento y clembuterol. El bienestar animal no tiene nada que ver con las condiciones europeas”, apunta Jorge Hernández.

“En un análisis encargado por parte de Provacuno se concluyó que, por ejemplo, el 27 % de las materias activas utilizadas de manera habitual en Brasil han sido prohibidas en la Unión Europea en diferentes periodos de tiempo. El listado de diferencias es muy largo: límites máximos de residuos en el abastecimiento de ingredientes para la alimentación animal, el empleo de promotores de crecimiento hormonales, los antibióticos como promotores de crecimiento, etc.”, subraya la gerente de Asoprovac.

Para Xabier Iraola, “genera frustración ver que los métodos de producción no van aparejados en ambos lados del acuerdo. La UE exige las condiciones al producto final importado, pero no entra en su proceso. Eso provoca que puedan alcanzar un precio más barato de hasta un 30 %. Asimismo, es discutible el seguimiento del propio producto final en cuanto a su distribución; se mueve una ingente cantidad de material en los mercados internacionales”.

 

La carne de vacuno, entre los productos más afectados

Las voces consultadas, así como el sentir del sector, indican que la carne de vaca será uno de los productos que más sufran con el pacto; en consecuencia, “las pequeñas ganaderías”, tal y como apunta Matilde Moro, serán, de nuevo, las más perjudicadas.

En un principio, Tomás García Azcárate piensa que el tratado “no va a cambiar nada en lo que respecta al ganado de leche. Algunos han planteado que esto iba a asegurar el abastecimiento en maíz y en soja, que es importante para la alimentación animal. No obstante, creo que este no es un argumento, porque el aprovisionamiento de maíz y de soja procedente de Mercosur ya entra sin aranceles”.

Comenta que “si acaso, podría resultar algo positivo porque va a haber ayudas de la Unión Europea para que estos países cumplan mejor las reglas sobre la deforestación. Habría que ver un impacto, pero sería, en tal caso, secundario”.

Con respecto a la leche fresca, indica que el problema “no va a venir nunca de Mercosur, sino de las importaciones que existen desde otros países de Europa y de las importaciones que pueda haber de quesos, que eso es el gran hueco por el cual entra leche transformada ciertamente en el mercado español. Quizás, buscando un impacto positivo indirecto, se podría abrir un mercado para los quesos españoles en los países de Mercosur, pero, de nuevo, como en el caso de los insumos, estamos hablando de un impacto de segundo orden”.

Con todo, García Azcárate sí entiende la relación entre las ganaderías de leche y las de carne: “Las vacas lecheras tienen un subproducto que es el ternero, que entra en el mercado de la carne. Ahí es donde todos los análisis dicen que podría haber un impacto más significativo. No es tanto un impacto cuantitativo, porque las cantidades están bajo cuota, sino que los productos que se pueden importar van a entrar en el mercado de los productos de mayor precio. Esto puede crear un problema global mayor que el cuantitativo.  Habrá que vigilar mucho lo que ocurre e intentar competir en la medida de lo posible”.

Para Jorge Hernández “llegará al mercado español una carne en unas condiciones de precio mucho más ventajosas. Si pretendemos que el consumidor sea quien decida, no va a ser posible debido a las necesidades económicas. Únicamente mirarán el precio”.

Xabier Iraola remarca que “se supone que estiman a la UE como una zona rica, por lo que nos envían las partes del canal con mayor valor añadido. En España importamos carne de países de la UE como Polonia, Alemania y Países Bajos. En algunos casos vienen las canales completas, pero en otras ocasiones son partes de ese valor añadido. Vamos a ver cómo afecta el acuerdo a este tipo de mercado. Si la carne que viene de Mercosur llega a precios más bajos, puede presionar a la baja el conjunto del canal. Hay que estar a la expectativa de cómo funcionarán los mercados, la reacción de las grandes empresas exportadoras a Mercosur, pero también la de las importadoras de aquí”.

La industria láctea, a favor

La Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil) se muestra en favor del acuerdo, de la mano de la European Dairy Association (EDA). Aplauden el pacto y lo califican como “hito”, tras dos décadas de negociación. Lo enmarcan en principios de comercio “libre, justo y sostenible” y destacan su alcance.

Desde la perspectiva de industria, EDA liga el comercio exterior con empleo (más de 45.000 puestos directamente vinculados a exportaciones) y pone énfasis en dos ideas para rebajar temores: por un lado, la autosuficiencia láctea de Mercosur (entre el 98 % y el 281 %, según países) y, por otro, que las importaciones de queso y polvo desde la UE “no han alcanzado un volumen significativo” hasta ahora. Además, considera estratégica la protección de unas 350 indicaciones geográficas europeas frente a imitaciones en Mercosur.

 

El Barómetro del sector lácteo de Fenil retrata un arranque de 2026 “en fase de ajuste y normalización” tras un 2025 de alta volatilidad y precios récord en origen, en un contexto de mayor oferta mundial de leche y una demanda internacional “contenida”, además de tensiones comerciales.

Demandas de los ganaderos

Aunque el fin de este proceso se veía venir en el último año, ha sido en las últimas semanas cuando se han acrecentado las protestas por parte de los agricultores y ganaderos que se sienten perjudicados. Diversas agrupaciones regionales han impulsado numerosas protestas en las distintas comunidades españolas, que culminaron en el llamado “superjueves” del campo del 29 de enero.

En esa fecha, las concentraciones fueron promovidas por la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja), la Coordinadora de Agricultores y Ganaderos (COAG) y la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA). Días después, miles de personas se citaron en Madrid. La razón esencial de la protesta era este acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, pero también se incluyeron las críticas a la reforma de la PAC y el exceso de burocracia del sector.

 

“La gente está muy cabreada porque llueve sobre mojado”, expone Azcárate. “Siente que no los escuchan, después de una aplicación acelerada, administrativa e imperativa del Pacto Verde, con el que se ha intentado mucho más imponer que convencer. Además, temen que el presupuesto futuro para el ámbito agrícola disminuya, lo que genera mucha más incertidumbre. Cierto es que se buscan eslóganes fáciles como el de la Agenda 2030 o el de Mercosur, que pienso que son los que menos culpa tienen de todo esto”.

Para Matilde Moro, las protestas se producen por “falta de asimetría en el acuerdo”. Incide en que, si existen determinados estándares, que son el eje del modelo europeo de producción y se los exiges a tus productores, no puedes negociar con terceros países y meter esos requisitos en un cajón”.

“A medio plazo, lo que no debemos descartar es pedir responsabilidades o incluso poner en marcha algún tipo de campaña para explicarle al consumidor europeo por qué nuestros gobernantes no nos permiten trabajar de la misma manera que sí se favorece a otros productores en países terceros”, propone la gerente de Asoprovac.

 

Medidas de salvaguardia

Ante este acuerdo, la UE aprobó una serie de salvaguardas para actuar en caso de que se detecte un daño grave en sectores internos. 

Se podrían suspender la reducción arancelaria prevista o aumentar las tasas arancelarias al producto afectado.

“Una cosa es que estén las normas previstas en los reglamentos y otra es que haya un seguimiento de verdad”, se muestra escéptico Azcárate. “Habrá que estar muy vigilantes”. No obstante, señala que “hasta ahora nunca ha habido ninguna alerta de, por ejemplo, carne con hormonas, pero esto es como la rentabilidad de los fondos de inversiones: la rentabilidad pasada no garantiza la futura”.

“En las fronteras son los Estados miembros los encargados de inspeccionar y en los mercados es una cuestión que deben abordar las comunidades autónomas. La lógica económica nos dice que los exportadores latinoamericanos van a intentar vender la mejor carne para conseguir el mejor precio, porque no pueden exportar de una manera ilimitada”, justifica.

“La Comisión Europea ha indicado que en caso de que hubiese un sector afectado se contemplaría una serie de compensaciones, pero para nosotros es una propuesta perversa. No existe ningún analista que diga que es bueno para el sector. La mayoría reconoce que la UE sacrifica al sector primario en beneficio del resto. Con ese tipo de indemnizaciones aumentamos todavía más la dependencia que tienen los sectores productivos de las ayudas públicas. Esto anestesia al sector y da una mala imagen a la sociedad”, subraya Iraola.

 

Consecuencias

Con las discrepancias políticas derivadas del pacto, se deberá realizar un profundo análisis a posteriori, si finalmente el libre comercio impera en ambos bloques. “Yo creo que la UE hace bien en defender su autonomía estratégica, militar y tecnológica, pero se olvida de la alimentaria y medioambiental, tal y como se puso de manifiesto su importancia en la pandemia de la COVID”, destaca Tomás.

 

“Yo creo que estratégica y globalmente el acuerdo con Mercosur es bueno para España y para Europa en el actual contexto de tensiones mundiales. No obstante, como todo acuerdo, tiene luces y sombras, y una de ellas es el vacuno de carne u otros como los cítricos. Habrá que ver cómo se puede ayudar a los productores”, incide.

Jorge Hernández apunta que “si es verdad que Europa necesita el acuerdo, no puede dejar de lado a sus agricultores y sus ganaderos. Tendrá que procurar que las condiciones de producción sean las mismas. Pienso que ha faltado una mayor explicación por parte de todas las administraciones para transmitirles tanto a los integrantes del sector primario como a los consumidores a qué se van a enfrentar”.

“Si llevamos cuarenta años apostando por una alimentación de calidad y ahora lo vamos a tirar todo por tierra, me parece que la Unión Europea va en direcciones contrapuestas. Por un lado, apoya una producción más sostenible y ecológica, mientras que, por otro, abre la puerta a lo que venga. Bajo mi punto de vista, no tiene sentido y no lo comprendo”, concluye Jorge.

Todo hace indicar que el acuerdo se pondrá en marcha paulatinamente, con poca incidencia en el vacuno lechero, aunque sí se puede ver afectada la parte cárnica vinculada a las ganaderías de leche, en especial la salida de terneros y el valor del canal en el mercado.