La trayectoria de Roger Bellet está marcada por su pasión por la salud y el bienestar de los animales, y por la herencia de una profesión que su padre comenzó hace más de tres décadas. Como veterinario especializado en salud podal, Roger ha llevado a la empresa familiar a nuevos horizontes, partiendo de un oficio que, hace no tanto, era prácticamente desconocido en España. Más en Vaca Pinta 48.
“Mi padre cerró la granja de vacas de leche hace 33 años y, buscando un nuevo rumbo, empezó a formarse en podología bovina, algo que en ese entonces era totalmente nuevo en España”, relata Roger. En aquel momento, su padre viajó a Holanda para aprender una profesión que aquí nadie conocía y que le permitiría crear una empresa pionera en el país. “Lo que él empezó, ahora lo estoy dirigiendo yo”, añade con orgullo.
Con el objetivo de seguir perfeccionando sus conocimientos, Roger pasó un año en la Universidad de Minnesota, en Estados Unidos, donde profundizó en la investigación y la aplicación práctica de la salud podal. “Allí fue donde me di cuenta del enorme impacto que tenía la podología en el bienestar animal”, señala. A su regreso a España, implementó un enfoque más moderno y científico en la empresa familiar.
“La salud podal ha cobrado mucha importancia en los últimos años gracias a las nuevas normativas sobre bienestar animal”, explica Roger, al tiempo que destaca cómo este aspecto está directamente relacionado con la productividad y la calidad de vida de los animales. Sin embargo, lamenta que en España la investigación en este campo no reciba el mismo apoyo que en otros países: “Aquí solo hay un profesor que se dedique exclusivamente a investigar la salud podal, mientras que en lugares como Inglaterra o Estados Unidos cuentan con muchos más especialistas en este campo”.
Bellet también subraya la importancia de la prevención en su trabajo. “Visitamos las granjas regularmente, no solo para atender urgencias, sino para revisar todas las vacas cada seis meses; más o menos a media lactación y antes del secado es muy importante dejarlas preparadas para el siguiente parto”, cuenta. Es un proceso que requiere precisión y seguimiento, pero los resultados son más que gratificantes. “Ver a una vaca que estaba cojeando y, tras tratarla, comprobar que al cabo de un mes camina perfectamente es una de las mayores satisfacciones que tengo en esta profesión”, admite.
Por otra parte, expresa su frustración ante las dificultades que enfrentan los ganaderos, quienes, remarca, merecen mucho más reconocimiento por su labor. “Deberían ser un monumento nacional”, afirma con contundencia. “Se levantan todos los días a las seis de la mañana, incluidos domingos, navidades y festivos. Muy pocas personas serían capaces de llevar este ritmo de vida, y, a pesar de ello, los precios que reciben no son justos”. Así mismo, Roger lamenta la excesiva burocracia a la que se enfrentan, la cual dificulta aún más el trabajo en el sector.
Este veterinario también se muestra preocupado por la desconexión que percibe entre la sociedad y la producción primaria. “La gente quiere tener comida en su plato, pero no es consciente de dónde viene”, reflexiona. Por ello, aboga por una mayor educación desde la infancia sobre el origen de los alimentos y el trabajo que hay detrás de cada producto: “Deberíamos enseñar a los niños en las escuelas sobre la realidad de la ganadería y la agricultura, y sobre cómo los ganaderos y los veterinarios trabajan incansablemente para que todos tengamos alimentos de calidad”.
En cuanto al futuro del sector, Roger lanza una advertencia clara: “Si perdemos nuestra soberanía alimentaria, los productos importados serán mucho más caros y tendremos menos control sobre su calidad. Si ahora ya nos quejamos de los precios, en ese escenario serán tres veces más altos”. Por ello, insiste en la necesidad de apoyar a los ganaderos locales y reconocer la importancia de su labor para el bienestar de toda la sociedad.