El rojo les gusta más

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Más visitas al robot, más ordeños, más leche y una forma diferente de entender el trabajo en la granja de la mano de Lely. Más en Vaca Pinta 62.

Hay decisiones que se toman con números, otras con experiencia y algunas que se entienden cuando pasa el tiempo. En el ordeño robotizado ocurre algo parecido. Una vez que una explotación incorpora un sistema de ordeño automático, comienza una nueva etapa en la que el ganadero puede observar cómo se comportan sus animales, cómo evoluciona el trabajo diario y qué resultados consigue el sistema.

Hay un dato interesante: cuando algunas granjas han decidido apostar por una nueva solución de ordeño robotizado, sus vacas han empezado a visitar el robot con mayor frecuencia.

Durante 2026, 18 robots procedentes de otros sistemas de ordeño robotizado han sido sustituidos por equipos Lely. Más allá de la cifra, lo relevante es lo que representa: ganaderos que ya conocían la robotización y que, después de vivir su experiencia, han considerado que era el momento de buscar una alternativa.

Es una tendencia que Lely viene observando desde hace varios años en Galicia y que poco a poco se extiende por otras zonas del norte de España. Porque existe una diferencia importante entre elegir un robot por primera vez y volver a tomar una decisión cuando ya se tiene experiencia. La segunda decisión nace de la realidad del día a día.

La experiencia también cuenta

Cuando un ganadero instala un sistema de ordeño robotizado, la inversión no termina el día de la puesta en marcha. En realidad, ahí comienza la experiencia.

Con el paso del tiempo aparecen las preguntas importantes: ¿Cómo se comportan las vacas? ¿Cuántas veces acuden al robot? ¿Cuánto tiempo necesita el ganadero dedicar al sistema? ¿Cómo responde la máquina? ¿Qué producción se consigue? ¿Y qué nivel de tranquilidad proporciona al ganadero?

Son aspectos que difícilmente pueden valorarse sobre el papel. Por eso resulta interesante observar qué ocurre cuando una explotación que ya conoce la robotización decide dar un nuevo paso.

En los datos recogidos por Lely en más de ocho ganaderías gallegas que han realizado este cambio, principalmente en la provincia de Lugo, aparece una evolución común. Más visitas. Más ordeños. Más leche.

La mejora media registrada se sitúa en torno a 0,3 ordeños más por vaca y día y cerca de 3 litros adicionales de leche por vaca y día. Son cifras medias y prudentes. En algunos casos, el incremento ha sido superior a 7 litros por vaca y día.

En uno de los casos analizados, la producción pasó de unos 33 kilos de leche por vaca y día a más de 41 kilos de media anual después del cambio. Pero quizá lo más interesante no sea cuánto aumenta la producción, sino cómo se consigue.

En varias granjas, el número de ordeños ha pasado de 2,6-2,7 a más de 3,2-3,3 por vaca y día, manteniendo un número de animales similar o incluso superior. Las vacas visitan más veces el robot y distribuyen sus ordeños de una forma más natural a lo largo del día.

Para el ganadero, esto significa algo importante: más producción sin que aumenten necesariamente las horas de trabajo.

Cuando el sistema trabaja con la vaca

Los datos analizados muestran una evolución positiva en todas las ganaderías incluidas en este seguimiento, tanto en el número de ordeños como en el comportamiento de los animales y en la producción.

También se ha observado una reducción de las incidencias relacionadas con el ordeño. Pero detrás de los números hay otro aspecto que los ganaderos destacan con frecuencia: la tranquilidad.

La filosofía de un robot de ordeño es sencilla: que sea el robot quien haga el trabajo de ordeñar y que el ganadero pueda dedicar su tiempo a aquello que necesita su explotación.

Durante años, la posibilidad de intervenir de forma manual en determinados momentos podía considerarse una ventaja. Sin embargo, la automatización alcanza su verdadero sentido cuando permite que el sistema funcione de manera autónoma y fiable.

No se trata de alejar al ganadero de la granja. Todo lo contrario. Se trata de que pueda dedicar más tiempo a gestionar, observar y cuidar a sus animales, en lugar de emplearlo en resolver pequeñas incidencias del sistema de ordeño.

Las vacas también tienen algo que decir

Hay una parte de la historia que no aparece en una hoja de cálculo. Son las vacas. Después de realizar un cambio de sistema, algunos ganaderos explican que observan animales más tranquilos y que acuden con mayor frecuencia al robot.

Una vaca decide cuándo comer, cuándo beber, cuándo descansar y cuándo acudir al ordeño. Cuando el sistema está diseñado para acompañar ese comportamiento natural, el robot deja de ser una máquina de ordeñar y se convierte en una parte más de la rutina de la explotación.

El tráfico libre es uno de los pilares sobre los que Lely desarrolla el Astronaut. La vaca tiene libertad para decidir cuándo acudir al robot. No necesita esperar a una hora determinada ni depender de que todo el grupo se desplace al mismo tiempo.

Cuanto más cómodo y sencillo resulta para el animal acceder al robot, más posibilidades existen de que lo utilice de forma voluntaria y frecuente.

Diseñar pensando en la vaca

En el Lely Astronaut A5 Next, muchos elementos están concebidos con ese objetivo. La entrada y salida en línea recta, el brazo híbrido , el sistema de detección de pezones y el diseño del box buscan facilitar un ordeño tranquilo y adaptado al comportamiento del animal.

La idea es sencilla: si la vaca quiere entrar, debe resultarle fácil hacerlo. Y cuando encuentra un sistema cómodo, tranquilo y predecible, puede utilizarlo más veces a lo largo del día.

No se trata solo de producir más, sino de trabajar de otra manera. Varios ganaderos que han vivido este proceso señalan que han conseguido ordeñar más animales sin un incremento proporcional del trabajo diario.

Pero hay otro elemento que no debería pasar desapercibido: la granja también importa.

La posición de los robots, los recorridos de los animales, los espacios de espera, los accesos y la circulación dentro del establo son factores fundamentales. Un buen robot necesita una buena granja alrededor. Por eso, cambiar de sistema no siempre consiste en sustituir una máquina por otra. Muchas veces supone repensar cómo se mueven las vacas y cómo se relacionan con el sistema de ordeño.

Una decisión basada en la experiencia

Los 18 cambios realizados durante 2026 forman parte de una evolución que Lely viene observando desde hace años. Cada explotación tiene su propia historia, cada ganadero tiene sus prioridades y cada decisión responde a unas circunstancias concretas.

En algunos casos, la búsqueda puede estar relacionada con la fiabilidad. En otros, con el servicio técnico, la facilidad de manejo, el número de ordeños, el comportamiento de las vacas o el tiempo que el ganadero necesita dedicar a su negocio. No suele existir un único motivo. Es la suma de pequeñas experiencias del día a día la que termina construyendo una decisión.

Quizá por eso estas decisiones tengan un valor especial. Porque no proceden de alguien que todavía está imaginando cómo será trabajar con un robot. Proceden de ganaderos que ya lo han vivido.

Al final, ellas deciden

Un ganadero puede comparar precios, prestaciones, servicio, mantenimiento, tecnología y posibilidades de futuro. Puede analizar cada dato. Puede hacer números, y debe hacerlo. Pero existe otra forma de medir cómo funciona un sistema: mirar lo que hacen las vacas.

Cuántas veces visitan el robot. Cómo se comportan. Cuánto tiempo permanecen en él. Cómo distribuyen sus ordeños. Y cómo evoluciona su producción.

Porque al final, las vacas no leen una ficha técnica. No comparan marcas. No saben cuánto cuesta una máquina. Simplemente buscan aquello que les resulta cómodo y natural. Y cuando tienen la posibilidad de elegir, eligen. Y eligen el rojo.