“La práctica les entusiasma a todos los alumnos, pero no pueden prescindir de una base teórica sólida para avanzar”

En el IES Torres Villarroel de Salamanca no solo ofrecen conocimientos teóricos y prácticos para preparar a los estudiantes como técnicos superiores en ganadería o asistentes veterinarios, sino que también inspiran a los jóvenes a enfrentarse con pasión y compromiso al desafío de mantener vivo el sector primario en el país, motivos más que suficientes para convertir a los docentes y estudiantes de este centro en los protagonistas de este #YoSoyCampo. Más en Vaca Pinta 49.

Marta Diego Cruz, ingeniera agrónoma y profesora del ciclo, explica que esta formación de dos años atrae a estudiantes de perfiles muy diversos: “Vienen chicos de bachillerato que quieren una formación previa antes de ir a la universidad, otros de grados medios que buscan complementar sus estudios y muchos que tienen explotaciones familiares y desean profesionalizarse”. Según Marta, el valor del ciclo radica en combinar la teoría con actividades prácticas, como visitas a granjas, investigaciones en colaboración con universidades y charlas de profesionales. “La práctica les entusiasma, pero no pueden prescindir de una base teórica sólida para avanzar”, subraya.

El impacto de esta formación se refleja en los propios alumnos. Toño (Pozuelo de Zarzón, Extremadura) proviene de una ganadería familiar de vacuno y ovino de carne. Para él, este curso representa una oportunidad de aprender nuevas técnicas y corregir errores tradicionales: “Aquí te das cuenta de que lo que hacías en tu casa se podría hacer mejor. Además, las nuevas tecnologías ayudan mucho a la gestión, desde el control de nacimientos hasta las vacunaciones”. Sin embargo, también advierte sobre las dificultades del sector y hace un llamamiento a la sociedad: “Trabajamos mucho, echamos muchas horas y los costes están por las nubes. La gente debe entender que comen gracias a nosotros”.

Para Julia (Alicante), apasionada por las especies de gran tamaño, el ciclo es una puerta de entrada al mundo ganadero sin el compromiso inicial de una carrera universitaria. “Me encanta el contacto directo con los animales. No se puede comparar con verlo en una pantalla. Cuando vuelvo a casa, no paro de contar las últimas experiencias y lecciones”, comenta con entusiasmo. También destaca el papel fundamental de los docentes en este proceso: “Marta consigue que las clases sean muy interesantes. Nos transmite sus experiencias y su pasión, lo que hace que aprendamos de forma amena y efectiva”.

Tras acabar el ciclo, Elena (Gallegos de Solmirón, Salamanca) quiere estudiar Veterinaria y, después, continuar con la ganadería familiar. “Desde pequeña he estado entre vacas y quiero quedarme con el negocio de mi padre. Este curso nos enseña sobre aspectos como las instalaciones, la mejora genética y las condiciones del ganado”, asegura. Sin embargo, también lamenta las dificultades administrativas que enfrentan las pequeñas ganaderías, algo que teme que pueda llevar al cierre de muchas de ellas.

Alejandro (Sancti-Spíritus, Salamanca) tiene un objetivo similar: continuar el legado familiar en su granja de vacuno de la raza charolesa. Aprecia especialmente el aprendizaje sobre nuevas tecnologías aplicadas a la ganadería, como los collares de geolocalización, y reflexiona sobre cómo han cambiado las condiciones en el campo en las últimas décadas: “Antes, con dos vacas bastaba, pero hoy tienes que ir a más porque el sector tiende hacia grandes explotaciones. Es un reto”, reflexiona.

Manuel (Alba de Tormes, Salamanca) destaca cómo el ciclo le ha permitido descubrir aspectos de manejo que desconocía. “Ahora entiendo mucho mejor procesos como los hormonales y cómo afectan al ganado”, comenta. Aunque es consciente de las dificultades del sector y del desinterés de muchos jóvenes, cree que formaciones como las de este centro son esenciales para cambiar la percepción del trabajo en el campo. “La gente debería vivirlo al menos un día para entender lo que realmente implica. Hay cosas buenas y malas, pero es un sector que necesita reconocimiento y apoyo”.

Toño, Julia, Elena, Alejandro y Manuel son ejemplos de ese relevo generacional tan necesario para dar continuidad al sector productor en nuestro país, una continuidad que garantice la promoción de un medio rural tecnificado y a la vanguardia. En palabras de su profesora: “Que estén con nosotros, formándose, ya es un paso importante. Implica que abren la mente y que están dispuestos a mejorar. Eso es lo que necesitamos para el futuro del campo”.