La masía Mas Bes (Salitja, Girona) guarda una historia familiar y ganadera de más de 150 años. Joan Viñolas nació entre vacas, dedicó toda su vida a la agricultura y a la ganadería y ahora son sus hijos los que han cogido ya las riendas de un proyecto que no para de crecer y que se ha diversificado mucho. Conocemos todas sus iniciativas en esta nueva entrega de #YoSoyCampo.
¿Siempre has querido dedicarte a la ganadería?
Mis bisabuelos compraron esta masía hace más de 150 años; luego, se instalaron aquí mis abuelos y, más tarde, mis padres. Yo siempre me dediqué a esto.
Las vacas estaban originalmente dentro de la casa y en 1950 mis padres construyeron una cuadra para 14 animales. Más tarde, cuando yo cumplí 18 años, se hizo la primera estabulación libre y el 2 de agosto de 1979 pasamos las vacas de un sitio a otro. Fue el día que más contento he estado, aquello me hizo muchísima ilusión. Las vacas estaban libres, podían comer cuando querían e iban a la sala de ordeño paralela de 4 puntos. Ya no había que estar agachado para ordeñarlas. Ese cambio fue radical, el más brutal en la historia de la granja.
¿Cómo es la granja en la actualidad?
Poco a poco hemos ido creciendo y a día de hoy estamos ordeñando unas 650 vacas. Aparte tenemos unas 70-80 secas, unas 450-500 terneras de recría y los terneros de engorde. Las vacas de las que no queremos guardar descendencia las inseminamos con angus y todas sus crías se destinan a engorde.
Junto a otras seis granjas de Girona y a otra más de Lleida, producimos la leche para Ato.
Además de toda la actividad que supone la ganadería en sí, el negocio se ha diversificado mucho.
Sí. Mi mujer Nuria y yo tenemos siete hijos, cinco de ellos están en la explotación y también Carlos, mi único yerno. Fueron pasando los años y vimos la necesidad de potenciar esa diversificación.
Por una parte, un pequeño porcentaje de la leche que producen nuestras vacas la transformamos en un obrador que hemos construido en las propias instalaciones de Mas Bes.
Elaboramos productos lácteos, como yogures, requesón, leche fresca o una gama bien variada de helados. Con la leche también preparamos canelones, pasteles de queso y una crema de avellanas y chocolate.
Todo esto, junto a los productos de angus, a un licor de ratafía, típico de Cataluña, que elaboramos con el nombre de uno de mis nietos, y a una selección de productos de proximidad, se vende en una pequeña tienda que también hemos abierto en el recinto de la granja.
Por otra parte, organizamos visitas guiadas a la ganadería para dar a conocer todo el proceso. Últimamente, estamos potenciando esta idea de manera más profesional, pues vienen excursiones de colegios, de niños, de familias. Además de visitar la granja, tenemos un espacio con animales –ovejas, cabras, gallinas y burros– donde pueden tocarles o darles de comer. También realizamos un taller sobre maíz y este espacio lo hemos ilustrado con un dibujo muy explicativo de todo el proceso, que hemos llamado “Del campo a la mesa”.
A raíz de las visitas, surgió la idea de acondicionar varios locales para que las empresas pudiesen venir aquí a celebrar convenciones, reuniones y diferentes actos para promocionar sus productos, en los que también ofrecemos la posibilidad de organizar comidas o celebraciones.
La base de todo esto fue crear el que nosotros llamamos Centro de Interpretación de la Leche, porque la gente viene y puede conocer de principio a fin el proceso de su elaboración: cómo se cultivan los forrajes, cómo comen las vacas, cómo se ordeñan, cómo se manejan, cómo se elaboran los productos y, por último, pueden comprarlos y degustarlos.
Finalmente, creamos poco a poco un museo en el que recopilamos muestras, piezas y objetos ligados a la historia de la agricultura y de la ganadería. Tenemos representación de ordeñadoras, una colección de lecheras bastante importante, maquinaria, aperos, todo tipo de instrumentos de oficios tradicionales relacionados… Sería difícil explicarlo todo, es mejor venir a verlo.
¿Cuál es la parte que más te gusta de ser ganadero?
Desde pequeño he estado en este sector. Lo que me gusta es ver cómo vamos haciendo todo el proceso y cómo se consiguen los frutos.
Somos gestores de la naturaleza y eso es impresionante. Sin agricultores y ganaderos no tendríamos el entorno y el paisaje que tenemos. Somos los que cuidamos el medio ambiente y muchas veces nos acusan de que lo destrozamos, pero, si hacemos las cosas ordenadas y bien, como en el casi 100 % de los casos, estamos cuidando inmensamente este medio ambiente que tenemos entre todos.
¿Cómo ha cambiado la profesión en estos años?
Veo un cambio muy importante en la manera de hacer las cosas desde hace 50 años hasta ahora. Cuando teníamos pocas vacas, las tareas se realizaban tranquilamente, con mucha más pausa, parecía que teníamos tiempo para todo. Lo hacíamos con mucha ilusión y con mucho amor. Ahora, continuamos teniendo esa pasión, pero el sector se ha complicado mucho, pues nos exigen muchos trámites administrativos que nos complican la gestión y nos encontramos con muchas trabas burocráticas.
Creo que este asunto se debería ir solucionando para hacer más fácil la vida a los ganaderos que quieran seguir trabajando en sus granjas.
¿A qué retos se está enfrentando el sector?
En primer lugar, la ganadería en general sufre desde hace años un déficit de rentabilidad en las explotaciones debido a los costes de la producción y al bajo precio de los productos. Aquellas granjas que no han podido crecer y abaratar sus costes no han sido rentables y han tenido que cerrar.
En segundo lugar, y ligado a esto, creo que cada granja que cierra es un perjuicio para el medio ambiente. En este sentido, hace unos 10 u 11 años, apostamos por las energías renovables, con la construcción de una planta de biogás, y hace apenas dos años, con unos 100 kW de placas fotovoltaicas. Al principio no podíamos hacer autoconsumo del biogás, pero ahora sí y estamos utilizando parte de la energía de la planta para el agua caliente de las instalaciones y también para varios cargadores que ponemos a disposición en nuestro parking, para coches y caravanas. Siempre digo que pueden cargar sus vehículos con la mierda de las vacas.
¿Cómo ves el futuro y qué le dirías a una persona joven que quiera dedicarse a esto?
El futuro se ve incierto. Por un lado, la Administración debería dar solución a todas las trabas que se está encontrando el productor; por otro, es importante que el consumidor entienda todo el trabajo y esfuerzo que hay detrás de un litro de leche o de un kilo de carne.
Mi consejo para cualquier joven que quiera incorporarse a una explotación de vacas de leche es que continúe con su idea, porque con ilusión y pasión conseguirá sus objetivos y llegará muy lejos.