El maíz forrajero es fundamental para la actividad ganadera, pero su cultivo es altamente demandante de nutrientes y agua, lo que lo hace vulnerable a los cambios climáticos y al deterioro del suelo. En Vaca Pinta 58, Alberte Momán Noval propone algunas de las claves para llevar a cabo prácticas que regeneren los suelos y reduzcan la dependencia de insumos externos con el fin de mejorar su productividad sin comprometer la sostenibilidad.