¿Cómo ha evolucionado la situación de las explotaciones agrarias de Galicia, España y Europa en los últimos años?
Cuando empecé a trabajar en la Universidad de Santiago de Compostela, en el campus de Lugo, hace 34 años, había 75.000 explotaciones de vacuno de leche. Este año vamos a acabar con en torno a 5.000. Eso ya indica cómo ha variado el tema. Es una cuestión generalizada en toda la Unión Europea: se reduce el número de explotaciones, se incrementa su tamaño y tiende a la baja el número de habitantes del medio rural. Esto se está acelerando, es un proceso que va a más, por lo que la evolución de las tecnologías ya no es una opción, sino una necesidad para garantizar la viabilidad de las explotaciones y el relevo generacional, dado que los jóvenes ya no están dispuestos a hacer determinado tipo de trabajos.
Ese gran descenso del número de explotaciones es innegable, pero ¿las que permanecen son más grandes, productivas y avanzadas?
En efecto. No es que sea necesariamente negativo, simplemente ha cambiado la forma de producir porque lo ha hecho la distribución de la población de forma radical.
No quiere decir que ahora produzcamos menos, sino todo lo contrario, producimos más, producimos mejor y tenemos mejores calidades. Tenemos unos alimentos a unos precios muy asequibles en la Unión Europea y con la mayor seguridad alimentaria del mundo. Pero eso se tiene que hacer de una manera distinta. Ya no se puede basar en mano de obra porque no la tenemos. Las explotaciones tienen que tomar otro tipo de decisiones y adoptar otros tipos de tecnologías para garantizar su supervivencia y su competitividad en un escenario diferente.
¿Cómo ha evolucionado la tecnología en el sector agroganadero?
Ahora mismo, el sector que está liderando la introducción de nuevas tecnologías es el del vacuno de leche. El robot de ordeño ha sido uno de los grandes éxitos en cuanto a automatización y en cuanto a introducir una máquina que sustituya un trabajo rutinario y rígido. Ya tenemos más de 700 unidades implantadas en Galicia y cada vez se están vendiendo más. En Francia contamos con 18.000 unidades en funcionamiento. Es algo imparable y consecuencia, como decía, de una mayor dificultad para encontrar personal, sobre todo para estos trabajos que son menos atractivos, como una rutina de ordeño, que se debe hacer dos o tres veces al día durante los 365 días del año.
¿De qué manera la tecnología puede atraer a jóvenes o a personas sin vínculo previo con el mundo rural?
Todo lo que permita sustituir esfuerzo físico por gestión digital de la información y un trabajo más flexible va a atraer más a cualquier perfil de trabajador. Las jornadas partidas están en extinción; ahora nos vamos a jornadas continuas para permitir la conciliación. Si una tecnología me permite hacerlo de una forma más flexible, va a facilitar las cosas. Yo trabajo con gente de entre 20 y 23 años, y lo que miran es al móvil en vez de al profesor; entonces, todo lo que le podamos poner en una pantalla de móvil va a ser más atractivo que un trabajo manual. Eso no quiere decir que podamos sustituir todo tipo de trabajo manual. Las máquinas, el software o la inteligencia artificial no lo van a hacer todo solas. Siempre se requerirá de supervisión humana.
¿Qué nivel de presencia tendrá la inteligencia artificial en las explotaciones en los próximos años?
Está aumentando su presencia porque las explotaciones son cada vez más grandes y más automatizadas. Estas máquinas generan un volumen más grande de información y necesitamos ayuda de programas informáticos. Para el apoyo en la toma de decisiones, la inteligencia artificial es una gran herramienta, siempre supervisada. Hay que introducir el sentido común del que conoce el sistema productivo.
¿Qué papel juega la formación en este proceso?
Es un tema fundamental. Se necesita formación para su manejo y para su interpretación. Sería ideal un trabajo en red entre centros de formación profesional, universidades, asociaciones profesionales y empresas. Seragro es un buen ejemplo de transferencia constante de tecnología y de conocimiento al sector. Todos los años surgen temas nuevos y la competencia es más global, luego la información y la formación cada vez son más necesarias.
¿Qué iniciativas desarrolláis en Biomodem?
Hemos puesto en marcha tres proyectos de innovación tecnológica con grupos operativos financiados con fondos FEDER. Trabajamos en agricultura de precisión para el cultivo del maíz forrajero y en la gestión del purín, analizando los nutrientes y tomando decisiones en base a esa información desde un punto de vista económico y medioambiental. Es una actividad que se debería promocionar más, ese contacto del sector con la universidad pública, porque permite transferir conocimientos al sector y también darnos cuenta de la realidad del campo.