PATRICIA DE CELIS, GESCAL VETERINARIOS

“Las mamitis son multifactoriales, hay muchos aspectos dentro de la granja que influyen en su incidencia”

La veterinaria Patricia de Celis es socia de Gescal Veterinarios, empresa de servicios veterinarios centrada en calidad de leche y certificación en granjas, y trabaja principalmente en León y Zamora. Fue una de las relatoras de la Jornada Africor Lugo-Vaca Pinta 2026 y, en esta entrevista, repasa qué se puede esperar de las vacunas frente a mamitis y remarca que los resultados dependen, sobre todo, de manejo, rutina de ordeño y control de datos. Más en Vaca Pinta 58.

¿Qué le dirías a un ganadero que piensa que la vacuna le va a “quitar” la mamitis de la granja?

Que está equivocado. Las vacunas de mamitis, por desgracia, no son como otras con las que tú sabes que tienes un agente causal, pones una vacuna, lo tienes controlado y no vuelves a tener problemas con esa enfermedad. En el caso de mamitis no es así; primero, porque son multifactoriales, hay muchos aspectos dentro de la granja que influyen en su incidencia y, segundo, porque la inmunología de la ubre es complicada, no tiene una respuesta inmunitaria tan específica y, por tanto, la vacuna ayuda, pero no te lo va a solucionar todo.

¿Cuándo merece la pena vacunar y cuándo es mejor centrarse antes en manejo y rutinas?

Siempre es preferible centrarnos primero en manejo y rutina, en cambiar todo lo que nos pueda estar favoreciendo tener mamitis. La vacuna sirve como apoyo dentro de ese programa de prevención y control. Además, las vacunas que tenemos comercialmente ahora mismo solo son frente a tres tipos de bacterias; por eso, necesitamos un historial de analíticas en la granja y, si la causa de nuestras mamitis no tiene vacuna, no emplearlas. No se pueden usar a lo loco; primero, debemos aplicar medidas preventivas; segundo, saber qué bacteria es la causante mayoritaria y, tercero, decidir si vacunar o no.


“No se pueden usar las vacunas a lo loco; primero, debemos aplicar medidas preventivas; segundo, saber qué bacteria es la causante mayoritaria y, tercero, decidir si vacunar o no”

¿En qué tiene que centrarse el ganadero al implantar un plan de vacunación?

En hacer bien el protocolo: vacunar cuando toca y asegurar que la vacuna esté en buenas condiciones. Los resultados los vamos viendo con el resto de los datos de la granja: células somáticas, mamitis, porcentaje de curaciones… El ganadero, como trabajo adicional por implantar un plan de vacunación, no tiene nada más que hacer que vacunar, si es él quien lo hace.

¿Cuándo se empiezan a ver resultados y qué señales tempranas indican que el plan funciona?

En el caso de las vacunas contra mamitis, los resultados suelen ser a largo plazo; no se ven de manera inmediata. De hecho, a veces echa para atrás porque esperamos poner la vacuna y ver cambios rápido. Lo que sí podemos ir viendo es que las mamitis, según el tipo de bacteria contra la que estemos actuando —por ejemplo, con E.coli es muy claro—, son más suaves y las vacas responden mejor a los tratamientos. Y, en el caso de las contagiosas, a largo plazo deberíamos ver menos contagios en vacas nuevas.

¿Qué datos básicos hay que mirar para saber cómo está una granja?

Para monitorizar de manera fácil, hay que saber el porcentaje mensual de vacas sanas y llevar un control mensual de nuevas infecciones y de crónicas. Y, por supuesto, el porcentaje de mamitis. Dentro de ese porcentaje, analizar si son novillas, si son vacas de segundo o tercer parto, si están próximas al parto, si son del primer tercio de lactación o de más adelante… para valorar hacia dónde dirigir los cambios. También hay que monitorizar el secado.

Si una granja no registra (o registra mal), ¿qué método simple recomiendas para empezar?

Yo tengo gente que apunta las mamitis en un trozo de papel y con eso vamos tirando. Hay quienes usan una pizarra. Es difícil tener un registro de mamitis en muchas ganaderías y, sobre todo, uno que sea fiable, porque “qué es mamitis” cambia según la granja. Hay que entrenar al ganadero o al trabajador en qué queremos que anote y, después, que utilicen el sistema que mejor les encaje. De nada sirve que te empeñes en un registro supercompleto, si a ellos no les funciona.

¿Cuándo merece la pena tomar muestra al aparecer mamitis?

Existen diferentes escuelas. Hay veterinarios o zonas, aquí en Galicia se hace mucho, que prácticamente analizan toda mamitis que sale. Nosotros, en Castilla y León, trabajamos así: en una granja nueva elaboramos un panel de analíticas de mamitis y de tanque,  y luego, dependiendo del agente causal mayoritario, decidimos una rutina de muestreo.

¿Cómo se determina si el problema viene más del ordeño o del ambiente?

En las granjas, las mamitis se pueden dividir entre contagiosas y ambientales, y eso te lo indican las analíticas. Hay bacterias, como el uberis, que son mixtas, y entonces tienes que tomar medidas en los dos sitios. Pero la analítica es fundamental; primero, saber qué tienes y, a partir de ahí, decidir si te implicas más en lo ambiental o más en el control de contagiosos. Eso sí, la rutina de ordeño, sea ambiental o contagiosa, hay que intentar mejorarla siempre para evitar la circulación de bacterias durante el ordeño.


“La rutina de ordeño hay que intentar mejorarla siempre para evitar la circulación de bacterias durante el ordeño”

¿Qué acciones durante la rutina de ordeño suelen notarse más en resultados?

Algunas están relacionadas con el ordeño en sí, es decir, lo que tiene que ver con que la vaca dé la leche correctamente, tiempos en la rutina, tiempos de retirada, datos más propios del ordeño… Luego está la parte higiénico-sanitaria: desinfección y limpieza de pezones, sellado… Hay que actuar en las dos y, en el ordeño, ceñirnos a lo biológicamente adecuado para la vaca. En el apartado sanitario, siempre que se pueda, desinfección y predipping. “Lo que toca una vaca no toca otra”: utilizar trapos o papel individual y, después, un postdipping o un sellador.

En cuanto al personal, ¿qué error es el más habitual?

Ir con prisa y no formar a la gente. El equipo que está en el ordeño tiene que saber y no basta con decir “esto se hace así”. Hay que explicarles por qué, para que sean conscientes de los riesgos de no hacerlo; no es hacer las cosas bien porque sí, sino porque tienen un sentido.

¿Qué importancia tiene el sellado y que la vaca no se eche justo después del ordeño?

El sellado es fundamental en cualquier granja. Lo de que las vacas no se echen ya lo teníamos: arrimas la comida, echas comida fresca…, pero con los robots eso se complica, porque sobre un animal que sale del robot no sabes si va a estar media hora de pie o no. Por eso, en granjas con robot se multiplica la importancia de que las camas estén limpias, porque el pezón va a estar abierto y no vamos a poder controlar ese tiempo. Además, ya no son dos ordeños al día: hay productoras que se ordeñan cuatro o cinco veces, con lo cual ese tiempo se alarga muchísimo.

¿A qué hay que prestar atención respecto a las camas para que la ubre llegue limpia al ordeño?

A que la cama esté limpia. Con el robot pasa que las vacas ya no salen a una sala de espera y no queda la nave vacía para hacer trabajos de mantenimiento de camas. Tengo granjas que han empezado con robot y se han disparado las mamitis ambientales, y no es por el robot, es porque las camas no se están manejando tan bien como antes. Es fundamental que la ubre se apoye sobre un sitio con pocas bacterias, lo más limpio posible. Y cada granja, según el espacio, el tipo de instalación, los metros o cubículos por vaca, el tipo de cama (arena, paja, serrín, carbonato…) y la capacidad de los operarios, tiene que tener su protocolo de mantenimiento.

¿Qué cambio consideras más importante para bajar la presión ambiental?

Controlar el hacinamiento, el número de vacas que tenemos en la nave. Afecta a la calidad ambiental, hace que haya una mayor circulación de bacterias y, además, influye mucho en el sistema inmune. La vaca se estresa si no tiene sitio donde echarse; si para comer, beber o ir a ordeñarse tiene que pegarse… Son animales jerárquicos y todo lo que sea hacinamiento, aunque parezca un porcentaje pequeño, impacta mucho en ellas.

¿Qué aspectos recomiendas tener en cuenta en relación con la comida y el agua de bebida?

El agua de las vacas tiene que ser potable. No tienen menos derechos que nosotros a beber agua potable y un agua de mala calidad les afecta. Además, hay que tener en cuenta que tienen un rumen lleno de bacterias: cualquier alteración de esas bacterias les puede causar problemas de salud de todo tipo.

En cuanto a la comida, hay que mantener la regularidad en los horarios del unifeed. Esto lo he notado mucho en el robot porque, como la vaca tiene una alimentación aparte, que es la del pienso —un concentrado con mucha energía—, es importante que siempre tenga comida o que sepa cuándo la va a tener, para evitar, por ejemplo, problemas de atracones.

¿Cómo enfocas la calidad de leche en una granja con robot de ordeño?

Cambia un poco. Las medidas preventivas son las mismas: camas limpias, alimentación adecuada, buenas condiciones de almacenamiento y conservación de los alimentos. Pero hay un factor diferente: tenemos un mismo aparato, unas mismas pezoneras que ordeñan a todas las vacas. Si hay algún contagioso, es un factor de riesgo. Lo primero es descartar la presencia de contagiosos, porque, en cuanto los tienes, debes enfocarte en desinfección de pezoneras, desinfección después de la vaca o separación de lotes. En ambientales, son las mismas medidas que con sala: camas, alimentación, ambiente, ventilación, estrés por calor…

¿Qué otros cambios habría que destacar en una granja que se pasa a robot de ordeño?

Sobre todo cambia la organización de la propia granja. Las vacas se acostumbran muy fácilmente, en un par de meses o menos. Es el ganadero el que tiene que cambiar la forma de trabajar, y es más de lo que parece. Trabajo con algunos que me han dicho que les ha llevado un par de años adaptarse del todo. Eso también depende de si ya manejaban datos en el ordenador, si ya tenían programas de gestión... Así mismo, es un cambio para los trabajadores, porque personas que hacían el ordeño —una de las cosas más importantes en la granja— pasan a otras labores que consideran menos relevantes y puede ser difícil meterlos en esas nuevas rutinas.