The 1975, Neil Young y Olivia Rodrigo actuaron hace unos meses en los mismos terrenos en los que ahora se preparan pastos para alimentar a unas mil vacas. Este verano Rozalén, Rigoberta Bandini y Tanxugueiras se subieron a un escenario instalado en una finca en la que en primavera realizarán una nueva campaña del ensilado de hierba. Los lusos Mariza, Bárbara Tinoco y Nininho Vaz Maia ofrecieron sus conciertos en el mismo recinto en el que se juzgaron a las mejores vacas de la raza holstein frisia de Portugal.
Los festivales de música se han asentado como una de las opciones de ocio más demandadas tanto para los más melómanos como para un público más generalista. Cientos de marcas exhiben su potencial en este tipo de eventos multitudinarios, la mayoría en grandes áreas metropolitanas, aunque también proliferan numerosas iniciativas en lugares menos habitados.
Por lo general, son impulsados por empresas especializadas en el gremio, pero también muchas asociaciones sin ánimo de lucro dedican grandes esfuerzos para organizar sus celebraciones. El sector ganadero no es ajeno a esta tendencia. Existen muchas propuestas que se desarrollan en un ambiente rural y, dentro de ellas, numerosos eventos musicales guardan una relación muy estrecha con las vacas.
GLASTONBURY, REFERENTE EN GANADERÍA Y MÚSICA
No obstante, esta vinculación tampoco es reciente. El mejor ejemplo lo tenemos con el Glastonbury, un festival nacido en la década de 1970 en el entorno de la ganadería Worthy Farm, en Pilton, en el condado de Somerset, al sureste de Inglaterra.
Después de más de cincuenta ediciones, es todo un acontecimiento en el país anglosajón y está considerado uno de los festivales más relevantes en el panorama internacional. El granjero Michael Eavis fue su promotor. Tras asistir a un concierto de Led Zeppelin, Eavis decidió organizar un festival en su granja, bajo el nombre de Pilton Pop, Blues & Eavis. La primera entrada costó una libra y los asistentes recibieron leche gratis. La banda T Rex fue la cabeza de aquel cartel inaugural.
Esta cita ha ido evolucionando con el tiempo y se ha convertido en un encuentro de mayor tendencia, con críticas por su masificación, mientras mantiene su carácter reivindicativo. La hija de Michael Eavis, Carla, está al frente de la dirección del festival, que continúa organizándose en las praderas de Worthy Farm, una granja en la que se ordeñan alrededor de quinientas vacas.
La zona sufre una gran transformación al inicio de cada verano. Tras realizar el ensilado de la hierba, muchas de las fincas se destinan a albergar un festival que reúne a más de 130.000 personas. Además de la música, otras artes como el teatro también tienen su protagonismo. Se instalan alrededor de cien escenarios por los que han pasado en 2025 cerca de cuatro mil artistas. Se estima que la superficie ocupada por el evento supera las 600 hectáreas.
Un festival “a barbecho” cada cinco años
En Glastonbury no hay evento todos los años. De lustro en lustro el festival realiza un parón para preservar el entorno en el que se desarrolla. En este caso el barbecho es al revés, se deja la tierra vacía de gente y de montajes, y se prioriza el cuidado del campo y el crecimiento de la hierba. Tras la pausa obligada por la pandemia, en 2026 no habrá festival, por lo que la siguiente edición tendrá lugar en 2027.
FESTIVAL DE LA LUZ, SOLIDARIDAD ENTRE MAIZALES Y PRADERAS
A menor escala, una situación parecida a Glastonbury se repite, desde hace más de una década, en Galicia, en el Festival de la Luz. Esta iniciativa, creada por la reconocida artista Luz Casal en el entorno de sus raíces, en la parroquia coruñesa de Andavao (Boimorto), ha contado desde el principio con el apoyo de varios ganaderos de la zona. La cita está asentada en el calendario festivalero gallego y fomenta el cuidado y la valorización de su área de proximidad.
La superficie en la que transcurre el Festival pertenece a varios propietarios, entre ellos, a la propia Luz Casal. “Le vendimos esta propiedad a Luz (casa y finca), ya que era originaria de su madre. En la negociación se trató la realización de un pequeño festival con la participación del Ayuntamiento de Boimorto. Tardamos unos años en llevarlo a cabo porque en ese tiempo Luz enfermó. A posteriori, retomamos la idea y salió adelante la primera edición”, relata Luis Seoane, ganadero de Ugasma y expresidente de Conafe y Fefriga.
Seoane indica que “todos los vecinos participaron desde el primer día. Lo veíamos como una oportunidad, al tener una persona de tal renombre nacida aquí. La idea primogénita era puntual, organizar un evento para la parroquia y allegados del ayuntamiento. No obstante, como el entorno era tan bonito, la gente ayudaba y el éxito de público fue total, decidimos seguir”.
A pesar de que la zona es uno de los grandes atractivos del evento, es necesario destacar que se trata de un festival solidario desde sus inicios. Los artistas colaboran para que la organización done una cantidad importante de dinero a alguna asociación benéfica. En 2025, la entrega se dirigió a la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana para ayudar a las entidades afectadas por las inundaciones de la Dana. “Lo que se aporte siempre es más de lo que había; por eso, los vecinos estamos más implicados que si vemos que fuese un festival puramente comercial”, subraya Laura Seoane, de la ganadería Ugasma e hija de Luis.
CONCIERTOS CON MAÍZ ESPIGADO
La primera edición se celebró en la segunda quincena de septiembre. Posteriormente, ha ido variando de semanas y en 2025 se programó para el último fin de semana de agosto. Lo que no se altera es la presencia del maíz, planta que ofrece un toque especial, ya que en esas fechas exhibe su máximo esplendor.
“El uso del maíz ha sido una gran idea desde el principio. Es una forma de cerrar el recinto con vallas, sin que se vean, porque quedan en medio de los tallos y las hojas. Se proyecta una imagen agraria que queremos que tenga, se pretende que la gente vea y se identifique con algo tan característico de la Galicia ganadera como es el maíz forrajero”, explica Laura.
Alrededor de 50 hectáreas de terreno se destinan como superficie para el evento, entre las zonas centrales, aparcamientos, área de caravanas y lugar de camping. Los ganaderos dejan libres sus propiedades en estas semanas. “La gestión es clave. Sembramos en otras tierras el maíz y estas las dejamos como praderas permanentes o las orientamos a un cultivo de invierno”, explica Luis.
El Ayuntamiento de Boimorto también se implica de lleno en la organización. Una de sus tareas previas al montaje consiste en regar el maíz, para que se mantenga verde en las fechas importantes. “Colaboramos con el festival por ser el pueblo nativo de Luz Casal, a quien estamos muy agradecidos. Se promueve la cultura en el medio rural, se programan actuaciones para todos los públicos y es súper familiar”, remarca Chus Novo, alcaldesa de Boimorto.
A pesar del crecimiento que ha vivido el festival, “nosotros lo seguimos apoyando. Si desde la organización necesitan algo, aparecen en nuestras casas para pedírnoslo, ya sea una máquina para trabajar, pacas para ambientar o cualquier otro material. Aportamos todo lo que podemos”, se muestra orgulloso Luis. Además, cuenta cómo “aquí disfrutan desde un niño, pasando por un joven y hasta una persona mayor. Está adaptado para las personas que tienen dificultad de movilidad y todo el mundo lo vive”.
ANDAVAO EN EL MAPA
Laura, de Ugasma, y Xesús Seoane, de Gandería Taboada, ponen nombre al escaso relevo generacional en las granjas de la zona. “Tenía 12 años cuando comenzó el festival y me acuerdo que fue un boom, una alegría para todos que promovieran una iniciativa así en nuestra parroquia. Me acuerdo de estar ordeñando y oír la música de algunos artistas que escucho en mi tiempo libre”, cuenta Xesús.
“Cuando mi padre lo contó, nos parecía que esto no iba a ser lo que fue, pero tuvo una gran acogida. La gente mayor está expectante toda la semana desde que comienza a verse un movimiento fuera del habitual. Los pocos jóvenes que estamos en la parroquia lo aprovechamos también y es un acontecimiento muy señalado”, acredita Laura.
Los vecinos de Andavao colaboran y se unen al público del festival, al que muchos de ellos acuden cuando finalizan las tareas en las granjas. Nuestros protagonistas coinciden en valorar positivamente el evento porque “muchos asistentes de aldea ya conocen nuestra manera de trabajar, pero también acude mucho público que procede de las ciudades, incluso con niños. Para ellos creo que es muy positivo ver cómo funciona la ganadería y conocer el proceso que existe detrás de un brik de leche”, apunta Xesús.
“A esta parroquia y a nuestro ayuntamiento se le da mucha visibilidad. En el rural hay que trabajar y aquí lo hacemos con orgullo. La gente regresa a Boimorto en otras partes del año y sabe lo bien que se vive aquí”, aporta Chus.
El Festival de la Luz ronda en las últimas ediciones las 20.000 personas. Laura Seoane pone de manifiesto el buen ambiente que se genera. “No hemos tenido ningún problema, ni en las ganaderías, ni en las fincas. No se ve basura tirada, hay un comportamiento muy cívico. No obstante, en la zona siempre quedan restos. Tenemos que agradecer a los empleados del Ayuntamiento que son los que realizan esa tarea de recogida”.
Con respecto al futuro, Xesús lo tiene claro: “A mí me encantaría que continuase. Sí es cierto que parece que el festival cada año se expande un poco más e igual nos vemos limitados por la superficie, pero si continúa así, sin problema”. Laura también lo asume como algo propio: “Estando mi padre en los inicios, yo quiero que esto no se pierda, por eso todos ayudamos”.
¿Con qué intención comenzó el Festival de la Luz?
Empezó como un proyecto más pequeño, con un fin solidario, para dar visibilidad a las iniciativas innovadoras que se realizan en el rural y con la idea de acercar la cultura y los grandes conciertos a zonas donde no se programan este tipo de artistas. De la mano de Luz y de la promotora, el primer festival contó con unas cuatro mil personas. El crecimiento ha sido exponencial, aunque dentro de nuestra política el objetivo no es que sea explosivo. Intentamos crecer poco a poco.
A pesar de la evolución, ¿qué esencia se mantiene desde el principio?
El respeto por el entorno en el que nos encontramos, el espíritu solidario, el ambiente familiar, la apuesta por bandas para todo tipo de públicos y una oferta gastronómica de calidad y de cercanía. Son aspectos que no suelen darse en eventos de medio formato como este. Ahora sí que ya existen muchas iniciativas orientadas al uso de materiales sostenibles y a la implementación de medidas para la reducción de la huella de carbono. Nosotros desde el principio apostamos por la disminución de plásticos.
¿Cómo se implica la gente de la parroquia?
La colaboración es total tanto de ganaderos como de otros vecinos. Es más, su implicación es imprescindible para poder llevar a cabo el festival en la zona en la que estamos. Aquí el despliegue es muchísimo mayor que un evento que se realice en cualquier ciudad porque no tenemos instalaciones eléctricas ni agua. Además de la cesión de fincas, la ayuda de los ganaderos va desde prestarnos sus alpacas, que ya son uno de los símbolos del festival, hasta remolcar camiones de artistas con sus tractores, regar con las cubas de agua, etc. Ya somos un equipo.
¿Qué percepción tiene el público acerca del festival?
Después de catorce años, creo que nadie se imagina esto como es realmente, por mucho que yo les enseñe fotos y vídeos. La ambientación que crean el cierre de maíz y la integración de los materiales impide hacerse una idea de lo que se vive aquí.
¿Qué protagonismo tienen los productos de cercanía?
Uno de los objetivos de base era visibilizar las propuestas y las empresas cercanas que proceden del entorno rural. Eso sigue siendo una de nuestras premisas. Intentamos cuidar mucho el producto para que todo tenga una coherencia y vaya en torno a la idea del festival. Por ejemplo, contamos con Casa Grande de Xanceda, un negocio próximo que ofrece lácteos ecológicos.
Es un festival también para niños. ¿Existen propuestas destinadas a que conozcan mejor el mundo rural?
Intentamos que tengan actividades lúdicas como el circuito de tractores, pero también de formación, sobre el cuidado medioambiental o el sector primario, que quizás no dominan tanto.
¿Hasta qué punto llega la implicación de Luz Casal en el evento?
Es total. Para empezar, el festival se hace alrededor de su casa, que está dentro del propio recinto. Internamente no somos un equipo tan grande como suele haber para un espectáculo de este tipo, pero lo compartimos todo. Ella supervisa desde la parte artística hasta la ambientación y las propuestas gastronómicas que participan. Somos un equipo y ella es una más.
AGROSEMANA, LA GANADERÍA SE SUBE AL ESCENARIO
Un año después de nacer el Festival de la Luz en Galicia, en el norte de Portugal organizaron la Agrosemana, Feira Agrícola do Norte. La primera edición se trató de un evento cerrado a los profesionales del sector, cooperativas asociadas y productores de leche. Con todo, en 2014 el Espaço Agros, situado en Póvoa de Varzim, distrito de Porto, se abrió al público en general y se llenó de actividades para dar a conocer el estilo de vida del campo.
“La iniciativa de la dirección de Agros nació con el objetivo de promover el mundo rural y la actividad agropecuaria, además de mostrar sin dogmas aquello que hacemos bien, que es producir alimentos seguros y saludables para todos”, argumenta Idalino Leão, presidente de Agros.
Este evento ha crecido exponencialmente en la última década y recibe cada año a unas 90.000 personas a lo largo de cuatro días. Se desarrolla entre el ambiente rural y urbano, pero en una zona que “es la más productora de maíz en Portugal”, informa Idalino. Además, se trata de una cita socialmente responsable, ya que se realizan diversas acciones que revierten a favor de instituciones de carácter social.
En la última edición han destinado una donación a la Fundación Infantil Ronald McDonald, que presta apoyo a los niños hospitalizados en el Hospital São João. “No nos olvidamos que formamos parte de la economía social y siempre colaboramos con varias asociaciones a lo largo del año y en la feria”, pone de manifiesto el presidente.
Agrosemana se distribuye en dos bloques. Por un lado, uno más técnico, especialmente dirigido a ganaderos y agricultores; mientras que se organiza otro más lúdico, centrado en la gastronomía y en los conciertos. “Es una manera de llamar a las familias para que convivan y perciban que el ganadero no es el villano, es el primer ambientalista y el jardinero de este paisaje”.
La música tiene su protagonismo con los conciertos programados a las últimas horas de cada jornada. Reconocidos artistas portugueses actúan ante miles de personas como ocurrió en la última edición con Mariza, Bárbara Tinoco o Nininho Vaz Maia. Entre los músicos que han pasado alguna vez por el escenario de Agros también se encuentra el popular Quim Barreiros.
LA COMUNICACIÓN, CLAVE PARA VALORIZAR AL SECTOR
“En toda Europa existe un distanciamiento entre las sociedades más urbanas y las que habitan en el rural. Es nuestra función comunicar mejor. Pienso que esa distancia comienza a reducirse y es bueno que todos se acuerden, por ejemplo, que en la época de la COVID fue posible pedir a todos los consumidores que permanecieran encerrados en sus casas porque precisamente toda una industria agroalimentaria, desde el campo hasta a la distribución, estaba trabajando para proveer alimentos”, recuerda Idalino.
El presidente de Agros tiene claro los pasos a seguir para ganar más presencia: “Tenemos que rodearnos de gente que sepa comunicar aquello que queremos explicar. Pero además, debemos asociarnos a otro tipo de profesiones que son clave. Por ejemplo, en la Agrosemana nos rodeamos de deportistas para enviar el mensaje de que la leche es buena para la actividad deportiva”. En 2025, el Rio Ave y el Gil Vicente, equipos de fútbol de la primera división portuguesa, acudieron a brindar con leche, además de la participación del piragüista Messias Baptista, campeón del mundo y de Europa en la distancia K4 500 m.
“La agricultura es turismo, economía, gastronomía y ambiente. Somos fundamentales para la cohesión del territorio, es importante que los políticos perciban eso. Comienza todo en la educación; por eso, preparamos actividades destinadas a los niños para que se acerquen a nuestro sector sin prejuicios. Si conseguimos cambiar las malas explicaciones que se vierten en los manuales escolares sobre nuestro sector, de hoy en diez años, los estudiantes van a pensar de forma diferente sobre nuestra actividad”, concluye Idalino Leão.
UN FESTIVAL EN TORNO AL QUESO
Desde 1976, en el municipio coruñés de Arzúa, muy próximo al de Boimorto, se celebra la Festa do Queixo. Este producto alimentario, resultado de la transformación de la leche de ganaderías de la zona, cuenta desde 1995 con la Denominación de Origen Protegida (DOP) Arzúa-Ulloa.
Prácticamente desde los inicios del evento, la música ha estado muy presente en esta celebración, que ensalza el queso y el trabajo de sus productores. La tradicional fecha, a principios del mes de marzo, no ha sido impedimento para reunir a miles de personas en conciertos gratuitos que pretenden la máxima difusión de una cita esencialmente gastronómica y muy arraigada en la comarca.
La música folk fue la primera protagonista y, posteriormente, el rock se apoderó del municipio. Desde Aerolíneas Federales en 1985, a los portugueses G.N.R y Os Resentidos un año después, hasta Burning y otros grupos de la escena peninsular dieron sus bocados al queso encima del escenario.
En la actualidad, las actuaciones programadas en la Festa do Queixo son reconocidas en el calendario musical gallego y en otros puntos de la península como un evento que reúne a diferentes estilos musicales y con una importante promoción de artistas gallegos. En la última edición se estima que más de 10.000 personas acudieron a los conciertos.
La Festa do Queixo es el ejemplo de la interrelación entre ganadería y espectáculo. En los últimos años han surgido más iniciativas que guardan esta vinculación, especialmente en Galicia. Un ejemplo es el Festival Agrocuir, que celebra ya una década en Monterroso (Lugo).
Este evento reivindica la diversidad sexual y de género en las aldeas, bajo la organización del Colectivo Agrocuir da Ulloa, una entidad sin ánimo de lucro. El proyecto nació también en una ganadería, Granxa Maruxa. Tras los inicios y con la idea de preservar el entorno, la cita se ha trasladado al centro de la localidad para continuar con sus mensajes solidarios y reivindicativos.
Ganadería y música se unen en algunos casos como complemento para dar valor a un producto en concreto. En otros, las vacas son la base que sostiene la localización del evento, cuyas condiciones distarían mucho si no llega a ser por ellas. En el equilibrio entre el espectáculo y la preservación de la zona estará el futuro de estas celebraciones que, desde la sombra, promueve la ganadería.