Junto a estas patologías emergentes, convivimos además con enfermedades que creíamos prácticamente erradicadas y que, sin embargo, reaparecen con fuerza. En muchos casos, la fauna salvaje actúa como reservorio y vector de transmisión, lo que dificulta el control sanitario del ganado doméstico. Este hecho vuelve a situar sobre la mesa un debate recurrente: la necesidad de una gestión real y eficaz de la fauna silvestre.
Durante años, los medios de comunicación hemos mostrado imágenes reiterativas de campos de maíz arrasados por jabalíes o de praderas levantadas por su acción. Más allá del impacto visual, las consecuencias económicas para las ganaderías son muy reales. En algunos puntos de Galicia, ganaderos se han visto obligados a abandonar cultivos tan rentables como el maíz, modificando por completo su sistema de trabajo para poder seguir adelante. Lo que a veces se presenta como una anécdota es, en realidad, el extremo visible de un problema mucho mayor.
La reciente detección de un brote de peste porcina africana en el entorno de Barcelona es un claro ejemplo de hasta qué punto la situación puede escalar en cuestión de días. El impacto fue inmediato: cierre de mercados, restricciones comerciales y una caída de precios que afectó a todo el sector porcino español. La sanidad animal no entiende de fronteras ni de territorios aislados.
En el vacuno, el riesgo es igualmente real. Enfermedades como la tuberculosis, que dábamos por controlada, vuelven a aparecer sin una explicación aparente si no se tiene en cuenta la interacción constante entre fauna salvaje y animales en pastoreo. Ignorar esta realidad supone asumir un peligro innecesario para la salud animal y para la viabilidad de las granjas.
Hablar de control no significa buscar soluciones simples ni trasladar toda la responsabilidad al colectivo de cazadores. Es imprescindible contar con políticas públicas coherentes, basadas en criterios técnicos y sanitarios, que incluyan no solo la reducción de poblaciones cuando sea necesario, sino también el seguimiento del estado sanitario de la fauna silvestre.
Solo desde una gestión integral y responsable podremos afrontar con garantías los desafíos que ya están aquí, así como los que vendrán en el próximo año. Ahí queda, para quien quiera tenerla en cuenta, nuestra propuesta de propósito para 2026.