Un amor forjado entre dos Córdobas con las vacas como testigos

Loreto Pardo (nacida en Córdoba, España) y Diego Ezequiel Ruiz (natural de Córdoba, Argentina) son veterinarios y lo suyo es una historia de amor de pareja, pero también de pasión por un modelo de vida. Llevan casi veinte años trabajando en el Valle de los Pedroches, en Córdoba, y en este #YoSoyCampo, de Virbac, conocemos su día a día, que gira en torno al medio rural y a los ganaderos, por los que muestran un profundo respeto y admiración. Más en Vaca Pinta 45.

Loreto Pardo y Diego Ruiz son dos veterinarios que se criaron en un lugar con el mismo nombre; ella en la provincia española de Córdoba y él en la homónima argentina. Se conocieron en la Universidad de Córdoba en España en 1996, aunque su relación sentimental comenzó tres años más tarde en el país sudamericano. “Me vendió una camiseta de su promoción; me llamó la atención porque Loreto, en Argentina, es un nombre de chico”, relata Diego sobre su primer contacto, tras establecerse temporalmente en Andalucía para elaborar su tesis doctoral.

Diego regresó a su país y, tiempo después, fue Loreto quién apostó por realizar el camino a la inversa y desarrollar su investigación en otro continente. “A los dos años de volverme a Argentina, nos llegó una solicitud de España de un tal Loreto que quería preparar el doctorado. Yo dije ante mis compañeros que Loreto era una chica, todos se rieron y mi director de cátedra me indicó que me correspondía responsabilizarme de ella”, comenta Diego entre risas.

Este fue el punto de partida de un noviazgo que Loreto recuerda con mucho cariño: “Estaba todo el día con Diego porque él era profesor en la universidad y, aparte, trabajaba como veterinario rural con su padre. Aprendí muchísimo profesionalmente y conocí al hombre de mi vida”.

Tras los primeros años como pareja en tierras argentinas, decidieron trasladarse a España; en concreto, al Valle de los Pedroches. “A mí me encantan las vacas de leche. Cuando estaba en la universidad en España, cada vez que preguntaba por vacas, me mandaban a la Cooperativa Ganadera del Valle de los Pedroches (Covap). Había hecho buenos contactos en la entidad y, cuando decidimos instalarnos aquí, la solución más fácil era retomar el trato con la Covap para ver si podíamos vivir de la ganadería de leche en esta zona”, señala Diego. Loreto actuó de anfitriona, aunque ella no había nacido en el Valle: “Es la cuenca ganadera más importante en la provincia de Córdoba. Nos sentimos muy bien acogidos”.

Ruiz consiguió ocupación en la cooperativa, de la que formó parte durante 22 años, mientras que Loreto ejerció la docencia universitaria hasta 2006. A partir de ahí, comenzó a trabajar en el Valle de los Pedroches como consultora agropecuaria avalada por su especialidad en economía agraria. “Diego me comentó que los ganaderos necesitaban a alguien que les ayudara con la parte documental porque había falta de organización. A mí me enseñaron que una ganadería es una empresa específica que necesita un veterinario y un técnico que les asesore en más aspectos que el estrictamente clínico”, explica Loreto. En la actualidad, continúa gestionando la documentación de varias granjas de la zona; en cambio, desde hace año y medio, Diego actúa como profesional independiente.

El Valle marcó la filosofía de vida que Loreto y Diego intentaron transmitir a sus tres hijos. “Si son felices, abiertos y sociables es porque se han podido criar en el medio rural”, subraya Loreto. “En el campo hay muchas realidades, buenas y malas, pero es importante vivir ambas. En un pueblo se palpa una relación humana distinta”, confirma Diego, quién añade que “te permite dimensionar cuál va a ser tu papel en la vida, ni vas a ser el Dios que revolucione el mundo, ni una piltrafilla”.

CREENCIAS SOBRE EL SECTOR

La idea de vida que la pareja inculcó en sus hijos no encaja con los pensamientos que algunas personas exhiben sobre el medio rural. “La gente habla sin saber, los invitaría a que visitaran alguna de las granjas que nos dan de comer para que vean cómo funcionan. El ganadero no es ningún explotador. Estoy trabajando en negocios de 700 vacas y los dueños las conocen a todas. He visto cómo lloran cuando tienen que sacrificar a sus animales por una enfermedad de erradicación obligatoria”, razona Loreto.

“Tenemos que transmitir a la sociedad la realidad del sector”, apunta Diego, que expone un caso personal: “Conocí a una estudiante de Agrónomos y por un vídeo que había visto de un minuto en las redes sociales pensaba que las vacas estaban ordeñándose las 24 horas del día”.

Ambos veterinarios muestran un gran respeto por los ganaderos y piden que se eliminen los prejuicios. “Deben sentirse orgullosos de ser tan importantes en la vida de las personas. Muchos piensan que no tienen derecho a protestar; yo siempre he apoyado sus reivindicaciones porque se merecen ser escuchados y ayudados”, realza Pardo.

LA SITUACIÓN DE LAS GANADERÍAS

“A las nuevas generaciones les estamos enseñando que todo es color de rosa, pero esa no es la realidad. El punto más crítico del sector en los próximos años va a ser el dilema ético que genera el sacrificio de un animal. Desde la veterinaria tenemos que vivirlo y afrontarlo también como sociedad”, expresa Diego.

A pesar de todas las circunstancias, los dos profesionales manifiestan su optimismo con respecto al futuro. Ella afirma con rotundidad que “los ganaderos no van a desaparecer”, aunque sí es cierto que “tienen que adaptarse a las nuevas tecnologías como hacemos todos en nuestras vidas; esto permitirá que las explotaciones sean más eficientes y que sus propietarios tengan una mejor calidad de vida”.

Ruiz argumenta que “la humanidad necesita proteínas de alto nivel y eso solamente lo pueden producir los rumiantes; son los únicos capaces de transformar el pasto en comida”. Con todo, reconoce que Los Pedroches “es un sitio complicado porque no tenemos agua. Aquí, si pudieran elegir, nadie escogería el vacuno de leche. Su presencia se debe al esfuerzo de los ganaderos, al ejemplo de la Covap y al trabajo de mucha gente. El futuro va a depender de que seamos capaces de ser más eficientes”.

En ese camino, Loreto anima a los estudiantes de Veterinaria a que se especialicen en producción animal: “Hay muy pocos veterinarios que se dediquen a trabajar con los ganaderos en las zonas rurales. Es absolutamente necesario y existen muchas oportunidades de trabajo, no solo en el cuidado”. Para Diego, “es el ámbito de la Veterinaria más artístico; hay una parte del espíritu humano por desarrollar. A mí me encanta poder perfeccionar el conocimiento en áreas que no están definidas”.

A la pregunta de si habrá relevo generacional en casa, los progenitores no se esconden: “No sé si acabarán siendo ganaderos o no, pero estoy segura de que van a seguir vinculados al campo; es lo que han mamado, lo aprecian y lo valoran. Mi hija mayor está estudiando bioquímica y se quiere especializar en el medio ambiente y la genómica animal”. No sabemos si la profesión, pero el legado de Loreto y Diego ya está heredado.