CONCLUSIONES DEL PROYECTO LAKTIS

¿Y si la sostenibilidad del sector lácteo empezara por escuchar al ganadero?

¿Y si la sostenibilidad del sector lácteo empezara por escuchar al ganadero?

La jornada final del proyecto Laktis, impulsado por CLUN, CLAS, Capsa Food, Agaca y Medrar Innovation Office, reunió el 16 de junio en el CFEA Pedro Murias, de Ribadeo, a más de un centenar de ganaderos, técnicos y agentes de innovación para compartir resultados, presentar la Guía Blanca de buenas prácticas y cerrar una etapa de trabajo con una idea muy clara: la sostenibilidad solo será útil si se construye desde la granja.

Bajo el título “Menos huella, más futuro: sostenibilidad práctica para el sector lácteo”, el proyecto Laktis celebró un encuentro concebido como demo day, aunque para muchos de los participantes acabó siendo algo más que una jornada final. Fue un día de balance, de demostración y también de arranque de una nueva conversación sectorial.

“Este martes vivimos en Ribadeo un día que difícilmente olvidaremos”, resumió Hugo Criado, CEO de Medrar Innovation Office, al valorar una cita que reunió en un mismo espacio a ganaderos, técnicos, cooperativas, industrias, Administración, ciencia, empresas tecnológicas y agentes de innovación. “Hubo rigor, debate, transferencia, dinámicas participativas y visitas, pero también emoción, risas y la visión de que el futuro es prometedor”, señaló.

Durante su desarrollo, la iniciativa pretendió acelerar la transición hacia una ganadería láctea más sostenible, baja en carbono y alineada con los retos de la Política Agraria Común. Para ello, trabajó directamente con ganaderías gallegas y asturianas con el fin de validar herramientas de medición de huella de carbono, identificar casos piloto, promover estrategias de mitigación de emisiones y elaborar una Guía Blanca de buenas prácticas orientada a facilitar la toma de decisiones en el sector.

Criado subrayó que uno de los mayores aprendizajes del proyecto fue precisamente evitar que la sostenibilidad se quedase en una etiqueta o en un ejercicio administrativo. “Lo importante es convertir los datos en decisiones reales en granja, no en una mera etiqueta de colores”, afirmó. Desde su punto de vista, Laktis permitió seguir “tejiendo sector” desde un enfoque multiactor, “partiendo de la ganadería hacia arriba” y con la mirada puesta en un modelo en el que “todos somos importantes”.

Una guía para convertir la sostenibilidad en decisiones de granja

Uno de los momentos centrales del encuentro fue la presentación de la Guía Blanca Laktis, uno de los principales resultados del proyecto. Victoria Carballeira, sustainability project manager en Medrar Innovation Office, expuso los mensajes clave del documento, elaborado a partir del trabajo realizado durante los últimos meses y con las ganaderías y el medio rural como eje central de las recomendaciones.

La guía parte de una premisa contundente: la sostenibilidad no puede diseñarse de espaldas al ganadero. Cualquier estrategia de descarbonización será útil solo si nace de la realidad diaria de las explotaciones, de sus ritmos, de sus costes, de sus limitaciones y de sus posibilidades de mejora. Por eso, el proyecto Laktis sitúa al ganadero en el centro del proceso, siguiendo el modelo AKIS, no como receptor pasivo de conocimiento, sino como protagonista del diagnóstico, de la toma de decisiones y de la solución.

El documento también advierte de que la huella de carbono ha dejado de ser un concepto reputacional para convertirse en un indicador de competitividad. Medir emisiones ya no es solo una cuestión de imagen, sino una herramienta que puede influir en el acceso a mercados, en la diferenciación de la leche, en la eficiencia de las explotaciones y en la capacidad del sector para anticiparse a futuras exigencias normativas y comerciales.

En este punto, la Guía Blanca llama la atención sobre las singularidades del sector lácteo de la cornisa cantábrica. Su modelo se apoya en explotaciones familiares, base forrajera, praderas, cierre del ciclo de nutrientes y un fuerte vínculo con el territorio. Esas fortalezas conviven, sin embargo, con dificultades estructurales como el minifundismo, las condiciones edafoclimáticas, la presión administrativa y el relevo generacional. La guía recoge además una paradoja especialmente relevante: la cornisa cantábrica concentra el peso productivo del sector lácteo español y Galicia representa una parte esencial de las entregas de leche a nivel nacional, pero ese crecimiento productivo convive con una caída continuada del número de ganaderos.

Uno de los hallazgos más importantes del proyecto es que la metodología cambia el resultado. El análisis de 17 ganaderías con cinco metodologías distintas permitió detectar lo que la guía denomina un “efecto herramienta”: una misma explotación puede obtener resultados muy diferentes según el software o el sistema de cálculo utilizado. En algunos casos, las diferencias se aproximaron al 50% para una misma granja, algo que puede alterar su clasificación ambiental, condicionar las recomendaciones que recibe e incluso afectar a su posición ante la industria, la Administración o el mercado.

Por eso, la guía insiste en la necesidad de avanzar hacia una mayor armonización metodológica. Las divergencias entre herramientas no son menores: dependen de los factores de emisión utilizados, de las bases de datos de referencia, de los límites del sistema, del peso asignado a categorías como alimentación, purines, energía o cambio de uso del suelo y de la forma en que se interpreta cada práctica de manejo. Sin un marco común, oficial y adaptado al territorio, la medición puede generar desconfianza en lugar de orientar la mejora.

Otro mensaje central del documento es que las medidas más aceptadas son aquellas que el ganadero puede controlar. La clave no está solo en el potencial técnico de reducción de emisiones, sino en la viabilidad real de cada medida: su coste, su facilidad de aplicación, su retorno económico, el riesgo que supone para la producción y el acompañamiento técnico disponible. En este sentido, la Guía Blanca conecta la sostenibilidad con decisiones muy concretas de manejo: ajustar mejor las dietas, mejorar la eficiencia alimentaria, aumentar la longevidad de las vacas, optimizar el uso de nutrientes, reducir pérdidas, mejorar la sanidad animal, cuidar la recría y producir más y mejor con menos recursos.

La innovación, según recoge el documento, no debe entenderse solo como digitalización. También es hacer mejor lo que ya ocurre cada día en la granja. Una explotación más sostenible no es necesariamente aquella que incorpora más tecnología, es aquella que logra integrar herramientas útiles en una gestión más eficiente, rentable y comprensible para quien toma las decisiones.

La guía concluye con una demanda clara del sector: la transición sostenible necesita menos burocracia y más acompañamiento. Los ganaderos reclaman estabilidad normativa, proporcionalidad, formación, asesoramiento técnico, herramientas sencillas y datos que sirvan realmente para mejorar la gestión. La sostenibilidad, advierte el documento, no puede convertirse en una carga administrativa más sin retorno para la explotación.

En palabras de Hugo Criado, la jornada de Ribadeo quizás no fue solo un demo day. “Quizá fue un kickoff”, señaló. “El día uno de una nueva etapa en la que el conocimiento sobre sostenibilidad en el sector lácteo ya está encima de la mesa. Una etapa en la que el ganadero debe ser el verdadero protagonista”.

Ciencia, Administración y cadena de valor en torno a una misma mesa

La apertura institucional contó con la participación de Manuel Valín, director del CFEA Pedro Murias; Diego Canga, director general adjunto en funciones de la DG AGRI de la Comisión Europea, y Juan José Cerviño, de la Dirección Xeral da PAC de la Consellería do Medio Rural de la Xunta de Galicia.

Desde primera hora, el CFEA Pedro Murias se convirtió en un punto de encuentro entre quienes producen, investigan, transforman, asesoran y regulan. En los pasillos, entre conversaciones informales, se percibía una preocupación común: cómo hacer que la sostenibilidad no sea un discurso impuesto desde fuera, sino una herramienta útil para la competitividad de las explotaciones.

El programa incluyó una ponencia científica a cargo de David Yáñez, investigador del CSIC, quien abordó la cuestión “De la huella de carbono a la decisión en granja: qué dice la ciencia”. Su intervención puso contexto a las emisiones de gases de efecto invernadero en la actividad ganadera y, en particular, en la producción lechera.

Yáñez explicó que es fundamental entender de dónde proceden las emisiones, qué peso tienen las distintas contribuciones dentro y fuera de la granja y por qué resulta imprescindible medirlas correctamente antes de tomar decisiones. También recordó que muchas emisiones proceden de procesos naturales y que existen límites tecnológicos en la reducción, por lo que las medidas deben analizarse con rigor.

“El sector lechero ha mejorado de manera considerable en los últimos años en su esfuerzo por reducir emisiones, muchas veces asociado a mejoras de eficiencia”, apuntó. A su juicio, ahora el reto está en contabilizar bien esas mejoras y comunicarlas. “Es importante que el sector sepa trasladar ese esfuerzo a la sociedad y al consumidor, para que sean conscientes del trabajo que se está haciendo”, añadió.

A continuación, Kilean Watson, director general de Arla Foods España, ofreció una ponencia magistral aplicada bajo el título “Sostenibilidad que se paga: cómo una cooperativa europea está impulsando el cambio en las granjas”. Su intervención sirvió para conectar la experiencia de una cooperativa europea con los debates abiertos en el sector lácteo español: cómo reconocer económicamente las buenas prácticas, cómo generar incentivos reales y cómo evitar que la sostenibilidad sea solo una exigencia sin compensación.

Ganaderías que inspiran: sostenibilidad con los pies en la tierra

Además de las ponencias, la jornada combinó espacios de debate, networking, estands, dinámicas participativas y una visita técnica. La primera mesa redonda, moderada por Carlos Ares, director gerente de Agaca, llevó por título “Ganaderías que inspiran: sostenibilidad con los pies en la tierra” y permitió conocer experiencias vinculadas a la aplicación práctica de medidas sostenibles en las explotaciones.

En ella participaron Pablo Senande y Cristina Lago, alumnos del Centro de Promoción Rural-EFA Fonteboa; Pelayo Méndez, de Ganadería El Dios, en Miudes (Asturias), y Tino Díaz, de Casa de Polo SC, en Barreiros (Lugo).

Pelayo Méndez defendió una visión muy ligada a la práctica diaria. Desde su experiencia en Ganadería El Dios, explicó que la sostenibilidad se trabaja en decisiones concretas: la eficiencia en la alimentación, el mantenimiento de la curva de lactación para lograr vacas más persistentes, la gestión de residuos o la eficiencia energética.

“Todo esto tiene sentido siempre que tenga un retorno económico para la ganadería”, señaló. Para Méndez, la sostenibilidad debe apoyarse en tres pilares: que la granja sea rentable, que exista responsabilidad social con el equipo y con las personas que trabajan en ella, y que se prioricen el bienestar animal y el respeto por el medio ambiente.

“Cuando unes esos tres bloques, la granja es más sostenible y también más eficiente”, afirmó. Entre las medidas que citó figuran la reducción del uso de abonos químicos, una mejor eficiencia alimentaria, producir más leche con los mismos recursos y reducir el empleo de materias primas como la soja cuando sea posible.

La presencia de alumnos de EFA Fonteboa añadió a la mesa una mirada de futuro. La sostenibilidad, más allá de los indicadores, apareció también como una cuestión generacional. Qué modelo de explotación se quiere construir y qué condiciones necesita el sector para que los jóvenes vean en la ganadería una opción profesional viable.

Cooperativas e industria: palancas para que la sostenibilidad llegue a escala

La segunda mesa, moderada por Nuria M. Arribas, directora gerente de la Inlac, abordó el papel de cooperativas e industria como palancas de transición hacia un sector lácteo más sostenible. En ella participaron Ángel Miranda, director de la División Agroganadera en CLUN; Higinio Mougán, adjunto a la Presidencia y al Consejo Rector de Agaca, y Estefanía Iglesias, directora de Calidad y Sostenibilidad Industrial de Grupo Central Lechera Asturiana.

Arribas destacó que la mesa permitió abordar una sostenibilidad ambiental necesaria desde una visión de cadena. “Estamos de enhorabuena en el sector porque gracias a proyectos de ámbito nacional conseguimos que se financien necesidades reales de industrias y cooperativas en materia de sostenibilidad ambiental”, indicó.

La directora gerente de la Inlac puso el acento en la colaboración público-privada y en la utilidad de estos proyectos para probar herramientas directamente sobre el terreno. “Permiten aplicar las necesidades reales de industrias, cooperativas y ganaderos, mejorar la huella de carbono y trabajar con indicadores y herramientas claras que puedan utilizarse en el día a día”, explicó.

Desde Grupo Central Lechera Asturiana, Estefanía Iglesias compartió la experiencia de una organización que ya ha calculado la huella de carbono de sus 800 ganaderías socias. “Es un trabajo muy complejo, que exige mucho dato y mucho conocimiento para que sea realmente efectivo para el ganadero”, señaló.

Los relatores defendieron que el debate no debe centrarse únicamente en el dato de emisiones por litro de leche, sino en indicadores que el ganadero pueda comprender y gestionar. “Al ganadero quizá no le dice tanto cuánto emite un litro de leche, pero sí entiende que, si mejora la alimentación, ajusta la proteína y mantiene la cantidad y calidad de la leche, mejora la eficiencia, mejora su productividad, reduce costes y, por tanto, también mejora su huella”, enumeró Iglesias.

A su juicio, las herramientas de sostenibilidad deben funcionar como cuadros de gestión para mejorar la productividad de la granja, no como una carga añadida. Deben ser útiles, simples y pedir al ganadero la menor información posible.

Además abrieron una reflexión sobre cómo lograr que la sostenibilidad se pague. Para ello, apuntaron, es necesario que el consumidor aprecie el esfuerzo de los ganaderos, no solo por producir un alimento sano y de calidad, sino por aportar valor ecosistémico al territorio. “Los ganaderos trabajan el campo, contribuyen a la biodiversidad, al secuestro de carbono y a la gestión del territorio. Como sociedad tenemos que ser capaces de dar valor a todo eso”, afirmó Miranda.

Iglesias, Mougán y Miranda advirtieron también sobre el riesgo de que la sostenibilidad se traduzca en más burocracia. “El ganadero está cargado de obligaciones administrativas y cada vez se le pide más información. Hay que simplificarla y hacer que sea útil para su propia gestión”, defendieron desde Agaca.

En sus intervenciones, reclamaron también mecanismos reales de compensación para las mejoras ambientales. “Sin futuro para los ganaderos españoles, no hay futuro para el sector lácteo español”, concluyó Iglesias.

Del proyecto a la red: dejar capacidad instalada en el territorio

En el tercer debate, “Del proyecto a la red: cómo dejar capacidad instalada en el territorio”, participaron Carmen Muíños, jefa de Sección Técnica en la Subdirección General de Innovación y Digitalización del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación; Mariana B. Tocha, Country Lead Spain & Portugal de Root Global, y Mario Rouco, gerente de Desarrollo de Negocio de Innogando. Con la moderación de Hugo Criado, CEO de Medrar, la conversación se centró en trasladar los aprendizajes del proyecto a estructuras estables que permitan seguir acompañando al sector más allá de Laktis.

Carmen Muíños destacó la importancia de generar redes y de pasar de jornadas puntuales a grupos de trabajo que se mantengan en el tiempo. “El valor principal de estos proyectos, más allá de la innovación y de los datos que se puedan conseguir, está en mantener el contacto entre actores del sector de distintas partes de la cadena alimentaria”, manifestó.

Para la representante del Ministerio, la sostenibilidad debe entenderse en sentido amplio. “A veces tendemos a focalizarla solo en el aspecto medioambiental, pero también hablamos de sostenibilidad económica y social”, señaló. En su opinión, trabajar en sostenibilidad se traduce muchas veces en mejores prácticas, reducción de costes, mejor gestión del personal y mejor gestión de insumos. “Es una apuesta a largo plazo en la que tenemos que estar todos unidos”, añadió.

Mario Rouco, de Innogando, valoró especialmente la capacidad de Laktis para reunir en un mismo espacio a todos los perfiles necesarios para avanzar. “Para nosotros este tipo de proyectos son muy positivos porque permiten que participen todas las partes: ganaderos, cooperativas, empresas tecnológicas y también la formación, que es fundamental porque hay que ir desde la base”, recalcó.

Rouco subrayó que la medición y la mitigación de carbono son retos que han llegado para quedarse, pero insistió en que no pueden abordarse de forma aislada. “Esperamos que esto no quede aquí y que sirva como primer paso de cara al futuro”, destacó.

La mesa dejó una idea compartida: el proyecto termina, pero la red debe continuar. La capacidad instalada no consiste solo en documentos, herramientas o informes, sino en relaciones de confianza, conocimiento compartido y estructuras que permitan acompañar a las explotaciones cuando tengan que tomar decisiones.

Una dinámica participativa para decidir dónde invertir

Por la tarde, se desarrolló una dinámica participativa centrada en el diseño del plan de sostenibilidad de una granja real. Bajo la pregunta “¿En qué invertirías?”, participaron empresas y entidades como Innogando, Pentabiol, Entomo, AINIA, C-Lock Inc, Bioprana y Agricarbon, que presentaron soluciones vinculadas a la innovación, la eficiencia, la medición y la reducción de emisiones.

El formato obligó a aterrizar el debate. Después de una mañana de ponencias y mesas redondas, los asistentes tuvieron que priorizar. ¿Qué medidas son más urgentes? ¿Cuáles son más importantes de cara a los próximos doce meses? ¿Qué inversiones pueden generar un impacto real en una explotación concreta?

Mediante votación en sala a través de código QR, los participantes seleccionaron las soluciones que consideraban más relevantes. La dinámica permitió visualizar una de las claves del proyecto: no todas las medidas valen para todas las granjas, y la sostenibilidad exige elegir, adaptar y acompañar.

La jornada finalizó con una visita técnica al Centro de Alimentación de Ganado Vacuno, CAVI, de CLUN, y a la ganadería Villameitide, socia de la cooperativa. El recorrido permitió completar el sentido práctico de la jornada: salir de la sala, pisar territorio y conectar los debates técnicos con la realidad de las explotaciones.

Continuar construyendo un sector lácteo más competitivo

Desde la organización destacaron que el encuentro permitió reforzar uno de los principales enfoques de Laktis: llevar la transferencia de conocimiento al territorio ganadero y acercar ciencia, innovación, soluciones, cooperativas, industria y Administración a la realidad diaria de las explotaciones. En este sentido, la jornada situó al ganadero en el centro del proceso, no solo como destinatario de recomendaciones, sino como protagonista en la construcción de soluciones útiles y aplicables.

Hugo Criado lo expresó como una forma de trabajar que exige colaboración y generosidad. “Personas y organizaciones con miradas distintas, incluso competidoras, compartieron un mismo espacio para pensar juntas cómo acelerar una sostenibilidad que sea útil, aplicable y justa para las explotaciones”, señaló. “El ego debe estar bajo y la autoestima alta, porque solo así podremos dar ese gran salto que todos necesitamos”.

El proyecto Laktis está promovido por un consorcio multiactor que agrupa a diferentes eslabones de la cadena de valor del sector lácteo, entre ellos CLUN, CLAS, Capsa Food, Agaca y Medrar Innovation Office, junto con empresas y entidades especializadas en innovación, sostenibilidad y tecnología aplicada al sector agroganadero.

Con la celebración de esta jornada final en Ribadeo, Laktis cerró su calendario de actividades consolidando un espacio de diálogo y transferencia entre los distintos agentes de la cadena. Pero, como apuntaron varios de los participantes, el cierre tuvo también algo de comienzo: una invitación a seguir construyendo un sector lácteo más competitivo, conectado con el territorio y preparado para afrontar los nuevos retos ambientales y económicos sin perder de vista a quien sostiene todo el sistema, la ganadería.

“Ojalá dentro de uno o dos años miremos atrás y podamos decir que fue bueno apostar por un modelo abierto, colaborativo, con los egos bajos y la autoestima alta”, concluyó Criado.