En torno a esta cuestión conviven sensibilidades diferentes dentro del propio sector. Hay quienes consideran que, ante cualquier riesgo, habría que extremar la prudencia y limitar al máximo los puntos de concentración de animales, como subastas, concursos u otros eventos ganaderos. También los hay que ponen el foco en la necesidad de contar con una información más clara, más rápida y más útil por parte de la Administración, tanto para las granjas como para los equipos veterinarios que trabajan sobre el terreno.
Otros profesionales creen que la prioridad debería situarse en el control de los movimientos de animales, ya sea reforzando la vigilancia entre comunidades autónomas o endureciendo las medidas en frontera. Junto a ello, surge una línea de opinión que plantea revisar el actual encaje sanitario de la enfermedad, para evitar que la respuesta ante un posible caso desemboque necesariamente en medidas tan drásticas como el vacío sanitario. Y, por supuesto, tampoco falta quien considera que, al menos por el momento, el nivel de inquietud generado es superior al riesgo real y que convendría actuar con vigilancia, pero sin alimentar una alarma excesiva.