La ganadería La Saireta adquirió una mayor dimensión con la entrada de la nueva generación. Ampliaron sus instalaciones e incrementaron el número de animales, al tiempo que invirtieron en alcanzar más bienestar para sus vacas. Roger es consciente de la importancia de su trabajo en la sociedad y en este #YoSoyCampo de Virbac nos deja un mensaje reivindicativo y esperanzador. Más en Vaca Pinta 51.
Roger Sarret asumió de manera temprana, pero con conocimientos adquiridos desde pequeño, responsabilidades en la granja de su padre. “Al principio contaba con continuar mis estudios. No obstante, en el momento clave jugaba al fútbol a un cierto nivel, bajé mi rendimiento académico y me quedé sin alcanzar la nota necesaria para entrar en la carrera de Veterinaria. Mis padres me propusieron dedicarme a otra profesión o asentarme en el negocio ganadero. Sabían que me gustaba y yo casi tenía claro que en el futuro me iba a quedar, así que decidimos ya mi incorporación”.
Con la continuidad familiar asegurada, “construimos una nueva nave y pasamos de unas 80 vacas en ordeño a las 250 actuales”, relata Roger. En total, cuentan con 420 ejemplares, entre terneras y novillas, y manejan alrededor de 100 hectáreas de terreno, de las que disponen de un 40 % en propiedad.
En La Saireta producen el 100 % del forraje. “Sin agricultura la ganadería se muere. No puedes ser ganadero sin disponer de tierras; posible es, pero el margen de beneficio es irrisorio. Entre el 65 % y el 70 % del gasto de una granja de vacas corresponde a la alimentación. Cuanto más ahorres en ese aspecto, más ganarás. En las vacas no hay secreto”, aclara.
Este ganadero cree que el incremento de la producción en buenas condiciones va de la mano de la felicidad. “Si cuidamos el confort, la ventilación, evitamos el estrés calórico y les ofrecemos la mejor comida, son animales felices y capaces de producir mucho”.
Roger echa en falta mayor conocimiento por parte de la sociedad acerca del trabajo en el campo. “La gente no es consciente de lo que significa tener una granja de cualquier industria del sector primario. Trabajamos los recursos que tenemos todos: la tierra, el campo y los animales. Sí, nos dedicamos a explotar, pero para que viva el mundo entero. Sin nosotros no hay alimentos y si no se come fruta, ni carne, ni leche, no se vive”, reivindica.
“Las protestas de los ganaderos y de los agricultores delante de todos los estamentos gubernamentales son para que nos dejen subsistir. Siempre digo que un ganadero nunca se muere rico. Trabajamos para vivir nosotros y nuestras familias, sí, pero también para toda la población. Simplemente, creamos alimento”, manifiesta.
Entre los retos a corto plazo, Roger tiene claro que “la escasez de agua será un gran problema. La latitud de la sequía va subiendo, lo que ocurre ahora en Marruecos en diez años estará en Andalucía y en veinte sucederá aquí”.
Con todo, lanza un discurso de esperanza. “Debemos seguir en la lucha, ser profesionales y mejorar. Además, hay que mantener la paciencia, por lo que se intuye, nos escucharán y prestarán un poco más de atención. A la gente le pido que nos entienda y que cuide del planeta”.