La granja Las Rozuelas, situada en Torrecampo (Valle de los Pedroches, Córdoba), ocupa una finca de 1.400 hectáreas donde conviven vacuno de leche, ovino de carne y porcino ibérico. La ganadería lechera abarca unas 50 hectáreas y cuenta con alrededor de 550 vacas y 380 terneras. En 1984, la familia decidió iniciarse con vacas frisonas, importadas en parte desde Alemania, momento en el que comenzó a trabajar con ellos quien todavía hoy es el responsable de la finca, Rafael Romero. Sin experiencia previa, Romero destaca que apostaron por genética y manejo innovador, apoyándose desde el inicio en el asesoramiento especializado. Más en Vaca Pinta 52 (MSD).
¿Cuáles consideras que son los principales retos actuales y futuros de esta granja?
Uno de los retos importantes en nuestra zona es la poca pluviometría. La sequía nos pasa factura. Aunque en la granja tenemos un par de pantanos, esas aguas vienen de arroyos de una zona bastante poblada y, en algunos casos, traen aguas residuales de pueblos cercanos. Por eso tenemos que ser muy eficientes en el uso del agua: para bebida, limpieza y refrigeración de los animales, pero siempre con mucho cuidado, porque no siempre tenemos toda la que necesitamos. Este año, por suerte, hemos llenado casi todo, pero no es lo habitual.
Otro reto es la disponibilidad de comida. Dependemos de regiones productoras de alfalfa, maíz y otros cultivos para llenar los silos y dar a nuestras vacas la cantidad y calidad de comida necesarias.
También está el problema del relevo generacional. Es difícil encontrar mano de obra, no ya cualificada, sino de cualquier tipo. Por eso intentamos mejorar las áreas de trabajo para depender menos de personal especializado y poder contar con peones que contribuyan al desarrollo del negocio.
¿Estáis haciendo una apuesta importante por la monitorización?
Desde luego. Es fundamental, tanto en vacas como en la recría. Ahora estamos implementando mejoras con un par de nodrizas que nos van a permitir amamantar entre 60 y 90 terneras seguidas, dependiendo de la afluencia de partos. Tenemos una estacionalidad fuerte: en abril, mayo y junio hay pocos partos; en julio suben muchísimo, hasta cuatro veces más. Por eso hay que prepararse para ese pico de nacimientos. Con la alimentación adecuada y monitorizando mediante crotales y nodrizas, garantizamos salud, buen crecimiento y mayor eficiencia.
¿Qué importancia tiene la recría para vosotros?
La recría es el futuro. Usamos genética y genómica para desechar animales y mejorar la descendencia. Con la inversión en nodrizas y nuevas instalaciones, buscamos garantizar una salud y un desarrollo óptimos para tener buenas vacas en el futuro.
¿Cómo de importantes son los costes relacionados con la recría?
No sabría decir exactamente qué peso tiene la recría en el coste total. Lo que sí es cierto es que tenemos un programa de vacunación, protocolos y alimentación, y damos a los animales todo lo que necesitan para su buen desarrollo. No tengo cuantificado su peso económico, pero, siendo el futuro de la granja, no me parece un gasto descabellado.
¿Qué nos puedes decir sobre los retos sanitarios en estas primeras edades?
Estamos muy pendientes de las enfermedades emergentes. Por nuestra cercanía con África, donde por desgracia hay poco control sanitario y escasa información, tenemos que ser muy cautos. En 2023 sufrimos la enfermedad hemorrágica epizoótica (EHE), que nos afectó mucho. También nos preocupa la lengua azul. De hecho, esta semana, aunque ya no es obligatorio, hemos vacunado todo el rebaño de ovino. Preferimos estar protegidos ante lo que pueda venir. Por eso tenemos un técnico en la granja y dos más que nos asesoran en nutrición, manejo y protocolos, para estar lo más preparados posible y minimizar así el impacto de cualquier enfermedad.
¿Qué decisiones habéis tomado para mejorar en el área de la recría?
Estamos rediseñando los tres módulos actuales, que funcionan con alimentación manual, para pasar a un sistema con dos nodrizas y ocho patios. También destinaremos parte de esa zona a los terneros de venta, cruzados o frisones, para garantizarles mayor viabilidad. Además, instalaremos un tanque para conservar la leche y poder ofrecérsela a los animales más jóvenes. Y si no conseguimos garantizar una buena calidad del agua en la granja, instalaremos una pequeña planta de depuración para asegurar que el agua destinada a las terneras de hasta tres meses sea completamente segura.
¿Qué cambios y mejoras habéis hecho en el programa de recría?
Lo primero fue identificar los puntos críticos. Detectamos un problema importante de diarreas en fases tempranas, que reducían la ganancia media diaria, aumentaban el uso de medicamentos —especialmente antibióticos y sueros intravenosos— y suponían una carga de trabajo excesiva para el personal. Realizamos analíticas de agua, que mostraron una calidad insuficiente, y también se analizaron diarreas y heces en terneras de hasta un mes. En todos los casos, el agente principal era Cryptosporidium parvum, incluso en animales aparentemente sanos. La estrategia fue añadir la vacunación frente a criptosporidiosis, con la nueva vacuna BOVILIS® Cryptium®, a las ya existentes para rotavirus, coronavirus y E. coli, además de reforzar el manejo, la higiene y el protocolo para recién nacidos.
¿Cómo habéis implementado la alimentación con leche de transición?
La leche de transición ya se utilizaba, pero tras incorporar BOVILIS® Cryptium® se aumentaron los días de administración. Todas las vacas recién paridas se ordeñan individualmente durante los tres primeros ordeños. Esa leche se identifica, se enfría y se etiqueta correctamente para su uso posterior. Antes se ofrecía durante tres días; ahora, durante cuatro o cinco, según la disponibilidad. En los tres primeros días se suministran dos litros por toma, y, desde el cuarto día, dos litros y medio.
¿Qué cambios habéis observado tras la implementación de estas mejoras?
Se han reducido la mortalidad y la morbilidad, y los animales enfermos se recuperan más rápido. El uso de medicamentos, incluidos antibióticos y sueros, ha disminuido considerablemente, lo que también ha reducido la carga de trabajo del personal.
¿Crees que estos cambios van a tener efectos positivos a medio y largo plazo?
Sí. De hecho, ya se observan mayores ganancias medias diarias y menos casos de enfermedad respiratoria. A medio plazo, se espera que los animales lleguen a la primera inseminación con mayor tamaño y menor edad. A largo plazo, se prevé una mejora en el rendimiento durante la primera lactación. Además, vamos a empezar a trabajar con dos amamantadoras que podrían potenciar aún más los resultados.