Ganadería de Pazos SCG cuenta con tres MFR para distribuir la comida y dos cocinas para preparar la mezcla. Además, ordeñan con ocho Lely Astronaut A5.
En Mazaricos, donde los amaneceres se abren paso entre prados húmedos y silos gigantes, la rutina de Ganadería de Pazos SCG hace tiempo que dejó de parecerse a la de cualquier explotación tradicional. Aquí, entre pasillos de hormigón impecablemente limpios y naves diseñadas al milímetro, la alimentación del ganado ya no depende de un carro que ruge a horas fijas, sino de un sonido más suave, eléctrico y casi coreografiado: el ir y venir del Lely Vector, el sistema que cambió la manera en que esta granja entiende la nutrición de sus animales. Más en Vaca Pinta 56.
Jesús Perfecto, uno de los socios, recuerda perfectamente el momento en que decidieron dar el salto. Era 2021, y la explotación ya contaba con una estructura pensada para crecer y trabajar de forma más eficiente. La idea de automatizar la alimentación no era nueva, pero la tecnología sí había llegado, por fin, a un punto en el que encajaba como un guante en su modelo. “La granja tal y como estaba diseñada se adaptaba a la perfección para implementar el Lely Vector”, cuenta Jesús mientras observa el recorrido del robot. “Con dos MFR íbamos muy justos, por eso nos decidimos a meter los tres”. No fue una decisión impulsiva: con más de 900 vacas entre novillas, secas y en lactación, la logística se había convertido en un desafío colosal.
Antes, el carro mezclador lo gestionaba una cuma. Ahora, el Vector trabaja de día y de noche, sin depender de horarios ni de disponibilidad. Jesús lo resume con una llaneza que solo dan los años en el campo: “Queríamos mejorar la gestión… y ahora tenemos todo mucho mejor, más eficiente”.
Hay quienes todavía ven estos robots como una apuesta arriesgada, pero Jesús y su familia ya no tienen dudas. “La máquina va muy bien, no nos dio prácticamente ningún problema, ni en gastos ni en averías”, afirma con naturalidad. Habla de él como quien habla de un compañero fiable, constante, casi invisible.
En más de cuatro años, el Vector no ha dado ningún susto. Las únicas dificultades venían de otro lado: la red eléctrica. Estar al final de línea provocaba bajadas de tensión que afectaban a toda la granja, pero el problema desapareció con la llegada del biodigestor.
“Antes del Vector tuvimos un arrimador Lely Juno 150 y puedo decir que se perdía más el arrimador que el Vector”, recuerda riendo.
Hoy, además, cuentan con algo que valoran tanto como la tecnología: un equipo especializado de Lely dedicado exclusivamente al Vector. “Eso se nota. Cuando hay un problema, la solución es inmediata”, asegura Perfecto.
La precisión del sistema se percibe en cada metro de pesebre. Cada día realiza diez repartos en el lote de lactación, además de los arrimados necesarios. Las vacas siempre encuentran alimento fresco, homogéneo y distribuido exactamente como debe estar.
La clave, explica Jesús, es que el sistema prácticamente ha eliminado los restos de ración. “Ahora casi no tenemos sobrante. Eso hace mucho más eficiente la granja, porque la ración se divide a la perfección”.
Y es que la complejidad nutricional aquí no es pequeña: 13 raciones diferentes conviven, cada una diseñada para un grupo específico. Cuatro pesebres de lactación, cinco grupos de novillas, dos lotes de preparto y dos de secas. “Con un carro autopropulsado sería imposible. O, al menos, supondría muchísimo más tiempo”, afirma.
No todo puede automatizarse. Jesús insiste en un punto que solo entiende quien ha pasado horas delante de un silo: “Hay que ver que no saques un taco en mal estado”, explica. “No es lo mismo dar un bol de 700 kilos con un taco mal que diluirlo en muchos más kilos”.
Por eso, aunque las cocinas se llenan tres veces por semana, la precisión manual sigue siendo indispensable. La desensiladora, capaz de manejar tacos de tres toneladas, permite trabajar con rapidez sin perder control sobre la calidad.
Además, el pesebre se barre cada dos días, una tarea que antes tenían que hacer a diario.
Cuando uno pregunta si repetirían la inversión, Jesús no duda ni un segundo: “Si hoy volviera cinco años para atrás, no dudaría en volver a montar el Lely Vector”. No es una frase hecha; detrás hay una precisión que supera el 95 %, animales mejor alimentados y un equipo humano que ha podido reorganizar su tiempo para dedicarlo a tareas que aportan más valor.
En Mazaricos, donde conviven tradición y vanguardia, Ganadería de Pazos SCG demuestra que la tecnología no es un capricho ni una moda. Es una herramienta que, cuando encaja de verdad, transforma por completo el corazón de una explotación. Y a veces, como ocurre aquí, esa transformación suena simplemente al suave zumbido de un robot que recorre los pasillos, repartiendo comida como si siempre hubiese estado allí.