En nuestro caso, al tener dos granjas, estamos algo más expuestos porque nos tenemos que desplazar de un lado al otro y, en general, además de tener paralizadas las concesiones de ayudas y con el sector de la maquinaria bastante limitado ahora que estamos con la campaña, hemos tenido que adoptar nuevas medidas.
Tenemos contratados servicios externos y estamos intentando no coincidir con ellos, que haya las menos visitas a la explotación posibles... Por ejemplo, ahora mismo, los veterinarios solo están entrando cuando hay algún problema clínico. En esos casos, les dejo al animal identificado y apartado y, por teléfono, les hablo de las patologías que tiene. Después me pasan la información que necesite por mensaje o por correo electrónico. De hecho, con la persona que nos está llevando la nutrición y la gestión estamos haciendo todo vía telemática.
En lo referente a los trabajadores, les estamos pidiendo que no hagan ninguna salida al exterior, tomamos todas las medidas necesarias (guantes, mascarillas, desinfectar...) e intentamos tener el mínimo contacto posible.
Realizamos tres ordeños el día y cada trabajador se encarga de uno, mientras que alguien más da apoyo fuera de la sala (limpiando, con la comida, etc.). El ordeño está siendo un tema complejo, la verdad, porque al ser una instalación nueva aún estamos pendientes de que todo funcione adecuadamente.
En cuanto al número de cabezas también tenemos un problema, porque no tenemos salida para las vacas de desvieje, a las que, además, se les ha reducido el precio más o menos a la mitad, y el 15-20 % de nuestros ingresos vienen de la venta de carne (vendemos entre 60 y 70 vacas/año).
La renovación del contrato la hicimos en abril, con el inicio del brote en el país, pero no tuvimos ningún problema y, de momento, está todo estable. De hecho, estuve hablando con la jefa de compras y me dijo que no tenían previsto hacer ningún tipo de cambio. Imagino que también buscan una cierta estabilidad porque, al final, estamos trabajando con un producto primario.
En cuanto a seguridad, higiene y calidad, el consumidor puede estar tranquilo al 100 %: los estándares alimentarios que tenemos siguen siendo muy estrictos. También me gustaría destacar que, cuando hay un problema, en la alimentación seguimos produciendo, y hay cosas que no se pagan solo dando las gracias. Nosotros ni con el confinamiento podemos dejar de trabajar y eso prueba que todo lo que les tratamos de transmitir tanto a quienes nos gobiernan como a quienes nos compran los productos es cierto. Por eso espero que todo esto que estamos viviendo, por lo menos, sirva como reflexión y para saber que, si se para el sector primario, se para todo.
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