La crisis del coronavirus ha obligado a las empresas de distribución de comercio alimentario a hacer importantes ajustes en sus sistemas logísticos para responder a los rápidos y radicales cambios en la demanda. Además, han implementado nuevos protocolos de trabajo en las tiendas con el objetivo de garantizar la protección de trabajadores y clientes. Todo ello se ha hecho en un tiempo récord, a menudo adelantándose a las recomendaciones oficiales, gracias a la experiencia que hemos recibido de otros países que iniciaron el confinamiento antes que nosotros y con una fuerte inversión económica, necesaria para seguir funcionando en estos momentos difíciles. Cabe destacar el alto nivel de eficiencia y compromiso que ha mostrado la totalidad de la cadena de valor agroalimentaria para que en ningún momento faltaran productos de alimentación y primera necesidad y es preciso también hacer una mención muy especial a la entrega, compromiso y sentido de servicio público que han mostrado los trabajadores de los supermercados. Sin embargo, lo más importante, es que han con seguido garantizar el abastecimiento alimentario de todos los hogares españoles en todo momento.
Dentro de estas buenas prácticas, que la distribución de comercio alimentario tiene ya completamente integradas en sus procesos de trabajo, destacan las destinadas a la protección del trabajador, que incluyen medidas organizativas sobre la disposición de los puestos de trabajo, de turnos y horarios, de circulación de personas o de distribución y separación de espacios en la zona de venta y en la de cajas, vigilancia adicional y control de aforos, así como la puesta a disposición para las plantillas de equipos de protección para desarrollar con seguridad su trabajo; la protección al consumidor, con cartelería y señalización informativas, mantenimiento del aforo o la recomendación del pago con tarjetas; las medidas de higiene en el establecimiento, para lo que es muy importante contar con un plan estructurado de limpieza y desinfección, y, por último, el control del surtido para asegurar una correcta reposición y prever tiempos de mantenimiento y limpieza. Otras de las medidas que se han tomado desde la distribución alimentaria es contemplar servicios a colectivos vulnerables, con acceso preferente que les eviten tiempos de espera.
Según datos publicados por la empresa IRI, en la semana del inicio del estado de alarma se experimentaron fuertes subidas en la demanda de leche líquida. Después se ha entrado en una fase de estabilización, en la práctica totalidad de productos habituales de la compra, derivada de la reconducción de parte del consumo procedente del canal Horeca, que ha permanecido cerrado.
La leche entra en la categoría de producto de consumo básico, que fueron los más demandados en la semana caracterizada por el acopio de alimentos, justo antes de la entrada en vigor del estado de alarma. Muchos niños pasaron de comer en sus colegios a tener que comer en casa las 24 horas y los consumidores hicieron acopio ante esta nueva realidad. Después, el consumo de este tipo de referencias se ha estabilizado, con incrementos derivados de la relativa normalidad con la que han sucedido las últimas semanas.
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