En el día a día de la granja la crisis no nos ha afectado mucho, porque cada uno de los cuatro empleados tiene su puesto de trabajo específico y su espacio, así que en ese sentido apenas hemos sufrido cambios en nuestras rutinas habituales. Lo mismo ocurre en el ámbito agrícola y en la prestación de servicios a terceros, ya que cada operario (otros cuatro) tiene su máquina y su herramienta y los riesgos se minimizan. En cualquier caso, hemos adoptado las medidas de protección que han recomendado las autoridades y ahora van equipados con guantes, mascarillas y desinfectantes para que no haya ningún tipo de contagio.
También se han restringido las visitas a la ganadería en un 90 %, quedando únicamente las imprescindibles de los veterinarios y poco más. En la sala, que es el sitio en donde más pueden coincidir los operarios (tienen una rotativa de 40 puntos), se mantiene la distancia de seguridad y también se usan medidas de protección.
En cuanto al contrato con la industria que nos recoge la leche, de momento no ha sufrido cambios. El consumo de leche en los supermercados ha subido, así que estamos relativamente bien y tranquilos, pero esto acaba de empezar y la situación va para largo, así que habrá que esperar a ver lo que nos depara el futuro. De todas formas, creo que con esta crisis el consumidor se está dando cuenta de la importancia de la labor de los ganaderos y los agricultores y también pienso que, en cierta medida, somos unos privilegiados por poder seguir trabajando con cierta normalidad.
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