BELÉN GARCÍA (CASTILLO DE BAYUELA, TOLEDO)

“Volver a la granja familiar fue un paso adelante”

Moro del Castillo aseguró su relevo gracias al cambio de vida de Belén García. Regresó desde la ciudad para gestionar la ganadería de casa junto a su marido, que era una persona ajena a las vacas. En este #YoSoyCampo by Virbac, conocemos su historia, basada en el cariño por los animales y en la reivindicación de que el sector no tiene género. Más en Vaca Pinta 56.

Belén García probó a trabajar lejos de casa y a mantener un estilo de vida nada parecido al del campo. No obstante, pasado un tiempo decidió volver a su localidad natal, Castillo de Bayuela, para continuar con la granja de vacuno de leche que había fundado su abuelo: Ganadería Moro del Castillo.

“Nunca imaginé que iba a acabar donde todo empezó”, declara Belén, que trabajó unos años en Madrid como conductora de ambulancias. “Era una vida muy diferente, pero venir al pueblo era lo que me hacía feliz”, destaca. Aunque en el sector lácteo también se pueden dar situaciones de emergencia, Belén remarca “la tranquilidad del campo” y “el gusto por los animales”.

Con el apoyo de su marido, ajeno en ese momento a todas las funciones de una granja de leche, comenzó una nueva etapa. En Castillo de Bayuela le esperaba un negocio familiar, que de su abuelo había pasado a las manos de su padre y de su tío. “Para mucha gente sería un retroceso, pero para mí fue un paso adelante”, confiesa.

En la actualidad, Moro del Castillo alberga unas seiscientas cabezas de animales, de los cuales unas trescientas veinte se corresponden con vacas en lactación. Su filosofía es “hacer siempre lo que se pueda para que las vacas se queden el mayor tiempo posible con nosotros”, señala.

“Tengo animales que los he criado desde pequeños y les tengo mucho cariño. Para mí es igual que los cuidados de mi perro, por ejemplo, cuido a mis vacas y, si a alguna le pasa algo, lo sufro. Nos preocupamos más nosotros que cualquier persona que no viva este mundo, porque son animales muy sentidos. Ellos te valoran con cualquier acción que hagas; igual que si un día no ordeñas a la hora habitual, se nota. Son las primeras que te avisan y se ponen en huelga de ordeño. Es como trabajar bajo presión, pero porque ellas son las jefas”, relata.

Belén reconoce que “ser ganadera es bastante difícil” y manifiesta los problemas que sufre por ser mujer: “Todavía existen personas que se asombran al verme manejar maquinaria pesada o tomar decisiones relacionadas con la producción de los animales”. Con todo, quiere dejar claro un mensaje positivo: “Cada vez somos más mujeres al frente de ganaderías, la pasión no tiene género”.

Aunque su caso no es lo común, Belén lo reivindica. “Este estilo de vida se está perdiendo, pero levantarse cada día, llegar a las instalaciones y comprobar que las vacas están bien, siempre reconforta a pesar del madrugón. El ritmo de vida del campo es muy diferente al que yo tenía en Madrid, pero estoy feliz de continuar con el legado familiar. Mi abuelo plantó la semilla, mi padre y mi tío crearon lo que tenemos ahora y yo, gracias a ellos, puedo vivir de esto”, sentencia.