Ganadería Os Loureiros
Localización: Vimianzo (A Coruña)
Propietarios: María Encarnación Velasco, Celestino Pose y Víctor Manuel Lavandeira
N.º total de animales: 1.100
Vacas en ordeño: 525
Media de producción: 43 l/vaca/día
Porcentaje de grasa: 3,70 %
Porcentaje de proteína: 3,35 %
RCS: 110.000 céls./ml
Venta de la leche: Grupo Lence
Ganadería Os Loureiros refleja a la perfección cómo la tradición familiar puede transformarse en un proyecto empresarial de gran envergadura y es que la pequeña granja gestionada por María Encarnación Velasco Zúñiga, con apenas 35 vacas en ordeño, evolucionó hasta convertirse en una de las referencias del sector lácteo gallego.
El camino hacia esta expansión comenzó a mediados de los años 2000, cuando Celestino Pose Velasco, hijo de María Encarnación, y Víctor Manuel Lavandeira Pereira, que ya colaboraba como trabajador de la granja y contaba con su propio pequeño rebaño, decidieron unir fuerzas. La sociedad se formalizó entre los tres a finales de 2006, comienzos de 2007 y, desde entonces, el crecimiento fue constante hasta 2024, año en el que pasaron de un establo saturado con 350 vacas a la moderna estructura actual.
Hoy en día, la ganadería cuenta con dos centros de trabajo en la localidad coruñesa de Vimianzo: uno en el lugar de Reparada, destinado a la recría, y otro en Señoráns, donde se concentran las vacas adultas y los recién nacidos.
Ganadería Os Loureiros gestiona a día de hoy alrededor de 1.100 animales, de los cuales unas 590 son vacas adultas y 525 están en ordeño, alcanzando una producción media de 43 litros por vaca y día.
El crecimiento de sus dimensiones ha sido espectacular, apoyado en una superficie de 230 hectáreas de trabajo y en una filosofía que combina experiencia, esfuerzo y visión de futuro.
Entre los pilares esenciales de este equilibrio, Celestino Pose enumera el equipo humano, el bienestar animal y la innovación tecnológica: “Lograr un mayor bienestar animal cada día, hacer que los trabajadores se encuentren a gusto y adaptar las nuevas tecnologías a las necesidades de nuestra granja provoca que aumentemos la producción y, en consecuencia, que consigamos un mayor rendimiento de nuestro negocio”.
SU FUNDADOR, UN HOMBRE EMPRENDEDOR
La historia de esta granja no se puede entender sin la figura de Celestino Pose Miñones, un hombre visionario que, con esfuerzo y espíritu emprendedor, supo sembrar dos empresas bien conocidas en el sector agro de su comarca: Ganadería Os Loureiros y Agrosoneira.
Todo comenzó en el año 1982, cuando Celestino inició su andadura como distribuidor de piensos. En aquel tiempo, el mundo de la alimentación animal estaba en plena transformación y él vio con claridad la necesidad de ofrecer productos adaptados tanto al ganado vacuno de leche como a otras especies.
Poco a poco, fue ampliando conocimientos y servicios, introduciendo mezclas personalizadas e innovando en un sector que demandaba proximidad y confianza. Esa capacidad de adaptación hizo posible que, en 1999, su actividad diera un salto cualitativo y pasara a operar bajo el nombre de Agrosoneira, una fábrica de piensos con sede en Vimianzo, que desde entonces no ha dejado de crecer acompañando las necesidades de los ganaderos.
Paralelamente, puso en marcha, junto a su esposa María Encarnación Velasco, Ganadería Os Loureiros, una explotación que se convirtió en una referencia en la producción de leche, ejemplo de profesionalización y apuesta por la innovación en el rural gallego. Su visión fue clara: crear dos estructuras complementarias, una centrada en la fabricación de piensos y servicios técnicos, y otra en la producción láctea, capaces de retroalimentarse y aprender una de la otra.
Lo más destacable es que Celestino no solo fundó dos empresas, sino que construyó un proyecto familiar. Hoy, son sus hijos quienes recogen su herencia: Paula Pose, al frente de Agrosoneira, y Celestino Pose, dirigiendo Ganadería Os Loureiros junto a su madre y a su socio, Víctor Manuel Lavandeira.
Así, el trabajo iniciado por Celestino Pose sigue vivo. Su empeño hizo posible que dos iniciativas nacidas del esfuerzo personal se convirtieran en empresas sólidas, generadoras de empleo y futuro para el rural. Su nombre permanece como el auténtico alma mater de estos dos proyectos.
IMPORTANCIA A LAS PERSONAS
Si algo tienen claro en Ganadería Os Loureiros es que el crecimiento sostenible de una explotación ganadera no depende solo de inversiones en instalaciones, maquinaria o innovación tecnológica, sino también en las personas que día a día mantienen en pie el proyecto. “No es que apostemos directamente por el crecimiento constante, pero sí vemos necesario que sea continuo. Como en cualquier empresa que pretende ser rentable, necesitamos tener mínimo un crecimiento de un 3 o un 4 % anual. Por suerte, estamos creciendo algo más actualmente y apostamos por continuar en este sentido”, explica Celestino Pose.
Además de los dos socios-trabajadores, Celestino y Víctor, la plantilla suma unos 15 empleados, una cifra que, según adelantan, “seguirá aumentando en los próximos años”.
La organización interna está estructurada en tres grupos de ordeño, cada uno compuesto por cuatro personas. “Uno despunta y pone el predipping, otro limpia y coloca, y otro pone el yodo y va revisando que no se retire antes de tiempo o cualquier incidencia que pueda haber. Van rotando siempre de puesto cada media hora para que el trabajo sea más dinámico y menos monótono”, detalla Celestino.
Además, otra persona se encarga de tareas de apoyo como cargar vacas, limpiar camas, supervisar la alimentación o atender partos puntuales y otras tres completan el organigrama dedicándose a áreas específicas: recría, maquinaria y mantenimiento general de las instalaciones. Estos tres trabajadores también cubren las vacaciones del resto del equipo, una cuestión que se gestiona con equilibrio y planificación.
“Intentamos que todo el mundo esté contento con las vacaciones, pero al mismo tiempo es evidente que en fechas señaladas como la Navidad, en las que todo el mundo quiere descansar, evitamos cogerlas. Si Víctor y yo nos quedásemos solos, sería imposible sacar el trabajo adelante”, reconoce el ganadero.
Para organizar los horarios, optaron por un sistema flexible y rotativo que busca conciliar las necesidades de la empresa con la vida personal de los empleados. “Hice una agenda de turnos rotativa a lo largo de las semanas. Así tenemos tres grupos de trabajo: uno de mañana, otro de tarde y otro de descanso. Cada persona trabaja una media de 20 días al mes, más o menos cuatro días y medio a la semana”, explica. Además, están abiertos a la posibilidad de intercambiar turnos entre compañeros para facilitar cubrir imprevistos y ofrecer cierta flexibilidad.
A pesar de que en el sector se habla habitualmente de la falta de mano de obra, en Os Loureiros no encuentran grandes dificultades para contratar, aunque sí reconocen que hay perfiles más complejos de encontrar. “A veces parece que es complicado, que falta gente en todos los campos, pero por norma general no tenemos muchas dificultades para encontrar trabajadores. Eso sí, cada vez necesitamos gente más formada, ya no solo en tema animal o de maquinaria, sino también a nivel informático”, subraya.
En esta granja, desde la sala de ordeño hasta la recría, todo funciona a través de ordenadores conectados en red. El personal debe ser capaz de manejar aplicaciones básicas, programar incidencias o registrar datos productivos. “Cada día hace falta que la gente venga con un mínimo de ofimática y, si es posible, con un poco más. Las explotaciones modernas requieren trabajadores con capacidad de adaptación y ganas de aprender”, concluye.
En definitiva, en Os Loureiros apuestan por un equipo cohesionado, formado y motivado, conscientes de que el verdadero motor de la ganadería son las personas.
DISEÑO EFICIENTE
Lo primero que llama la atención en Ganadería Os Loureiros son sus instalaciones, de gran envergadura y atractivo visual. Su dimensión impresiona: 16.000 metros cuadrados construidos, una estructura metálica asentada sobre bases de hormigón y un diseño que no solo busca eficiencia, sino también comodidad para los animales.
El germen del proyecto nació en 2009, cuando Celestino y Víctor viajaron por Holanda, Alemania y Bélgica en busca de ideas. “Vimos una granja en Holanda con este tipo de cubiertas que nos pareció muy atractiva, no solo visualmente, sino también funcionalmente, porque permite combatir el estrés por calor gracias a una circulación continua de aire. De hecho, este año no tuvimos ventiladores y no notamos el estrés por calor en las vacas”, subraya Celestino.
La colaboración con el ingeniero Marcial Gende fue decisiva para integrar los espacios, cuidando tanto la parte estética como la práctica. El resultado es una granja donde cada detalle tiene una razón de ser: pasillos amplios que evitan que las vacas dominantes impidan el acceso a agua o comida a otras compañeras de rebaño; cubículos adaptados al tamaño y estado productivo de los animales, y camas de arena, un material inerte que, aunque desgasta la maquinaria, garantiza higiene y confort. Según dicen: “Las ventajas de la arena superan con mucho los inconvenientes. No conocemos otro material que ofrezca el mismo nivel de bienestar y prevención de enfermedades”.
La apuesta por la sostenibilidad también se hace visible. El agua, unos 84.000 litros diarios, procede de pozos propios y se reutiliza mediante un intercambiador de placas que reduce el consumo energético al enfriar la leche. Esa misma agua, ya templada, se destina después a la bebida de las vacas. “Ahorramos energía y, al mismo tiempo —explica el ganadero— proporcionamos un agua más agradable para el consumo de los animales”.
A esto se añaden comederos recubiertos con resina, que facilitan la limpieza y evitan que los alimentos cojan calor; un sistema de arrobaderas que canaliza el purín a una fosa cubierta de 11,5 millones de litros de capacidad, y hasta doce cepillos repartidos por los diferentes lotes para mejorar el confort de las vacas.

INNOVACIÓN TECNOLÓGICA AL SERVICIO DEL NEGOCIO
Si las instalaciones reflejan un diseño pensado al detalle, la parte tecnológica muestra la visión de futuro de la granja. En Os Loureiros buscan innovaciones y herramientas que faciliten la gestión diaria y mejoren la eficiencia. “No hacemos nada rompedor, sino que intentamos mantener un equilibrio entre tecnología, personas y animales. Queremos que la tecnología esté a nuestro servicio, no al revés”, resume Celestino.
Un buen ejemplo es el sistema de collares, que permite monitorizar la alimentación, la rumia y la actividad de cada vaca en tiempo real. Cuando el programa detecta una caída significativa en alguno de estos parámetros, lanza un aviso inmediato. “Si el programa te avisa, es porque hay un problema: puede ser un empacho, una herida o una dificultad para levantarse. El programa no se equivoca, salvo que la vaca pierda el collar”, asegura.
Otro elemento clave es la puerta selectora, que facilita separar animales para revisiones, tratamientos o reproducción sin interrumpir el flujo de trabajo tras el ordeño. El sistema, conectado por internet a los ordenadores de la sala y de la recría, permite una gestión ágil y precisa de los lotes. “El manejo de los animales es mucho más fácil, y eso repercute tanto en el bienestar de ellos como en nuestra eficiencia diaria”, comenta.
En la recría también incorporaron amamantadora automática, que permite alimentar a los terneros con un programa de 75 días perfectamente controlado.
La distribución del ganado sigue un recorrido pautado. De los boxes individuales, en los que están los primeros 10 días, pasan a varios lotes de cama caliente previos a la inseminación y, desde que se confirman como preñadas, salen al campo. Tras el parto, se incorporan de inmediato a los cubículos de arena. Es un proceso supervisado por veterinarios y asesores externos, que refuerza la apuesta de Os Loureiros por la prevención sanitaria.
EL SISTEMA DE ORDEÑO: PRECISIÓN Y RENTABILIDAD
Uno de los corazones de la granja es su sala de ordeño, una rotativa de 50 puntos, equipada con pezoneras que evitan la entrada de aire y mejoran la eficiencia. La elección de esta tecnología no fue casual. Celestino es claro: “Somos conscientes de que existen sistemas robotizados, pero para nosotros tienen un mayor coste de alimentación, energía y mantenimiento. Al final, encarecen el precio del litro de leche y, en nuestro caso, con el personal bien organizado, conseguimos más rentabilidad con la rotativa”.
La dinámica de trabajo está perfectamente cronometrada. Los lotes van entrando en orden, con un empujador que ayuda a separar animales y garantizar un flujo constante. Cada ordeño, incluida la limpieza, lleva alrededor de tres horas y se realiza tres veces al día: a las cinco de la mañana, a las doce y media del mediodía y a las siete y media de la tarde. “El sistema de tres ordeños diarios facilita la organización de los turnos de personal, aumenta la producción y nos permite un mayor control sanitario de los animales”, señala Celestino.
La sala se completa con una zona de espera con sistema de flushing que reutiliza el agua de lavado, lo que contribuye al ahorro hídrico. Además, gracias a la puerta selectora, cualquier vaca que precise tratamiento puede ser apartada sin interrumpir el ritmo de la rotativa.
Otro aspecto fundamental es el compromiso con el programa PRAN de uso responsable de antibióticos. “Llevamos más de dos años en el programa y haciendo secado selectivo, y no notamos mermas importantes. Es cierto que requiere más prevención y control, pero es el camino correcto. Preferimos prevenir que lamentar”, asegura Celestino.
La integración de tecnología, diseño funcional y protocolos de salud animal se traduce en resultados palpables: una producción media de 43 litros por vaca y día, con porcentajes de 3,70 % de grasa y 3,35 % de proteína, acompañada de un sistema de trabajo eficiente y sostenible.
¿En qué consiste su asesoramiento en Ganadería Os Loureiros?
Nuestro trabajo, desde hace ya muchos años, se centra en el control mensual de la calidad higiénico-sanitaria de la leche. Analizamos diferentes parámetros y en la granja hacemos pruebas como el test de California para identificar mamitis. A partir de ahí decidimos qué animales precisan tratamiento y cuáles no.
También revisamos los equipos físicos de la sala, porque el ordeño es la clave de una granja; todo el esfuerzo va encaminado a extraer la leche en buenas condiciones.
Además, gestionamos datos de tanque, control lechero y sala de ordeño, lo que nos permite detectar problemas y establecer protocolos.
¿Por qué es tan importante un programa de control de la calidad de la leche?
Porque sin él se pierde mucho dinero. Las mamitis subclínicas, por ejemplo, no se ven a simple vista, pero reducen la producción. Además, las industrias cada vez son más exigentes con los parámetros de calidad y las primas dependen de eso.
También es esencial por la legislación sobre antibióticos; ya que hay que saber cuándo realmente hay que tratar, contra qué gérmenes y con qué protocolos. El objetivo es reducir el uso de antibióticos y trabajar con mayor precisión.
¿Qué peculiaridades puede haber en una granja de estas dimensiones?
El volumen de datos es enorme y también la cantidad de personal. Por eso, ponemos el foco en la formación de los trabajadores, para que todos sigan el mismo protocolo de ordeño.
En nuestro equipo trabajamos con un sistema basado en la ISO 9001, que garantiza métodos uniformes y facilita que cualquier técnico pueda asumir el trabajo sin cambios en la calidad.
¿Tres ordeños al día marcan diferencia?
Sí. Sobre todo en vacas de alta producción, hacen un efecto de “lavado de ubre”, eliminando gérmenes y evitando acumulación de leche. Si el ordeño está bien hecho, mejoran los parámetros de calidad y de salud de las vacas.
¿Qué incidencia de mamitis tienen en esta ganadería?
Muy baja. El 86 % de las vacas se mantienen sanas mes a mes, la incidencia de nuevas infecciones no llega al 5 % y los pospartos son excelentes. Comparado con el resto de las granjas con las que trabajamos, Os Loureiros tiene los mejores datos de salud de ubre y calidad de leche de forma sostenida en el tiempo.
¿Estáis aplicando el secado selectivo? ¿Desde cuándo y por qué?
Sí. Porque los datos de salud son tan buenos que no tenía sentido tratar animales sanos. Además, la legislación empuja en esa dirección y este sistema permite reducir al mínimo el riesgo de residuos de antibióticos.
La decisión fue más fácil gracias a las instalaciones actuales: cuando las vacas secas pasaron a la nueva granja, los datos de posparto mejoraron de forma espectacular. Aquí el uso de antibióticos es mínimo y solo se aplica en casos muy concretos.
¿Cómo les ayudan los datos de los collares y de la sala de ordeño?
Nuestro equipo de trabajo desarrolló en 2017 un software propio que integra datos de control lechero, registros del Ligal y, cada vez más, de la sala de ordeño. Cada vaca tiene un historial individual con pruebas, observaciones e incidencias.
Gracias a este sistema, preparar una visita lleva apenas unos minutos y, sobre todo, nos permite trabajar con el rebaño, porque en una explotación con más de 500 vacas no importa un caso aislado, sino detectar tendencias y controlar los problemas colectivos. Los datos son nuestra herramienta fundamental.
230 HECTÁREAS DE BASE TERRITORIAL
El manejo de los cultivos y de la alimentación animal sigue también una planificación milimétrica. Víctor Lavandeira, encargado de la parte agrícola y de las raciones, explica que el objetivo es garantizar calidad, frescura y eficiencia en todo el proceso.
La granja trabaja unas 230 hectáreas, de las que la mayor parte –alrededor de 210–, se destinan a la rotación de maíz y hierba. El resto son fincas con mal acceso, más aptas para hierba o forrajes secos que dedican a la recría. “Las fincas aquí son pequeñas, pero cada vez hay más de seis u ocho hectáreas, porque se van juntando tierras abandonadas e intercambiando entre vecinos. Nos movemos en un radio de 10 kilómetros alrededor de la explotación”, señala.
En el calendario agrícola, el primer corte de raigrás híbrido se hace a mediados de abril y el segundo corte, con el que buscan días de más sol, corresponde a las fincas en las que sembraron mezclas de raigrás, tréboles y veza. Acto seguido, entra el maíz. Una parte de las fincas acoge ciclos más largos, de 450-500 y, otra ciclos más cortos, de 300, buscando escalonar el ensilado. “Así conseguimos llenar silos completos sin tener que andar abriendo y cerrando, y nos adaptamos a las condiciones del terreno y de la climatología”, explica.
Los rendimientos son muy variables: “En un año normal, en maíz nos movemos entre 38.000 y 45.000 kilos por hectárea, y en la hierba depende mucho de la humedad, puede ser entre 12.000 y 15.000 kilos por hectárea en verde”.
Todo el proceso se cierra con el uso del purín como fertilizante natural, siempre aplicado después de las cosechas para nutrir el suelo antes de la siguiente siembra. “Lo que hacemos es reciclar: lo que sale de las vacas vuelve a la tierra, y de la tierra sale lo que necesitan las vacas. Es un ciclo completo”, concluye Víctor.
Cada mañana preparan los carros unifeed para todo el día. “Hacemos dos carros para las vacas de alta producción, dos para las de baja y uno para las secas. Las raciones llevan los mismos componentes —silo de maíz, silo de hierba, pienso y paja picada—, pero varía la proporción según el estado productivo”, detalla este socio.
La recría tiene su propio plan: las hembras pasan por la amamantadora hasta los dos meses y medio, que comienzan a comer pienso de arranque y heno a discreción hasta los seis meses. Luego, se inician en la ración de leche hasta los diez meses y pasan a una ración más fibrosa los meses antes de la primera inseminación. “Buscamos que la recría crezca de forma equilibrada, controlando la condición corporal, para que llegue a la inseminación en buen estado, pero sin excesos”, resume.
¿Qué funciones desempeña en esta ganadería?
Llevo ocho años trabajando en Agrosoneira y en la Ganadería Os Loureiros, pues ya empezamos nuestra andadura en la granja antigua. Por aquel entonces ordeñaban unas 250 vacas y vendían unos 18.000 litros cada dos días. Hoy, están produciendo unos 22.000 litros diarios.
Mi trabajo se centra en la reproducción y en la alimentación de los animales.
Por un lado, diseño raciones adaptadas a cada lote, realizando visitas regulares para ajustar la alimentación y supervisando análisis de forrajes y de leche. Por otro, me encargo de toda la parte reproductiva de las vacas.
Buscamos maximizar el rendimiento lechero sin comprometer la rentabilidad, asegurando que cada animal reciba lo que necesita para rendir a su potencial.
¿Qué raciones están administrando y cuál es el motivo de su composición?
En la granja manejamos tres raciones: alta producción, baja producción y secas.
La ración de alta incluye 36 kg de silo de maíz, 14 kg de pienso, 10 kg de silo de hierba y 0,5 kg de paja; la de baja, 44 kg de silo de maíz, 12 kg de pienso y 12 kg de silo de hierba, y la de las vacas secas, 14 kg de silo de maíz, 5,5 kg de paja y 4 kg de pienso.
El objetivo, como decía, es maximizar la producción de leche a un coste razonable, no buscar cantidades extremas que no sean rentables.
¿Le dan importancia a la calidad de los forrajes? ¿Qué calidades buscan?
Sí. Buscamos la máxima calidad posible, aunque depende del clima y del proceso de ensilado. Por ejemplo, el silo de maíz actual tiene un 38 % de almidón, lo que le confiere buena digestibilidad. El silo de hierba no es perfecto, pero tiene 14 % de proteína y bajo contenido en fibra, lo que también favorece la producción.
El pienso lo diseñamos según las necesidades de cada lote, teniendo en cuenta también el mercado. Para vacas de alta producción usamos un pienso más caro, mientras que en el de baja producción priorizamos la rentabilidad.
En cuanto a la reproducción, ¿qué rutina siguen en una granja de este tamaño?
Aquí la reproducción es más sencilla gracias a la puerta selectora, que permite un control rápido de las vacas al salir de la sala de ordeño. En dos horas y media tenemos revisados todos los animales.
No se usan protocolos de sincronización complejos; nos basamos en la detección de celos que nos facilitan los collares y en el uso de prostaglandinas. De vez en cuando, aplicamos dispositivos de progesterona o transferencias terapéuticas, pero la gran mayoría de las veces mantenemos la práctica simple y funcional.
¿Hay políticas especiales respecto a la compra de animales o gestión del rebaño?
Practicamos una política de autogestión; la mayor parte de las vacas y novillas provienen de la propia explotación y se compran muy pocos animales, únicamente por necesidades puntuales. Esto permite controlar la presión del parto y optimizar la venta de animales como fuente adicional de ingreso.
La filosofía de la granja se centra en maximizar los recursos propios, para evitar depender del mercado externo siempre que sea posible.
¿Están intentando mejorar algún aspecto?
Ahora mismo, buscamos mantener el nivel actual. La granja funciona muy bien gracias a la combinación del manejo de los ganaderos, de los forrajes y de las instalaciones. La producción es aceptable, las calidades buenas y la explotación es rentable.
GENÉTICA RENTABLE
En la Ganadería Os Loureiros la reproducción está marcada por un manejo preciso y un objetivo claro: mantener la productividad sin comprometer la salud de los animales.
Víctor Lavandeira matiza que procuran adelantar la edad de cubrición de las novillas siempre que su desarrollo lo permita: “Buscamos los trece o catorce meses. Nos gusta apurar un poquito, pero siempre garantizando buenas estructuras”.
El sistema se basa en un control exhaustivo de los celos, apoyado por los collares de monitorización: “No hacemos sincronizaciones en masa, inseminamos todo a celo visto, tanto en vacas como en novillas”. La media de inseminaciones por preñez se sitúa en 2,2-2,5 en las vacas y alrededor de 1,5-1,7 en las novillas, casi siempre con semen sexado. Si una novilla no queda preñada tras tres intentos, recurren a toros de carne, sobre todo de angus.
En cuanto a los partos, buscan que cada vaca tenga una cría al año: “Nuestra idea es que la vaca para al año, porque nos parece que es cuando mejor funciona”. Actualmente, la media está en 2,2 partos por animal, pero el objetivo es alcanzar los tres.
La genética ocupa un papel esencial. Sin llegar aún a la genómica, seleccionan toros en función de criterios claros: “Queremos obtener animales de tamaño medio, buenas patas y buenas ubres. No queremos vacas grandonas, que al final acaban teniendo más problemas”.
Trabajan tanto con toros probados como con genómicos, siempre atendiendo al equilibrio entre rendimiento y precio. En cuanto a los cruces, optan por angus y azul belga, pues valoran la facilidad de parto y el buen desarrollo de los terneros. “Con los angus paren muy bien, y ahora mismo hay bastante interés en el mercado”, concreta Víctor.
Además de producir leche, también comercializan animales: “Vendemos a particulares, en alguna subasta y los machos van a las ferias o directamente a tratantes”.
La leche se la venden a Grupo Lence desde hace más de treinta años. “Esta industria nos exige ciertos parámetros de células somáticas, proteína y grasa, además de garantizar el bienestar animal”, destaca.
SIN PRISA, PERO SIN PAUSA
Desde que en 2007 iniciaron su actividad con 74 vacas hasta las 525 actuales, la estrategia en Ganadería Os Loureiros ha sido clara, avanzar sin prisas y optimizar recursos: “Nadie puede prever el futuro, pero nuestra filosofía seguirá basándose en gastar menos y producir más, sin olvidarnos nunca de mejorar el bienestar animal y laboral”, sentencia Pose.
Para los dos ganaderos coruñeses, el sector lácteo evoluciona hacia una mayor profesionalización y exigencia. “Cada día hay más tecnología, más trazabilidad y más compromiso medioambiental. Este será nuestro reto para alimentar a una población cada vez más creciente”, dicen.
En este escenario, se presenta una dualidad. Por un lado, la demanda de alimentos no deja de aumentar y, por otro, el debate sobre las explotaciones de gran tamaño, como Ganadería Os Loureiros, cada vez está más presente en la sociedad y en las administraciones.
Celestino Pose y Víctor Lavandeira defienden su modelo: “En una ganadería grande es donde mejores condiciones se puede dar a los empleados y donde mejor se puede gestionar al personal. Si hay terrenos, mano de obra y buena gestión, ¿por qué poner límites?”.
